martes, 20 de octubre de 2020

LA POLÍTICA MONETARIA DE LA PESETA DURANTE LA GUERRA CIVIL


La implicación de Italia y Alemania en la creación de base dineraria


Borrador: https://www.eumed.net/libros/1892/1892.pdf 

ISBN-13: 978-84-122121-1-2


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Universidad Miguel de Cervantes-Chile. Boletín de novedades Septiembre 2020.


Menéame: Capítulo Los 25 céntimos 1937 en el “anschluss” español.



Imperio Numismático


INTRODUCCIÓN


La Alemania nazi y la Italia fascista enviaron ingentes cantidades de armas y tropas con destino al ejército insurrecto durante la Guerra Civil. Lo cual, ya es sabido por todas y todos. A ello, habría que añadir la fabricación masiva de dinero en forma de billetes y moneda hacia los alzados en rebelión, para que éstos crearan la oportuna nueva base monetaria. Sustituyendo así la masa monetaria en efectivo de la Segunda República del Estado español.

 

En este artículo intentamos estar lejos de la habitual equidistancia que pueblan las publicaciones referentes a la economía española, entretanto abarcan la guerra y parte del franquismo. Lo recurrente en los trabajos destacados es equiparar cómo se desarrolló la actividad financiera en un determinado bando u otro a lo largo de la conflagración. 


Hoy día, existen pocas o apenas publicaciones con precedentes en recurrir al análisis monetario, ello ocurre tanto en las obras de numismática abiertas al publico como de economía.


En cambio, aquí tratamos de sintetizar lo sucedido o cómo actuaron los distintos agentes económicos en el proceso de creación de una nueva moneda peseta, la cual se introdujo en la economía española por la protección de unos actores económicos externos concretos. Los cuales fueron muy influyentes, en cuanto la participación política monetaria afectó a la sociedad y la propia guerra. Jugando todo, en su conjunto, un papel decisivo en el resultado de la Guerra Civil en España.

 

Asimismo, tomamos como referencia a autores relevantes, algunos economistas e historiadores que no cuentan con un proselitismo, partidismo o simpatía favorable hacia la República. Los referentes, mayoritariamente (no todos), no son sospechosos de coquetear o ser cercanos con quienes fueron los derrotados en lo militar, político, económico y social que supuso el desenlace de la 2ª República. Todo lo contrario, pretendemos destacar cómo desde la oficialidad y hagiografía franquista, pasada y actual, se muestra las propias contradicciones del fascismo español.


Detallamos cómo se organizó el complot monetario que comprende la subordinación a Alemania en parte de la economía y política española. Junto a cómo ésta se produjo en el bando franquista en aspectos tales como la libre empresa o la importación y exportación de productos claves para el exterior. Además, la participación periférica fue vital en la creación de una sólida y creciente base monetaria que a la larga circularía por todo el suelo español. Una novedosa masa monetaria tan necesaria para la aceptación de un innovador Estado autoritario, a través de la presencia de esta “original” peseta en los mercados de divisas de Europa e internacionales. Así, como por la importancia que tomó en la insurgencia la utilización del fenómeno monetal para unos espurios fines. 


Por cierto, el destacar a Hitler y su papel e influencia en la Guerra Civil está ampliamente justificado con los datos y hechos que aportamos someramente. Al gran genocida del siglo XX no se busca para darle visibilidad o protagonismo porque si, ni destacarlo por la mala imagen o impopularidad que podamos tener del nazismo por encima del fascismo italiano. Aunque ello sí se manifieste y desprende entre la clásica tradición de los estudios publicados por la izquierda internacional y española.


La emisión y creación de una divisa por el Estado fascista no pudo reemplazar la economía real, en términos de medios de producción de la II República anteriores a la guerra. En consecuencia, los largos años de miseria durante la posguerra.


EL DINERO, UN MEDIO MÁS PARA HUMILLAR Y GANAR LA GUERRA


La Guerra Civil 1936-1939 fue un conflicto, no sólo militar, que se propagó a lo económico desde lo internacional hasta llegar a lo local. Trascendió la mera economía del momento por la influencia que le supuso el contexto Europeo bélico que existía. Además, la condicionó la entrada de unos sujetos que influyeron tanto en la salvación financiera a Franco y auxilio económico en el golpe de Estado, y en la consiguiente insurrección armada, así como en la trágica guerra y posguerra.

 

Hoy en día, existe un consenso generalizado al reconocer la Guerra Civil como un preludio o prólogo al albur de la Segunda Guerra Mundial (en adelante 2ªGM). 


Igualmente, el matiz financiero trascendería al aspecto puramente estratégico militar, por la difusión implícita de una ideología extrema y genocida, patrimonio de las oligarquías españolas e internacionales. Adosadas al hecho de ser una sublevación homicida con unos claros objetivos económicos, y por supuesto, bajo una crisis política concretada en el hecho del complot monetario y participación exterior de países, agentes conspiradores y entidades bancarias1. Siendo las mismas determinantes en la maquinación tribal de la injerencia monetaria. 


Por ejemplo, con la emisión fiduciaria y “control” de la base monetaria que operó y circuló en el territorio español, como por la explotación de parcelas económicas y sectores empresariales vinculados a la exportación de recursos naturales estratégicos y materias primas nacionales. Efectuadas las mismas por sociedades alemanasa cambio de tal participación en la guerra y en la política económica. Al igual que el monopolio que se originaría en ciertos ámbitos empresariales, sobre todo, en el comercio exterior3. 




Asimismo, cabe apreciar que no todo se limitó a la operativa logística militar e intervención exterior. En gran parte nos centramos en lo fundamental y decisivo que fue el aspecto monetario, propiciado por la rebelión para la consolidación en el área territorial bajo dominio del fascismo español unido a dinámicas propias del modelo capitalista.


Un nuevo Estado sobre ideas viejas fue aquello que creó el dictador Francisco Franco, al propiciar, en su calidad de emisor, una moneda peseta en disputa con la peseta legal y legítima. Éste no poseyó limitación alguna de dinero que le impusiera una cierta restricción financiera a su gasto de guerra. De igual modo, Franco se halló en una situación económica favorable para que éste se obligara a obtener más y más créditos4, aún procedente de alguna entidad financiera exógena, para poder efectuar la adquisición de armas y pagos de sus suministros concertados. Aunque, era también Banco de unos novedosos billetes de papel, y moneda metálica peseta de 25 céntimos5.


El recién degenerado Estado obtuvo poca o casi ninguna restricción financiera alguna a créditos. Las únicas restricciones fueron respecto a objetivos políticos monetarios en la estabilidad de precios. Cuando otras restricciones no se aplicaron por igual a la ciudadanía, al recaer sobre los vencidos las decisiones más dolosas y lamentables de política económica, como llegó a ser la entrega de dinero a los vencedores por los derrotados a través del Fondo de moneda puesta en circulación por el enemigo (la República).


Los fascistas españoles eliminaron, de un plumazo, el papel fiduciario regulado por el Banco de España (en adelante BdE) del gobierno de la II República, sustituyendo así la base monetaria republicana por una propia, la masa monetaria emitida por la insurgencia. 


Se trazó un elaborado plan de creación de dicha nueva base monetaria, fabricando billetesy monedas en:

  • Alemania (papel moneda divisionario y billetes)
  • Austria (moneda metálica)
  • Italia (papel moneda divisionario y billetes)
  • Muy en menor medida en España (solo con papel moneda divisionario)


Por otra parte, todos los nuevos billetes de pesetas fraccionarias de las fábricas litográficas de Portabella, Coen & Carte Valori y Geisecke & Devreiet7, alguna de ellas con exclusividad en emisiones divisionarias de nueva creación del papel moneda, constituyeron la nueva masa monetaria en papel. Todos estos billetes sustituyeron a las antiguas monedas, y a la vez, a las recientes pesetas de platapuestas en circulación por la 2a República9. Tales billetes y su introducción en la economía, con dicha masa monetaria fluctuando y circulando entre la población tuvieron una importancia crucial en el establecimiento y consolidación de la soberanía monetaria del régimen franquista en la España ocupada. Puesto que, el a posteriori nuevo Estado sólo habría dispuesto en circulación, al inicio, de billetes resellados con una estampa en seco (papel moneda fascistizado) o posteriormente, los 60 millones de monedas de 25 céntimos. Excepto esa moneda, el resto de la base monetaria, cantidad de dinero disponible en la economía española para comprar bienes, servicios y títulos de ahorro, estuvo compuesta, principalmente, por billetes sobre los que existía un reflejo contable nacional y que posteriormente habían sido canjeados por otros billetes que fueron estampillados, y que desarrollaremos más adelante.


Por todo ello, la ley del 9 de noviembre de 1939 estableció un nuevo orden monetario en el Estado español, en el que se invalidó el sistema de garantías metálicas precedentes, y anteriormente reguladas por la Ley de Ordenación Bancaria de 1929 para los billetes del BdE. 


A partir de aquella Ley de 1939, todo el papel moneda del BdE de Burgos que había sido emitido durante la guerra fue declarado plenamente medio legal de pago, con total poder liberatorio para operar en la economía estatal e internacional. Aunque, el billete siguiera conservando la tradicional leyenda pagará al portador, cuando realmente se trataba de un papel moneda totalmente fiduciario. 


La guerra monetaria consistiría que, en el contexto del marco monetario del conflicto económico entre las dos pesetas, la fascista y la republicana, la utilización de la Peseta por ambos contendientes actuaría como un dique de contención económica ante el enemigo. Un elemento de guerra más, y de presión para la victoria fascista en España10. 


Indistintamente, los dictadores europeos dirigieron, frecuentemente, un incesante recurso de armamento muy moderno y de personal militar especializado a favor de los rebeldes, constituyendo en términos financieros una cantidad total mucho mayor al conjunto de las reservas que dispuso el BdE de Madrid.Y que la República invirtió en hacer frente a los gastos de la propia contienda11, unido a los no bélicos exteriores12.

El respaldo exterior recibido por Franco, expresado en términos monetarios, superaría con creces el total de reservas de oro que poseyó el BdE de la República13.


La necesidad de promover y proveerse por parte de los fascistas españoles de un instrumento rápidamente aceptado como unidad de cuenta, medida y reserva de valor, y medio de pago por la población conforme arrebataban localidades y ciudades a la República, determinó la aparición de la Peseta fascista. Ello fue decisivo para la consolidación franquista en España. Tras arrasar el país en una orgía de muerte y reguero de sangre sobre los vencidos, una vez finalizada la guerra.

 

En definitiva, Francisco Franco fue un dictador fascista más de los que poblaban la Europa de entonces, y tanto él como su cohorte fue proclive hacia la ideología nazi.

 

Los nazis no operaron por sí solos en España o por una exclusiva afinidad ideológica, logrando así articular el plano económico nacional. Éstos contaron con la voluntad y beneplácito de Franco para afianzar sus intereses comerciales en la península. Originando, en gran medida, un modelo económico con el títere de Franco a la cabeza, y puesto de rodilla a las disquisiciones del Führer alemán. Los nazis tampoco operaron para un exclusivo control económico, pues provocaron la consolidación del modelo en España de Hitler, con Franco acabando en genuflexión a la estrategia mineral del Führer.

 

Sobre la participación alemana para la ejecución de la política monetaria, previo al golpe, no existe en la actualidad base documental que la respalde y justifique sistemáticamente. Hay sospechas que hubo ciertos contactos y confraternidad con la Alemania nazi por parte de la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas14). Aunque, se acredita la participación de su líder Gil-Robles en un Congreso del Partido Nazi en Nuremberg. Pero, hasta el momento no hay suficientes pruebas empíricas, como para poder aseverar que estos contactos fructificaran en la firme decisión, de antemano, en colaborar por los nazis en el golpe de Estado, y posterior Guerra Civil. Aunque las evidencias den pie a creer y pensar en ello.


En cambio, la iniciativa financiera y el compromiso económico de los fascistas italianos en los preparativos de la sublevación, sí están claros, y existe numerosas publicaciones y base documental que lo aseveran y constatan por parte del economista Ángel Viñas15.  

El Tercer Reich llegó a controlar mayoritariamente una serie de empresas que actuaban en diversos sectores16 como la acuñación de moneda e impresión de billetes, y particularmente, en la explotación minera de materias primas. Es más, las incesantes presiones alemanas para conseguir una decisión favorable al Reich en sus intentos de penetración en la minería española no pararon en ningún momento, ni en la Guerra Civil ni al finalizar la contienda en España.

 

La desviación del comercio hacia el Reich alemán produjo en la economía española un efecto pernicioso, y círculo vicioso dada la satelización con el Reich alemán, puesto que cada vez más empresas españolas y sectores estratégicos pasaban a control nazi17. Ello, además, atentaba contra los intereses económicos españoles e incluso vulneraba sus propias leyes y parcelas de soberanía del incipiente Estado (Anexo I).

Con todo, la dependencia respecto de la ayuda militar alemana obligó a consentir la intervención económica, aquello que podríamos denominar como un proceso de penetración pseudocolonial por parte de Alemania, o más bien un Anschluss primigenio de proporciones notables, que no logró culminar en España por el giro que tomó la 2ªGM. Para después, ahondar el franquismo en un pragmatismo geopolítico con los aliados.

Anteriormente, el régimen de Franco había acatado o favorecido el tan complicado pero primitivo sistema de compensación de la deuda exterior por materia prima en especia con Alemania18. El predominio planteó graves problemas: si en esa época no parecía posible suprimirlo, su mantenimiento limitó la capacidad de generación de divisas vía comercio exterior. El comercio vía compensaciones privadas equivaldría, en efecto, a un verdadero trueque primitivo de productos por productos que llevaba a la adopción de una política económica exterior cada vez más angustia para el régimen franquista19. Acabada la guerra, la dictadura al no poder acceder ni aplicar las divisas exteriores, cada vez más escasas, a la adquisición de las mercancías indispensables para la marcha de la economía y así alimentar al pueblo español, donde éste quedó muy maltrecho, desnutrido a consecuencia de la ingente exportación de alimentos locales a Alemania e Italia. Por tanto, la falta de divisas ahondaría en la dependencia económica hacia los socios totalitarios del Eje.

 

En tales condiciones, fácil era advertir la importancia del apoyo de las potencias fascistas, en términos tácticos, y de la ayuda financiera objetivada de ciertos círculos de poder del empresariado palmero español e internacional.

 

Por lo expuesto hasta aquí, sería fácil advertir que quizá se haya deducido que si Franco fue capaz de superar durante y tras la Guerra Civil las restricciones político-financieras del exterior, planteadas al inicio de la guerra por el Comité de No Intervención20, ello se debía, fundamentalmente, al auxilio económico otorgado por las potencias nazi-fascistas a través de arreglos muy dispares y diversos que eludían las resoluciones de dicho Comité.


Al terminar el conflicto, el régimen se encontraba poco menos que en suspensión de pagos internacionales y aún quedaban por resolver el complejo andamiaje de la deuda exterior, y otros problemas de entre los muchos gestados en la contienda. 


Aunque, todavía no se ha realizado una estimación cuantitativa, más precisa, de los datos de basamento del crédito financiero obtenido por Franco, cabría indicar, al menos, que el volumen de recursos y servicios recibidos a crédito por el Ministerio de Hacienda de Franco, mientras duró la guerra, no podría valorarse en términos monetarios desde el punto de vista económico, a tenor por las partidas financieras que aún hoy día no están descritas ni identificadas su origen y procedencia21.

En definitiva, sin la ayuda de las potencias nazi-fascistas Franco no hubiera logrado superar en absoluto los “constreñimientos” que se suponía debía imponer el Comité de No Intervención. Ni mucho menos, desviar exportaciones para atender al pago de suministros que no era posible obtener a crédito.

Los rebeldes carecían en principio, como ya se sabe, de base monetaria y recursos financieros similares a los del BdE republicano. Esto no le supuso ninguna piedra en el zapato, ante la facilidad que pudieron acceder a fuentes de financiación y crédito externas. En lo concerniente a las necesidades de medios de pago exteriores, pudieron contar, con la ya citada, ayuda de Alemania e Italia, con las donaciones privadas (incluida la del ex-rey exiliado en Italia, Alfonso de Borbón) y con los créditos de empresas, bancos españoles22 y extranjeros (Cuadro I). 


En el plano interior, además se nutrieron en un primer momento de recursos financieros por la propia generación de una base monetaria. Primero, gracias al estampillado de los viejos billetes en circulación, posteriormente, con la emisión de nuevos billetes y una pieza metálica de 25 céntimos, unido a anticipos procedentes del BdE fundado en Burgos y con fondos recogidos por la suscripción particular fascista, de figuras destacadas como el banquero Juan March. También, con la recogida de plata23, dinero incautado y expoliado a republicanos, y en menor cuantía con los recursos impositivos aplicados.


Si bien, el Estado fascista instituyó la pecunia franquista con la creación de base monetaria, no tanto porque lo definiera como de curso legal, sino porque la población aceptó recibirlo para el pago de impuestos24. Hay que aclarar que los impuestos que aplicó el régimen franquista no se necesitaban para financiar directamente la deuda y el gasto estatal, como la compra de armas a Alemania e Italia, sino para generar la demanda interna de la Peseta fascista que se requería en el área ocupada y con ello, sí hacer frente con el trabajo laboral y los medios de producción, de cara a pagar los préstamos adquiridos. Saldando así las deudas en especie contraídas por acuerdos con las potencias del Eje.

 

El gran problema, lo tuvo el gobierno de Franco al endeudarse excesivamente en divisa extranjera, principalmente en liras italianas, marcos alemanes y dólares estadounidenses, por unas deudas externas convenidas, pues no todas podían ser sufragadas sólo en especie.

 

La estrechez de la posguerra española, que fue conocida en el país como los años del hambre, era sin duda una consecuencia directa por el sobre esfuerzo que realizó la población civil española, y principalmente el grupo derrotado. Al cual se le condenó en vida y a sus descendientes en sufragar los gastos de la guerra en la que incurrió Franco. El autoproclamado como centinela de occidente. 


Además, de por la mano de obra gratuita y por el trabajo esclavo de presos republicanos para la construcción de infraestructuras públicas y en empresas privadas cercanas al fascismo y nazismo tanto en España, como en los campos de concentración alemanes25. Donde fueron explotados y masacrados los republicanos y republicanas que huyeron al exilio durante y pasada la Guerra Civil. La moneda de cambio que obtuvieron miles de españoles/as y no nacionales (brigadas internacionales) por apoyar a la República, o por vivir en zonas donde no se apoyó el alzamiento militar.

La guerra española demostraría al mundo que, en el siglo XX, para ganar una contienda bélica hacía falta algo más que un ejército. El cual prolongó la duración de la guerra a pesar de los excelsos medios financieros, humanos, técnicos, materiales y logísticos con los que contaba. Pues, el oro y la plata incautados26, la aplicación de tasas impositivas en las demarcaciones arrebatadas, las confiscaciones masivas a los republicanos o la emisión de dinero gracias a la ayuda alemana e italiana, fueron significativos pero no suficientes por si solos para estimular o expandir la futura economía en la posguerra. 

Medidas como la incautación de toda la plata27 y oro existente, no tenía otro designio que el pago de la deuda y la adquisición de material de guerra o bienes destinados a los rebeldes. Ya que, el papel peseta que emitió la autoridad franquista carecían de respaldo alguno de metal, es decir, al ser los billetes totalmente fiduciarios la plata incautada era para ser fundida y utilizarse como medio de cambio para la adquisición de productos, así como pertrechos militares procedentes del extranjero. De ahí, que el poseer numerario de plata como las monedas acuñadas por la II República, y en tiempos de los reinados de Alfonso XII y XIII28, podía ser constitutivo de delito si no eran entregadas al Estado. Mientras que, quienes contaban con respaldo social o vínculos con los alzados acumulasen la plata, sobre todo, las piezas monárquicas y las que cuyo contenido en plata era mayor que las otras.

La peseta republicana en plata, suponía un recurso eficaz para su fundición y valor de cambio. El poseerlas era constitutivo de una infracción por incumplir el delito que obligaba a entregar las piezas en plata. De ahí, que a pesar de los 2.000.000 de ejemplares que se acuñaron de 1 peseta de 193329  por la II República, éstos, con cierta probabilidad, fueron los que se destinaron por parte de Franco para el pago de las deudas contraídas en la guerra, por ejemplo, con Estados Unidos de América30. A los que se pagó con plata y oro, procedente de no se sabe dónde31.

Cabe decir, que fueron los recursos extraordinarios los que financiaron a los rebeldes. Uno de los más importantes de los recursos fue la emisión de dinero en forma de billetes32 (impuesto inflacionista) junto a las incautaciones. Sin desdeñar la venta de materias primas y productos agrarios al exterior, donde destacaron los nazis como principales beneficiarios, como ya hemos insistido. Franco, además, contó con abundantes créditos estatales firmados directamente con los gobiernos de Italia y Alemania.

Las potencias nazi-fascistas perseguían, aparte de metas ideológicas comunes, una finalidad estratégica militar obvia, quizá más claras en el caso de Mussolini. Ambos buscaban influir en España de cara a la situación geopolítica por la guerra mundial en ciernes, y que eran más que evidentes, pues coincidían en el deseo común de Alemania e Italia en debilitar la posición francesa en el Mediterráneo occidental33.

Los grandes patrocinadores de Franco, sin lugar a dudas, fueron Hitler y Mussolini. El apoyo de uno y otro, tanto para el golpe como para el desarrollo de la guerra, con la creación de base monetaria, créditos, armas y tropas, fueron determinantes en la consecución de la victoria. Empezó a materializarse dicha ayuda, efectivamente, cuando algunas delegaciones derechistas como monárquicos radicalizados o la CEDA, encontraron cobijo y sustento financiero en Roma para derrocar a la República antes del 17 de julio de 1936.

 

La ayuda nazi y fascista italiana para Franco fue transcendental por una simple casuística, pues ésta se produjo nada más comenzar el levantamiento armado rebelde, tras el fracaso del golpe de Estado. Si bien, una vez que el mismo golpe no tuvo la repercusión esperada, germánicos e italianos no dudaron raudos en continuar dándole cobertura a la asonada golpista, con una mayor implicación militar y financiera.

 

El contexto del socorro a Franco era que frente a la tibieza y reticencias de las potencias democráticas occidentales hacia el gobierno de la 2ª República, los regímenes nazi-fascistas desarrollaron una actitud crecientemente hostil y agresiva contra ésta, de apoyo descarado a Franco. 


A la vez, en los campos de batalla de España se forjaba lo que no tardaría en convertirse como una mitología de la unidad divina por la deriva nacional, como justificación de la agresión a la República. Así quedaría España como baluarte de las tesis ideológicas del nacional catolicismo, y espada católica en la cruzada por dios contra el marxismo. 


Al principio, Italia fue quien más decididamente había apostado por el golpe de Estado a la II República. Franco consciente de ello y con la intención que la influencia de Italia en la guerra no fuese en aumento, por los contactos previos monárquicos de los conspiradores, logró que está se hiciera irrelevante como tal, en términos políticos. Lo que hacía no era otra cosa que intentar “aparentar” una empatía con el socio italiano junto con los partidarios alfonsinos y realistas como la CEDA y Renovación34. 


Luego, se adhirieron los nazis, con quienes Franco tenía más empatía y afinidad ideológica. Posteriormente, con el transcurrir de la guerra y sabedor éste que las ambiciones nazis eran inalcanzables por una futura victoria de las fuerzas aliadas, giró su alianza con los nazis como socio preferente. En el último estertor de la 2ªGM, en 1944, Franco retomó los contactos con Reino Unido y ahondó aún más en el cobijo, bajo palio, del papado de Roma. El papel moneda que se emitió en esa época da buena cuenta de ello. Desde la Santa Alianza con la iglesia católica, visible en la iconografía representada en los billetes, pero, también, se constataba en el numerario monetario con los distintos bandazos icónicos, y que se observa además, en la representación pictórica del billete moneda. Junto, en la misma contratación para la producción de papel en las fábricas de Alemania e Italia. En un primer momento, se intentó un concierto para la impresión con una casa británica, para que entregaran a los rebeldes el papel moneda contratado por la República35. Posteriormente, para que emitieran sus propios billetes fascistas. Más tarde, los derechos de impresión son para una casa monetal alemana, seguidamente, se pasó a una empresa litográfica italiana, y a continuación otra vez a la alemana, quien finalmente es la última en fabricar el papel para el Banco de Burgos. O como, se observa la indefinición e influencias políticas sobre los golpistas y el propio Franco con los billetes que comienzan a emitirse. A través de la iconografía que abarca desde escudos murales republicanos en los billetes estampillados primeramente, hasta semblantes con blasones de los borbones. Más adelante, otras figuras icónicas que aluden desde los Reyes Católicos hasta a la dinastía Habsburgo de los austrias con águilas bicéfalas imperiales, y finalmente el águila nimbada de San Juan. Una temática evolutiva ideológica e indefinición que se representaba gráficamente sobre el papel moneda, que se puso en circulación durante el tiempo de la guerra civil por los insurrectos. 


Finalmente, la masa monetaria que pertenecía a la República y que el Estado fascista bloqueo e impidió su canje a papel rebelde, se estima que alcanzó la cifra de unos 13.000 millones de pesetas, es decir, la cifra de efectivo (sin contar la reservas que poseía el BdE de Madrid) que quedó sin validez alguno por ser emisiones con números de serie posteriores al 18 de julio. A estos 13.000 millones hay que sumar el volumen de monedas y vales locales de la 2ª República, así como las emisiones de emergencia realizadas en papel divisionario o no, y que a todas luces no llegó a los más de 43.000 millones de ptas. (Cuadro II), sólo en billetes emitidos, aún destinando parte de este dinero a reservas, que se imprimieron para las fuerzas rebeldes hasta 1939. El abuso o uso incorrecto del poder de impresión masiva, unido a la enorme deuda exterior, causaría inflación en la posguerra36.



LOS 25 CÉNTIMOS 1937 (1938) EN EL “ANSCHLUSS” ESPAÑOL


Queremos reiterar aquí que la introducción por parte de los alzados españoles de nuevos billetes rompió la unidad monetaria del Estado, con ello se lograría que la misma Peseta nominal diera cobertura a dos distintas circunscripciones dinerarias, así como ese fenómeno condujo, desde muy pronto, que la Peseta se desdoblara en dos diferentes unidades de cuenta y reserva de valor. Ambas, idénticas en su denominación y significado, pero sirviendo cada una de ellas a unas causas e intereses políticos y sociales muy distintos, con consecuencias muy dispares en el transcurrir de la guerra.

 

En lo que se refiere a moneda no en papel durante la contienda bélica, el que será Estado fascista, únicamente, acuñó una pieza de 25 céntimos de cupro-níquel (aleación cobre y níquel), de iguales características técnicas que sus predecesoras en este valor. Aunque, ciertos numismáticos dan veracidad a una pieza de 1938 de 10 céntimos de zinc acuñada en Burgos (III año triunfal, 5 gramos y 25 mm), que no circuló y si se acuñaría, en todo caso, lo haría sólo en prueba. Pero, mayoritariamente, la numismática da escasa credibilidad a la existencia veraz de dicha pieza por valor de 10 céntimos, a pesar del alto precio que alcanza en las subastas esta última pieza descrita.

 

El numismático José María Aledón apunta que los 25 cts. fueron fabricados entre la empresa privada Berndorfer Metallwrenfabrik Arthur Krupp A. G. y la pública estatal de la ceca Principal de Viena37, perteneciente al Banco Central de Austria. El técnico del BdE Víctor Villanueva supervisó el trabajo. Puesto que éste se trasladó desde la ciudad burgalesa hasta la capital austríaca. Dicho ingeniero militar y ensayador castellano38, además, supervisaría sobre el terreno tanto la acuñación como la previa fabricación de los cospeles en la factoría de Berndorf39, del empresario nazi Arthur Krupp.


El grabador José López Sánchez-Toda40 diseñó la pecunia. Su anverso incluía las leyendas: España, Una, Grande, Libre 1937 II año triunfal, en dos líneas.





Se da la circunstancia que el lema propagandístico de los rebeldes durante 1936 era: Una Patria, un Estado, un Caudillo. A semejanza del utilizado por los nazis: Ein Reich, ein Volk, ein Führer. Posteriomente, el franquismo lo reconvertiría en la consigna: Una, Grande, Libre. Así mismo, el propio término caudillo o generalisimo tiene su componente alemán con el concepto de führerprinzip. 


La indefinición de liderazgo e incluso de régimen político se reflejaba, también, en la homónima de 25 céntimos. Pese a ello, la pieza sí que muestra una toma de postura ideológica definida con su destacado emblema alegórico del yugo y las cinco flechas en el anverso. A su vez, emblema falangista de las Juventudes de Ofensiva Nacional Sindicalista (JONS).


Junto a la ya mencionada leyenda, pero en el reverso, figura la inscripción 25 Cts. El escudo monárquico de 1868 (Reina Isabel II) con la corona real a nuestra izquierda del orificio central, es decir, el escudo heredero de la época dinástica de los Reyes Católicos, pero sustituyendo las armas de Sicilia por las cadenas de Nafarroa, y no el escudo con el águila nimbada de San Juan. A la derecha de la moneda figura, 25 y una rama de laurel. Aunque hay quien considera que es en realidad una rama de olivo, a pesar de lo específico del decreto de acuñación. Debajo y en el centro, CTS. Bajo la dirección técnica de Villanueva, sus iniciales junto a las del grabador aparecen inscritas en el reverso de la moneda: ST y VV. 


La pieza es de níquel al 25% y cobre al 75%. Mide 25 milímetros de diámetro y el agujero central es de 3,5 milímetros, y su canto es liso. La aleación de esta moneda de níquel contaba con tolerancias máximas de 10 por mil. Su peso es de 7 gramos, con margen de 15 por mil, en más o en menos. La moneda es redonda torculada, es decir, de forma de tornillo por su agujero central. 


Mientras, las pesetas republicanas lucen imágenes simbólicas sobre la cultura, la ciencia, las artes y los trabajadores. Junto que es enormemente frecuente la alegoría a la República con las matronas y escudos que recuerdan los diseños posteriores a 1868. Etapa del gobierno provisional que dio pie a la I República en 1873. 


En cambio, esta moneda y los billetes franquistas recuperaron las esencias “patrioteras” del quinientos español, con el yugo y las flechas de los RR.CC., los escudos de la Casa de Austria y el escudo de España diseñado en 1868, pero con modificaciones sobre la corona e incorporación de elementos dinásticos del quinientos.

 

El retorno del uso y aparición del yugo así como las flechas en la pecunia después de cuatro siglos, por su impronta en la moneda significaba volver a la iconografía propia de una estructura social feudal y medieval. Un reduccionismo asumido por el franquismo. Entorno a unos valores encarnados por los RR.CC.; con el relato propagandístico de la conquista, el matrimonio, la iglesia y la vinculación de los reinos de Castilla y Aragón, junto a la unidad ulterior de la que consideraban como patria e indivisible. En los billetes también lo supondría por incluir aspectos semejante en la iconografía presente en los mismos.

 

Un decreto del 5 de abril de 1938 autorizó la puesta en circulación de dinero en uso por valor de 25 cts., en concreto 60 millones de ejemplares. Estuvo en circulación hasta el 1 de julio de 1951. Todavía en 2002, en los catálogos numismáticos se consideraba que hubo, en realidad, una tirada monetaria de 47 millones de piezas de 25 cts. En lugar de los 60 millones que finalmente se acuñaron, y que dio cuenta de tal hecho un decreto ley de 20 de enero de 1939. Dicha cuantía es muy distinta y ejemplarizante, a su vez, cómo se creaba masa monetaria por la España fascista. Una Peseta, originada con la acuñación y emisión de la moneda por empresas externas al control regulado de un verdadero Banco Central.

 

Si, además, tomamos como referencia de cuantía acuñada los 20 millones (de un total de 60 millones) de monedas de 25 cts. que establecía en inicio el decreto ministerial de 5 de abril de 1938, publicado en el BOE de Franco que podemos leer (Anexo II). No queda claro la cuantía precisa puesta en circulación dada las diferentes cantidades que aparecen en los distintos decretos y catálogos numismáticos de referencia. Por tanto, ¿quién determinaba el numerario a circular en suelo español, la tirada monetal o la masa monetaria emitida en efectivo, y cuál fue el concierto con la Casa de la Moneda austriaca?. 


La empresa Berndorfer Metallwrenfabrik fabricó los cospeles (discos de metal dispuesto para dar lugar a la acuñación en la fabricación de la moneda) de la mencionada 25 céntimos de 1937. La Casa de la Moneda de Viena comenzó a acuñar la pieza en 1938. Las características fisonómicas de esta metálica son muy parecidas a las que habían circulado con anterioridad, como también con los 25 cts. de 1927 y la republicana de 1934, para que así no resultara extraña esta pecunia de cara al uso por el público. 

 




Sin lugar a dudas, los nuevos 25 cts. se acuñaron gracias al concurso de la fábrica austriaca, en una Austria entonces nazi, anexionada al Tercer Reich con un Banco Central austriaco bajo control también nazi, tras ser transferido al Reichstang alemán. Actuando en relativo soporte financiero y expresiva constancia monetaria del régimen de Franco. 


El gobierno de Burgos no tuvo más remedio que encargar sus amonedaciones en el extranjero. La acuñación en Viena de grandes cantidades de la pieza de cupro-níquel de 25 cts. supone otra evidencia más de los nexos de financiación y ayuda entre el fascismo español y el nazismo41. Consecuente dependencia económica y subordinación política que supuso tales circunstancias y acuerdos para la fabricación monetaria. Además, se unía al apoyo político, auxilio militar y comercial creciente prestado por los nazis, en este caso, para la creación de la tan necesaria masa monetaria. 


Hay que tener presente que la Peseta moneda había dejado por primera vez de acuñarse sobre cospeles de plata. El valor de 1 pta. ya no era de plata, la última la había acuñado la II República por este valor. A partir de ahora y tras la guerra, el material utilizado para representar a la Peseta fue el papel y el cobre. El abandono del patrón plata supuso la sustitución del mismo por un valor fiduciario, es decir, la Peseta comenzaba a depender del crédito y confianza de los particulares sobre el Estado fascista de Franco.

 

Esta moneda de 25 cts. se hizo llegar al público y al escaso flujo monetario por el decreto de la Junta de Defensa Nacional de 5 de abril de 1938, que se muestra al final (Anexo II). Éstas y otras medidas de los insurrectos intentaron suplir las carencias de numerario y masa monetaria para la circulación de unidades de cuenta por deuda. Además de sustituir el circulante republicano, poniendo al público una pieza que recogía parte de la parafernalia fascista del momento, y que a ojos de la población no resultara distinta de las otras en circulación, así como por los usuarios del área invadida y bajo dominio rebelde42. Pues ésta se asemejaba al resto de monedas de 25 céntimos que habían circulado previamente, a lo largo del reinado desde Alfonso XIII hasta la II República. Ésta era la primera y única acuñación monetal documentada del gobierno de Burgos en el transcurso de la Guerra Civil.

Aunque, cabe mencionar que existen pequeñas acuñaciones de moneda no oficiales en el territorio rebelde, es decir, alegales dentro de la ilegalidad que suponía la misma acuñación de moneda tras la intentona de golpe de Estado. Monedas que puede que se acuñaran al principio de la rebelión a nivel municipal por los sublevados, dada la escasez de pecunia divisionaria en los municipios recientemente ocupados y por encontrarse aislados de fuentes de aprovisionamiento de masa monetaria. Como fueron las monedas acuñadas por autoridades fascistas en las localidades subyugadas por el general Queipo de Llano en; Arahal, Lora del Río, Puebla de Cazalla, Cazalla de la Sierra y Marchena43 (Sevilla).


El 14 de abril de 1938 el BOE de Franco (Anexo II) publicaba un Decreto del Ministerio de Hacienda a cargo de Andrés Amado y Reygondaud de Villebardet44, que decía así: la escasez de moneda fraccionaria para las pequeñas transacciones, puesta ya de manifiesto en anteriores períodos, lógicamente se agudiza al extenderse el territorio ocupado por el ejército y encontrarse núcleos de población con carencia numeraría.

La disuelta Junta Técnica del Estado podría ser que estuviera atenta a solucionar las series dificultades que atravesaba la ciudadanía para el desarrollo del menudeo o la actividad comercial al por menor, que quedaba patente en el suelo ocupado por la falta de moneda en curso divisionaria. La misma Junta realizó las oportunas gestiones para proveer al mercado de la moneda precisa, contratándose para su circulación de una partida monetaria en el extranjero, si bien, hasta que pudiera determinarse, exactamente, las necesidades totales de series de piezas en emisión para la circulación de pecunia que se necesitaban. Estimando que, por distintas razones, la moneda más idónea al propósito eran los 25 cts., e iniciar, más adelante, el plan de acuñación que se llevaría a la práctica por la FNMT, una vez finalizada la guerra.

El valor de 25 cts. de peseta, fue acuñada con características semejantes a la creada por R.D. Ley de 9 de enero de 1925, que se adicionaría a las contenidas en el Decreto Ley de 19 de octubre de 1858. Ello, provocaría la publicación del decreto de 14 de abril de 1938 (Anexo II), que ordenó esta nueva clase de moneda en circulación por un valor en su conjunto de tirada monetal, en principio, de cinco millones de pesetas. Luego, a propuesta del Ministro de Hacienda, y previa deliberación del Consejo de Ministros se dispuso autorizar al Ministro de Hacienda para ponerla en circulación hasta el importe anteriormente citado45.





La moneda objeto se admitió en las Cajas públicas sin limitación alguna, y entre los particulares hasta la cantidad de cinco pesetas, cualquiera que fuere la importancia del pago. 


La moneda de 25 cts. de 1937 es, a día de hoy, un pequeño tesoro para la numismática por su valor científico e histórico económico, al ser un reflejo palmario de la nazificación en la moneda y economía española. 


Los fascistas, por tanto, necesitaban una pecunia que dulcificara y enalteciera la proclamación de la guerra en España, en particular, y al mundo en general, con su considerado II Año triunfal, así como próxima victoria en aquello que fue una traumática campaña militar fratricida contra la población civil. 

 

La Alemania nazi y el régimen austriaco, también nazi, propiciaron tal desempeño económico y propagandístico con holgura por su colaboración y confianza en tal objetivo de fabricación y acuñación monetaria, además de enaltecedor para Franco. Qué mejor propaganda era aquella moneda que ensalzaba la glorificación de la guerra y las armas. Una acuñación de la que se hacían eco los medios de comunicación de la época, como el diario ABC del área rebelde en Sevilla, que publicó el 17 de abril de 1938 su pronta y puesta en circulación bajo el titular de la noticia: LA NUEVA MONEDA DE NÍQUEL46.





El Decreto de la Junta de Defensa Nacional, firmado en Burgos el 5 de abril de 1938, ordenó la acuñación de esta moneda de 25 cts. En un momento de imposibilidad en acuñar moneda propia por encontrarse la parte de la España apoderada sin los medios logísticos necesarios, y destruida por los casi dos años continuados de Guerra Civil. Entonces, Franco echó mano de sus contactos con los nazis y logró que la empresa Berndorfer Metallwrenfabrik, relacionada a la familia empresarial alemana Krupp, durante el Anschluss austriaco47, hicieran la plancha cuño del técnico Villanueva y los cospeles necesarios en la localidad de Berndorf, ciudad del distrito de Baden, en la Baja Austria48, para que posteriormente la Casa de la Moneda de Viena acuñara la moneda sobre dichos cospeles.

 

Desde el punto de vista de Juan Bautista Bajo Miguélez, la numismática reafirmaría que; dada la perfección del acabado de la moneda de 25 cts. de 1937, apenas existen variantes de la moneda en cuestión. Ya que, además, supuso un descubrimiento las nuevas investigaciones entorno a la moneda de 25 cts., que constataban el vínculo nazi. Lo cual se corroboró en su ochenta aniversario de acuñación, en 2018. En una subasta numismática realizada en dicho año destacó por dar a la luz una pieza metálica de 25 cts. sin agujero central, de la cual existen escasísimos ejemplares con dicha característica, o con desplazamiento del agujero central, además de ser también escasas los ejemplares en calidad PROOF49.

En el Tercer Reich existían varias cecas emisoras de moneda, es decir, varios lugares de acuñación representados por una letra mayúscula en un espacio destacado ubicado dentro de la propia moneda de marco alemán. A:Berlín, B:Viena, D:Múnich, E:Dresden, F:Stuttgart, G:Karlsruhe y J:Hamburgo. En la ceca de Viena, B, se acuñaron en el mismo período la moneda de 25 cts. de 1937 (1938) y la moneda de 1 Reichsmark del Reich alemán50.


Ya se había apuntado por ciertos expertos en numismática que existía además otra variante de esta moneda de 25 cts. con el cospel más fino y una acuñación borrosa, que demostraría que los cospeles para la elaboración de la moneda fascista, al igual que para la moneda alemana eran iguales, similares y realizados por la misma compañía, la del empresario nazi Gustav Krupp. Si bien, la aparición de esta moneda lejos de demostrar la fabricación de los cospeles, lo que se trasluce fue la acuñación por la casa de Viena de ambas monedas.

 

El 8 de febrero de 2018 tuvo lugar una subasta en Juan Antonio Herrero, que evidenciaría tras la adjudicación, una vez más, los estrechos nexos entre nazis y fascistas españoles por acuñar moneda, para así efectuar en 1938 la emisión de la principal moneda numeraria en uso y circulación en uno y otro territorio51: 1 Reichsmark en Alemania y 25 cts. de pta. en la España fascista.

Por tanto, la aparición reciente de una nueva variante de la moneda de 25 cts. de 1937 con similares característica tanto de aleación como peso y diámetro a la moneda referente alemana de 1 Reichsmark, ambas de cupro-níquel, pero esta 25 cts. con un peso 4,87 gramos y un diámetro de 23 milímetros, la cual difiere y quedaba algo lejos de los 7 gramos y 25 milímetros, que a su vez fijaba el Decreto de 5 de abril de 1938. Pero, en cambio, la variedad de 25 Cts sin taladrar (XC-125) se encuentra más cerca del peso y medida del 1 Reichsmark, con 4,85 g y 23 mm, y que se fabricaría en Viena con fecha de 193952.


 

Posteriormente, ya finalizada la guerra, se dotaría en dar una mayor importancia y protagonismo a una FNMT. Facultándola para lograr establecer con carácter permanente el servicio de fabricación de los billetes y monedas como Banco emisor, concertando los oportunos contratos de suministro al Estado español. La primera actuación de la FNMT fue la de facilitar la masa de moneda metálica de la que el mercado interior español era más que deficitario.

 

Por otra parte, se da la circunstancia que el escaso níquel que se exportaba en esa fecha a través de concesiones mineras, y que explotaban los nazis en suelo franquista a través de la empresa SOFINDUS HISMA-ROWAK (Anexo I), se importaría, a continuación, la misma materia prima en forma de moneda gracias a Alemania y Austria por ayudar a Franco. Paradoja del contenido níquel exportado y luego importado en forma de moneda, pues dicha aleación se había utilizado para la elaboración de la moneda de 25 cts. acuñada en 1938 en Viena, como ya hicimos énfasis. 



Tal moneda de 25 céntimos supuso además que, en 2018 volviera a recordarse un más que curioso y anecdótico “descubrimiento” que evidenciaba la hasta entonces más que clara sospecha entre la confraternidad para la creación de dinero, y base monetaria entre los fascistas españoles junto a los nazis. Una elaboración de moneda en ambos países gracias al papel jugado por las autoridades alemanas, austriacas, el empresario Krupp y fascistas españoles.


LUCHA ENTRE PESETAS


La guerra tomó pronto un cariz internacional. Los dos bandos en liza no estuvieron en pie de igualdad ni en equiparación de medios económicos puestos a su alcance por la esfera internacional, en lo referente a los recursos financieros tanto cuantitativos como cualitativos que movieron desde su entorno político y social más afín. 


Los rebeldes dispusieron de créditos desde primerísima hora. Evidenciando que los medios económicos tan solo se dirigieron para uno de los dos bandos. Precisamente, hacia aquel que al final ganaría la guerra.

 

Ni en los aspectos meramente militares, ni por supuesto, en los económicos hubo igualdad en recursos entre los contendientes. De una parte los defensores de la República, y de otra, quienes se alzaron contra un Estado y gobierno del Frente Popular. 


Hubo unas manifiestas diferencias de acceso al crédito internacional y nacional. Entonces, la desigualdad quedó patente en los recursos que cada una de las fuerzas beligerantes tuvieron a su alcance. Este hecho fue un factor, como ya dijimos, determinante para el devenir y resolución final de la guerra.

 

En cambio, el gobierno republicano no contó con asistencia ni amparo de países y estados de su entorno más cercano, como podían ser Francia e Inglaterra, para defender la legalidad democrática que representaba el legítimo gobierno español. Mas, el socorro soviético y la ayuda de México tardó meses en llegar. Cuando ya los golpistas dominaban la situación por el activo soporte y control militar levantisco en cierta parte de la nación.

 

La colaboración, con mayúsculas, alemana e italiana fue vital desde los prolegómenos de la conspiración, y esencial en las primeras horas de la puesta en marcha de la sublevación. Por ejemplo, para trasladar al ejército de África a la Península en su andadura hacia la capital, Madrid. Lo cual fue posible tal traslado gracias a la capacidad logística militar puesta a disposición por la SIAI (Sociatà Idrovolanti Alta Italia) y el mariscal nazi, Hermann Göring (Luftwaffe), para con Francisco Franco.

 

Los insurgentes parecían carecer, al menos al comienzo, de todo estatus o reconocimiento internacional jurídico de derecho que lo reconociera y validara en su intentona de usurpar el poder a una autoridad legal representada por el gobierno republicano. Es decir, no existía una legitimidad y legalidad reconocida por ninguna institución, otra nación o naciones que facultara a nadie a emprender un golpe de Estado, tampoco a erigirse en armas y mucho menos a emitir o a acuñar numerario propio contra el mismo Estado español. A su vez, Franco adolecía de legitimidad alguna para acuñar una divisa que fuera reconocida internacionalmente. Tanto para un uso pecuniario dentro de lo que acabaría consolidándose como un Estado fascista más en Europa, como fuera de sus fronteras en los distintos mercados de divisas, así por las entidades financieras locales y extranjeras que apoyaban tal emisión pecuniaria fascista. 


A pesar que, dicha divisa nueva peseta no era reconocida como tal por parte de los gobiernos del mundo libre a principios de la década de los años cuarenta, pero en cambio, sí lo era en grandes bancos internacionales tenedores de la deuda, y por las grandes potencias económicas como; Francia, EUA y Reino Unido. Eso sí, un respaldo de una divisa arribista, engendrada por parte del propio estamento militar golpista patrio junto a políticos conspiradores monárquicos.


La nueva moneda peseta estaba, básicamente, respaldada en las actuaciones monetarias en imposición de una fuerza reaccionaria que representaba, principalmente un estatus marcial. A quien se le suponía debía controlar la cantidad de dinero emitido puesto en circulación por sí mismo. Pero que a continuación cuestionaremos.

 

En principio, los golpistas no alumbraban la emisión pertinente de una divisa. Creían que no tendrían la necesidad de ella o de otros recursos extraordinarios económicos o medios financieros al margen de los ya previamente concertados con entidades bancarias, además de los que pudieran obtener al conquistar y saquear suelo ajeno y republicano. Ante lo cual, solo contaba con el estorbo del Estado legal que encarnaba la República, que no logró articular una respuesta coordinada contra la insurrección militar en las primeras semanas tras la asonada. Tampoco más tarde, después de la constatación del fracasado golpe.

 

La proyección de los rebeldes hacia el exterior para lograr dinero y financiación, en principio, era más limitada que la capacidad del gobierno de la II República, al menos eso se pensó siempre. Por ello, pareciera que los fascistas se concentraban esencialmente en consolidar el respaldo financiero prestado de las potencias totalitarias y capitalistas, así como de sus acólitos nacionales, conforme avanzaban, poco a poco, por las áreas usurpadas a la República al comienzo de la guerra.

  

Los sublevados vieron situarse inequívocamente a su lado a los regímenes nazi y fascista italiano, sobre todo, quienes abanderaron con dinero su causa criminal, sin ningún rescoldo de duda hacia los golpistas. Contaron, además, con la innegable colaboración complaciente del gobierno de Portugal53 para hacer efectiva la llegada de medios económicos a España, visibilidad perceptible en el suministro paulatino de material de guerra. Un coqueteo luso con la tentación ultraderechista en pos de la para ellos una península ibérica libre del llamado Terror rojo.

 

Más tarde, la derecha europea y norteamericana auxiliaría económicamente de forma soslayada y explícita, en general, a los denominados como cruzados contra el comunismo ateo. Por otra parte, los vaivenes tácticos del Vaticano no impidieron que un amplio segmento del catolicismo militante favoreciera y apoyara económicamente, al igual que el resto de países capitalistas, a los rebeldes54..

 

Sin lugar a dudas, la escalada de respaldo político y financiero a Franco por parte de Italia y Alemania no fue discreto, siempre estuvo in crescendo, a pesar de la existencia del Comité de No Intervención, digamos que, supuestamente, in vigilando. Mussolini envió aún más tropas y dinero a España después de la fracasada ofensiva sobre Madrid. Hitler hizo lo propio al constatar la falta de soporte popular al golpe y las dificultades que encontraban los rebeldes para la conquista militar, a la hora de arrebatar localidades leales al gobierno republicano. De ahí, que en un primer momento, no contemplaran la necesidad en emitir moneda propia puesto que esperaban una rápida resolución del golpe de Estado, algo que no ocurriría.  


Por ello, Franco se vio abocado a la necesidad de proveerse de un instrumento monetario, rápidamente aceptado como unidad de cuenta por la población, conforme ocupaba los municipios y localidades republicanas, que a su vez propició la creación de la efectiva nueva base monetaria. Con ello, la aparición de dinero manipulado con los viejos billetes, pero retocados por los fascistas, es decir, resellados o fascistizados. Posteriormente, dieron la luz unos novedosos y masivos billetes fiduciarios, junto a una única pieza monetal. Todo esta tirada de papel era dirigida a la circulación en el territorio usurpado por el ejército faccioso.

 

Esta creación de una nueva Peseta fue un instrumento monetario esencial al que se precipitó la insurgencia, dado el lento avance militar insurrecto. El intento de aceptación por la población de una nueva divisa y la resistencia que presentó el Estado republicano al pronunciamiento armado fueron claves para la inestabilidad económica que se produjo en España. Luego, los insubordinados tuvieron que recurrir a la emisión de papel para la consolidación y creación de la oportuna base monetaria en efectivo, para su uso y circulación en el territorio conforme se consolidaba su presencia. 


En un contexto donde el Estado fascista no controlaba la producción de dinero fue cuando, la moneda y el papel moneda se convirtieron en totalmente fiduciarios. En un determinado momento, pudieron producir papel y piezas metálicas a un coste real que era mucho, mucho más bajo que el valor corriente de mercado de la cantidad nominal del dinero producido, más aún, cuando venían de un sistema monetario donde abundaba el uso de la plata como valor y elemento metalístico de composición de referencia de la divisa peseta.

 

Luego, el dinero franquista se podría dividir en dos campos: circulación y producción. El dinero fascistizado como medio de circulación se usó para introducir un medio de cambio, de pago, una unidad de cuenta y depósito o reserva de valor como atesoramiento en el área bajo control militar rebelde. Entre todo, respecto a la producción, hemos destacado la pieza de 25 céntimos de Peseta de 1937, fabricada en 1938 en una Austria anexionada bajo control nazi. Dicha pecunia, posee unas singularidades innatas que la hace excepcional, no solo por ser la única moneda que se acuñó oficialmente durante la guerra por los sublevados. Además de, la influencia y participación que tuvieron los nazis en la operación de acuñación de la misma. Al igual que con los billetes que se emitieron, que fueron decisivos para la consolidación de la victoria y aceptación social del franquismo monetario. En lo relativo, puesto el caso, a la acreditación de un instrumento de valor, reserva y unidad de cuenta. Ya que era una herramienta de financiación para los fascistas españoles, tanto en el plano local como internacional de su economía y política. Así, como elemento desestabilizador contra la Peseta republicana, y factor importante para la financiación del espionaje militar. También, para la compra de voluntades políticas y sociales. 



Esta nueva base monetaria constituida por monedas y billetes no fue posible sin la infraestructura monetaria que puso al alcance de Franco el propio Hitler junto al Duce. A pesar que, el gobierno insurrecto realizó por una parte una operación de estampillado, que fue del todo insuficiente, para dar cabida a la creciente necesidad en contar a disposición con una masa monetaria en las zonas bajo su dominio. Sino que además, tuvo que optar por la mera emisión y creación de dinero para su uso como efectivo.

 

Ni tan siquiera con la emisión masiva de billetes emitidos por las autoridades franquistas en fábricas de papel moneda en Italia y Alemania, no se pudo, nunca, con este circulante reemplazar los niveles comerciales, valor de la peseta en términos de cotización bursátil, medios de producción de la República previos a la insurrección. De ahí, probablemente, los largos años de hambre durante la posguerra por el factor destructivo que produjo sobre la economía nacional la emisión y puesta en circulación de una Peseta a expensas del control del BdE de la República. Bajo una forma “alocada” y descontrolada por el Banco de Burgos. Al igual, como la enorme deuda exterior que incurrió y contrajo el gobierno de Franco a favor de sus sustentadores militares en lo económico y financiero.

 

La acuñación e impresión de otra peseta, distintiva y diferenciada, siendo un valor de deuda a cotización en los mercados de divisas para el Estado fascista, era esencial para los sublevados en la consolidación del futuro Estado y régimen. Si bien, esta Peseta carecía de cotización oficial, en cambio, sí cotizaba en parqués bursátiles de ciertos países. Muy a pesar que, esta peseta de referencia al ser fiduciaria no era convertible en oro o plata, a diferencia de la moneda divisa de las grandes potencias económicas de la época como EUA, Gran Bretaña y Francia, entre otros. No por ello, la peseta fascista dejó de ser un valor de cambio en las bolsas internacionales, sobre la que se especulaba y se emitían todo tipo de ordenes de compra-venta.


Cabe recordar que el billete de un Banco Central es un documento de valor desde la perspectiva de su formato, en cambio, tiene el significado de papel moneda desde el ámbito económico. Entonces, éste creado por el BdE en Burgos, era donde el papel adquiriría el carácter de dinero sin convertibilidad, de modo similar al numerario metálico de oro y plata. Piezas que anteriormente eran acuñadas por el Tesoro español, que venía siendo el dinero-signo55 para pasar a ser ahora una mercancía más, sin objeto metalístico de contra valor por las características fiduciarias innatas a dicha nueva Peseta.

 

La Guerra Civil, por cierto, implicó y marcó el fin del respaldo metálico de la Peseta, adelantándose a los acuerdos de Bretton Woods. E iniciándose, hasta la actualidad, una etapa fiduciaria sin freno precedente56 en el tiempo.

A sus inicios, la insurgencia carecía de una moneda de cuenta en el suelo bajo su dominio, junto, a la en principio aparente fragilidad de su economía con una nula implantación en demarcaciones industriales o de producción de materias primas, así como su carencia de fuentes financieras, hacía presagiar una nula posibilidad de éxito de la Peseta franquista. Pero, tales carencias pronto se vio subsanada y sobradamente compensada por el auxilio exterior de las citadas potencias belicistas con la fabricación de dinero. Se trató del incondicional apoyo financiero y de logística monetaria de la Italia fascista y de la Alemania nazi. Unido a la cobertura prestada por la Portugal de Salazar57, de gran importancia estratégica. A ello, se unió también, la política de No Intervención de las democracias occidentales58. 


Además, el fascismo español se encontró indudablemente favorecido por las simpatías y preferencias de las grandes empresas americanas y británicas, al igual que el activo soporte social de la Iglesia católica que prestó a los sediciosos. Todo lo cual, condujo al éxito de la otra Peseta, en términos de implementación en los mercados monetarios.

 

El establecimiento de contratos mercantiles de intercambio comercial-militar con Italia y Alemania, principalmente, así como el dinero de cuenta creado con el que se debía cumplir y saldar dichas obligaciones contraídas entre los socios, y con quien se había comprometido el fascismo español. Comenzó entonces a gestarse una nueva divisa que operaría en el área arrebatada por las tropas subversivas. Fue cuando se instituyó con tal arreglo la Peseta fascista de referencia, dado el ingente apoyo económico que propició el régimen alemán e italiano a sus afines en España, alrededor de la logística para la creación y acuñación de la base monetaria. Si bien, en aquello a que se refiere a los aspectos puramente comerciales y de logística monetaria destacaría el régimen nazi por encima de la Italia fascista. No así, en la proporción de créditos y préstamos suscritos por el apoyo militar a Franco, donde Italia superaría con creces a Alemania. Si bien, este último aspecto es muy controvertido, pues hay autores que cifran distintas cuantías de deuda exterior según el país.

 

Sin la colaboración económica y militar exterior resulta difícil imaginar cómo unas fuerzas militares rebeldes sin a penas sustento social entre la población, tan solo por las élites, y escasos de recursos financieros internos, así como faltos de armamento moderno y de base industrial, éstos hubieran podido defender la extensa demarcación conquistada en los primeros meses de la rebelión. Junto a la posterior entrada en un cruento conflicto bélico que dejaría un reguero de muertes durante y tras la contienda armada.

 

En el plano de la actividad económica, los tres meses del verano del 36 fueron desastrosos para la economía, con pérdidas en las cosechas, cierres de empresas y abandono patronal de talleres y fábricas. El sistema de transporte quedó paralizado o saboteado en muchas ciudades. Mientras que, las operaciones financieras de bancos y cajas de ahorro sufrían las consecuencias de la escisión del dos59.

En la mayoría de las ciudades a medida que avanzaba la guerra los escaparates quedaban prácticamente vacíos por la falta de proveedores y suministro. Por otra parte, casi nadie deseaba vender nada a cambio de unos billetes depreciados (dinero republicano), con los cuales poco podía comprarse ya. Más cuando se sabía que, de ganar Franco, aquellos billetes perderían su valor de cambio60. Además, el uso pecuniario del dinero republicano en la zona ocupada, así como su simple posesión por la población civil, en aquel momento, era castigado con severas sanciones económicas, tortura y hasta la cárcel.

 

Retomamos. Italia y Alemania proporcionaron ingente financiación y logística bélica como; tropas, armas, munición, bombas, cuerpos especiales militares, submarinos, aviones, tanques y buques de guerra. Un excelso largo número de material y suministro de guerra que requirieron un coste de financiación. El cual hubo a su vez de ser sufragado en condiciones económicas, en un principio, muy ventajosas para los rebeldes por las condiciones convenidas al inicio de la guerra. Pero que, a la postre, supusieron un duro lastre de endeudamiento que se hubo de sufragar bajo fuertes presiones políticas hacia el régimen franquista. Aunque, presiones inferiores, si lo equiparamos con las dificultades que obtuvo la República para, al menos, lograr la concesión de los escasos créditos que logró durante la guerra y de las naciones “amigas”.

 

La Guerra Civil trajo consigo, de una parte, el final de las reservas de oro en poder del BdE de la República, por otra, la creación de una enorme deuda a gestionar por Franco, que tras la victoria de éste el 1 de abril de 1939, pasó a ser una deuda a pagar por todas y todos los españoles. 


Por tanto, nos vamos a centrar a partir de ahora en los aspectos meramente financieros que posibilitaron la victoria fascista en España, gracias, como hemos incidido, al sostén económico propiciado por las dictaduras de Alemania e Italia, entre otros colaboradores cómplices con el fascismo español.


Sin embargo, con la retirada de la circulación de los billetes y monedas anteriores al 18 de julio de 1936, que fueron reconocidos como valor legal por Franco al ser cambiados por pesetas de Burgos, y por otra parte, la invalidación de todos los billetes y monedas republicanas puestas en circulación después del golpe de Estado, como ya recordarás, y que el BdE franquista calificaba en sus documentos como dinero marxista. Por una parte despertó un afloramiento de capital en la filas fascistas, y por la otra, la destrucción de capital republicano. 


Aunque por ello, el gobierno franquista tuviera que afrontar un enorme problema monetario y de logística, estrechando a su vez la dependencia económica extranjera con el incremento de la deuda. Al tener que, sustituir más de 12.750 millones de pesetas en masa monetaria, del llamado dinero rojo, y que ellos mismos estimaban en circulación. Lo sustituyeron, sobradamente, por cuatro veces más de masa monetaria de papel moneda en efectivo fabricado y listo para poner en circulación.

 

Además, las monedas divisionarias, principalmente metales de los llamados innobles, pero también de plata, retiradas e invalidadas con tal masa monetaria de efectos sustraídos a la circulación monetaria, ya había empezado a ser sustituida durante la guerra por el gobierno de Burgos con las emisiones de billetes Alemania61, unido a la moneda de 25 cts. Que, como dijimos anteriormente, fabricó la Casa de la moneda de Viena y la familia Krupp, con la presencia en Austria del técnico Villanueva. Todo ello, vino a unirse al desempeño de la creación de la liquidez en efectivo para poder cubrir así las necesidades pecuniarias destinadas a las transacciones comerciales diarias en numerario monetal, e implementar en las localidades ganadas a la República.

Al poco del comienzo de las hostilidades que dieron lugar a la 2aGM a finales de 1939, se agravaron aún más los problemas potenciales de escasez de masa monetaria por los rebeldes. Ya que, finalizaba la posibilidad de contratar nuevas emisiones de monedas y billetes de reserva junto a los colaboracionistas extranjeros. Dado además, por centrarse las fábricas de éstos en el desarrollo y sostenimiento de la denominada como “maquinaria de guerra”, y por ello, la dificultad que entrañaba la producción en el extranjero de monedas y billetes para su uso por la población local española, así como hacerla llegar a la Península debido al bloqueo naval de las fuerzas Aliadas al territorio.

La política monetaria durante la guerra por parte de los teóricos y técnicos del fascismo español como Antonio Goicoechea o Ramón Artigas, consistió simple y llanamente en inventar dinero de la nada62, pero a costa de ir aumentando el plantel de deudas del Estado. 


Estas medidas probaron su ineficiencia, no generaron crecimiento económico, ni mejoraron la productividad del Estado español tras el fin del conflicto. 


Posteriormente, con fecha de 9 de enero de 1940 y firma como gobernador de Antonio Goicoechea se retomó otra vez la contratación con la fábrica de Milán, Coen & Carte Valori. Se emitirían pues unos nuevos billetes con una apuesta iconográfica monárquica, pero que, evidentemente, recogía la simbología de la que anteriormente ya se había hecho gala en emisiones anteriores; con la exaltación de valores cristianos y a tiempos lejanos muy remotos, así aludiendo a una época imperial pasada y el descubrimiento de América.


Cuando finalmente la FNMT asumió el monopolio exclusivo en la fabricación de monedas y billetes, acababan de ponerse en circulación 110 millones de billetes de 5 ptas., con fecha de 4 de septiembre de 1940, por la casa alemana Giesecke & Devrient63. No sin antes que intentaran el 7 de septiembre de 1939 en la Comisión de Emisión, con su responsable Antonio Goicoechea, realizar gestiones para estatalizar la producción de billetes. Lo cual, no tuvo mayor repercusión y éxito, pues al poco tiempo G & D volvería a inundar el circuito monetario de España con más y nuevo papel moneda.

Puede considerarse la existencia de cierto descontrol en la emisión y tirada de papel moneda, puesto que circularon billetes sin la constancia del BdE de Burgos64. Ya que hasta entonces todo dependía en cómo transcurría los acontecimientos bélicos por Europa, para disponer o no del papel moneda fabricado en el extranjero, con la llegada y fabricación del mismo. Aunque, la burocracia del neonato Estado se enzarzaría en sordas querellas que no fructificaron contra las empresas litográficas y caligráficas fabricantes del papel moneda del BdE de Burgos, procedente de Italia y Alemania65.Por problemas como la falta de control en las emisiones y tiradas realizadas por las empresas fabricantes del papel moneda, como además, por los pleitos con los adjudicatarios de las empresas litográficas, la transalpina y germánica, de impresión de billetes y el BdE, que mantuvieron sendas casas de monedas con largos procesos judiciales ante las autoridades franquistas en tribunales de Italia, pero también de Alemania, y que duraría tal judicialización hasta bien entrada la década de los 60 del pasado siglo XX.                      


Si bien, tras las impresiones últimas de billetes en 1940 no se volvió a emitir papel moneda por parte del BdE hasta 1946, ya acabada la 2ªGM (1945). Después de la firma de los acuerdos entre Roosevelt, Churchill y Stalin para el reparto de Europa, que dejó a España fuera del tablero político internacional, no así del económico66. Siendo entonces, 1940, cuando la FNMT se hizo con el marco regulador del papel en circulación y se proyectó la peseta franquista internacionalmente. 


El dinero comienza a ser estatal y solo lo produce en exclusiva el BdE cuando, por una parte, empieza a tener una cierta autonomía y soberanía para la acuñación monetal y emisión de los billetes en circulación. Al no necesitar del barrunto y complicidad de personajes, igualmente, tan siniestros como el mismísimo Hitler y Mussolini, es decir, cuando un Estado totalitario o no, tiene la soberanía en la producción de dinero legal para su circulación en efectivo como base monetaria. Y en general, es capaz de diseñar y ejecutar su propia regulación en política monetaria. Sin la implicación de gobiernos exteriores que faciliten y logren la emisión regulada de la considerada por algunos como divisa nacional española y origen final de la misma. Gracias a ello, los fascistas españoles lograron ganar el reconocimiento internacional de la divisa peseta franquista en los mercados de cotización monetaria desde pocos meses después al golpe de Estado. 


Igualmente, el Estado ejercerá un control cuando sea el propio organismo del BdE quien dirima en qué número y por qué cantidad se deben realizar las tiradas monetales y de billetes en su territorio.


A su vez, se daba otra circunstancia distinta y muy significativa, que mientras la referencia en los mercados de divisas con las 100 ptas. franquistas cotizaban a 130,21 francos franceses en 1937, las 100 ptas. republicanas cotizaban a 86,35 francos. La cual, llegaría a perder hasta un 90% de su valor inicial desde que comenzó la contienda. Lucas Beltrán, testimonio directo de los hechos, considera que la República tuvo la guerra perdida a partir del momento en que su signo monetario prácticamente dejó de tener valor en los mercados internacionales67. A medida que transcurría la guerra los índices de pérdida de valor fueron incrementándose, así fue como se consolidó internacionalmente y finalmente la ya Peseta fascista, a costa de la Peseta republicana. Pese a ello, siguió la economía española atada a sus deudas de guerra contraídas con terceros hasta mucho después de finalizada la 2ªGM. 


No fue hasta la llegada en la década de los años cincuenta del capital e inversión extranjera, principalmente de América. Cuando los EUA comienzan a ser el socio preferente del régimen franquista, y por tanto, a depender éstos económicamente de Norteamérica. En muestra que; EUA e Inglaterra se habían beneficiado grandemente, en palabras del embajador norteamericano, la neutralidad de España en la 2ªGM. De ahí que, bajo esta irreal capa de lógica, los norteamericanos acabaran “amaestrando” a Franco para su entrada en las Naciones Unidas (después de haber abandonado la extinta Sociedad de Naciones), con la consecuente aceptación y reconocimiento internacional de aquella España sembrada de muerte en sus cunetas. 



No es hasta la llegada de la inversión de capital norteamericano, fruto del presidente Eisenhower en 1959, a cambio del establecimiento de Bases militares para el almacenamiento de bombas y transporte aéreo. Cuando, definitivamente el franquismo comienza a tener reconocimiento político por occidente y aceptación económica total de su divisa en los mercados financieros internacionales. En vista que, el dinero por sí solo no generaba inversión o producción en el Estado de Franco, por mucho que el BdE imprimiera efectivo a gran escala, sin ton ni son. Sin ningún respaldo de valor en metal alguno o legalidad gubernamental constituida y reconocida de forma internacional, durante la guerra y previamente a la llegada de capital norteamericano a España. 


La impresión de la Peseta fascista no funcionó por si sola, ya que los capitalistas y banqueros del régimen franquista la acapararon desde  comienzos de su emisión, en una Estado autárquico que había quedado aislado del mundo tras la 2ªGM. Un país anquilosado económicamente con una nueva Peseta proporcionada gracias a Hitler y el Duce, como gracias a ellos fue que, posteriormente, a la muerte de ambos las monedas pesetas del Estado español incluyeron la leyenda; Caudillo de España, por la gracia de dios, refiriéndose al mismo Franco.


España no logró una inercia reductora en el volumen de deudas que trataba de paliarse con la considerable emisión de papel. La desigualdad entre los españoles creció y el endeudamiento llegaría a todos los agentes económicos y financieros. La dependencia del sistema de la deuda con Alemania e Italia para crecer supuso un duro lastre perpetuo, es decir, fueron políticas monetarias que incentivaron la creación de problemas estructurales a largo plazo. La deuda arruinó las posibilidades de la economía y reduciría el crecimiento potencial del Estado. 


En cuanto a las pesetas en circulación por el gobierno de la República, en forma de billetes del BdE o de piezas metálicas con posterioridad al 18 de julio de 1936. Las cuales eran casi las únicas que poseía la población de la zona republicana, nunca fueron reconocidas por el gobierno de Franco. No obstante, la política de cambio se transgredió en parte y sí que fueron reconocidas todas las monedas de níquel, plata y oro de la monarquía utilizadas durante la II República. Los billetes del BdE que estaban en circulación antes del 18 de julio de 1936, pese a no estar estampillados según lo dispuesto por el decreto ley del 12 de noviembre de 1936, éstos tuvieron que cambiarse inmediatamente. En cambio, el efectivo puesto en circulación por el gobierno republicano después del 18 de julio de 1936, no tuvieron ningún tipo de reconocimiento al finalizar la guerra, ni tan siquiera mediante tramos como sí había sucedido con las pesetas bancarias. Es decir, no valían nada, absolutamente nada en pesetas de Burgos. 

 

Cientos de miles de españoles no pudieron cambiar estas pesetas republicanas en circulación y ello supuso una quiebra económica para muchísimas familias de trabajadoras y trabajadores por cuenta ajena o pequeños/as agricultores, que de un día a otro perdieron sus ahorros, por encontrarse en un lugar u otro del territorio durante la guerra. 


Hoy, aún muchas familias conservan este efectivo republicano, llamados popularmente de Negrín, los cuales constituyen uno de los testimonios materiales más abundantes de lo que supuso la sublevación armada para las familias derrotadas, y para los poseedores de Peseta republicana tras el desenlace del conflicto. Dicho dinero es, actualmente, muy apreciado por la numismática, por lo que representan inmaterialmente para las familias vencidas y la historia que llevan dentro cada una de las moneda y billetes de la república para las mismas.

El país quedó en la ruina económica, por quienes se arrogaron para sí el Estado mediante el uso de la violencia, pareja a una política monetaria revanchista.


Sumando todas las emisiones expuestas en el cuadro II, para su puesta en circulación durante la guerra y principios de la posguerra, el BdE de Burgos disponía de un total aproximado en más de 48.124 millones de pesetas en efectivo, como masa monetaria producida, que podía estar en circulación e introducido en suelo español en menos de cuatros años, desde el 31 de mayo de 1937. Una cantidad, que cuadriplicaba la masa monetaria en efectivo en circulación que poseía el BdE de Madrid. Por tanto, esos 48.000 millones expresados en términos de PIB equivaldría a más de 1.290.000 millones de euros actuales.


José Larraz, en su Resumen provisional sobre la evolución de la Hacienda Pública desde el 18 de julio de 1936 hasta finales de la guerra, publicado en el BOE en agosto de 1940, estimaba que los ingresos por fuentes fiscales durante dicho periodo alcanzó 3.684 millones de ptas. y los gastos ascendieron a 11.944 millones de ptas. Todo esto, nos llevaría a un déficit de 8.260 millones de ptas. Los cuales se suplieron con  holgura a través de la emisión de billetes, anticipos del BdE y endeudamiento exterior.


En definitiva, se trató de un compendio de políticas monetarias perversas que nos condujeron lentamente hacia la pobreza colectiva.




EL BANCO CENTRAL DE FRANCO 


En 1936 el BdE se escindió en dos y la lucha que emergió entre ambas instituciones económicas, la de Burgos y Madrid, por ejercer ambas una autoridad monetaria representativa del Estado español, fue al igual que la misma guerra encarnecida desde el punto de vista del plano económico. Como era de presagiar, uno de los instrumentos empleados en esa confrontación resultó ser la Peseta española, que acabaría escindiéndose en dos. A partir de ese momento, que podría denominarse como el colmen final de la rebelión, después que careciera de sentido pensar en una administración monetaria doble, pues los alzados pensaban que pronto iban a controlar el BdE en Madrid68. Algo que tardó casi tres años en producirse. Luego, sería en noviembre del 36 cuando comenzó a gestarse la Peseta fascista por las autoridades franquistas.

 

El 24 de julio de 1936 se había instaurado en Burgos la llamada Junta de Defensa Nacional, se reorganizaba en torno a ella la creación de un banco estatal en función paralela al legítimo dirigido por la República. Este otro BdE funcionaría hasta el fin de la guerra en competencia directa con el republicano. Al finalizar la contienda asumiría la componenda de Banco Central del nuevo Estado fascista en España. El cual había iniciado ya las primeras medidas monetarias, además, de un replanteamiento de los problemas financieros y monetarios en suelo bajo autoridad rebelde, y por tanto, su enfrentamiento con la realidad económica protagonizada por las autoridades gubernamentales republicanas.

 

La política monetaria, de la que acabaría dependiendo cualquier fórmula para financiar el programa económico del Estado rebelde, era materia exclusiva de una serie de técnicos del BdE, cortados todos ellos por la misma tijera y patrón ideológico: filonazi y fascista.


La Junta de Defensa Nacional era el primer órgano de gobierno de los sublevados. Dicha “institución” reclamó para sí la potestad de todos los poderes del Estado, así como la representatividad de España ante las naciones y potencias extranjeras. La Junta, además, el 1 de octubre de 1936 nombraría en la figura del militar fascista Francisco Franco como su Jefe de Gobierno y “generalísimo” de los ejércitos, lo que derivó en ostentar la jefatura del Estado español por auto designación militar. Quién ejercitaría desde su posición de poder y privilegio un ambicioso plan de enriquecimiento personal, pero, sobre todo, de exterminio de la población con ideas progresistas o pensamiento de izquierdas por el simple hecho de serlo. 


La nueva administración monetaria de la demarcación fascista pronto adoptó la primera decisión importante, por Decreto 106 de 12 de septiembre de 1936 (que se modificaría con el decreto de 4 de junio de 1938) de la Junta de Defensa Nacional se limitaban y bloqueaban las retiradas de fondos en las cuentas corrientes y de crédito sin autorización. Al mismo tiempo que el decreto fijaba límites a los créditos y redescuentos del BdE burgalés en los municipios bajo su dominio. Por otra parte, se establecía que los movimientos de valores necesitaban del control de las nuevas delegaciones de Hacienda creadas al efecto. 


El 2 de noviembre de 1936, la Junta Técnica del Estado había ordenado la instalación en Burgos de una elemental y rudimentaria Casa de la Moneda, donde proceder a lingotar las entregas de metales preciosos que se estaban recibiendo de la población afín (otros por obligación) con motivo del llamamiento a la Suscripción al Movimiento, a raíz de la convocatoria efectuada en ese sentido por dicha Junta se entregaron monedas antiguas, relojes en enorme cantidad, pendientes, alianzas, cadenas, objetos artísticos, piedras preciosas....69. Objetos que quedaron almacenándose en las cajas de la sucursal del BdE de Burgos70.


Posteriormente, la separación monetaria respecto a la España republicana se consumaría con el decreto ley de 12 de noviembre de 1936, que creaba al efecto una nueva Peseta, al señalar que los tenedores de determinados billetes quedaban obligados a estampillarlos. Aunque la ciudadanía podía optar entre aportarlos para la ejecución de la operación de resello o ingresarlos en las cuentas corrientes de las entidades bajo la regulación del BdE de Burgos. Bien entendido en este último caso las cantidades en ellas abonadas serían de libre disposición, no sujetas a ninguna de las restricciones del citado Decreto 106 de la Junta de Defensa Nacional71.

 

El economista Joan Sardá i Dexeus72 comentaría: De hecho esta disposición, que constituía una gran ventaja para los depositantes, canalizó una gran parte del efectivo existente en la zona ocupada73 hacia las cuentas bancarias y evitó desde el primer momento la expansión excesiva de la base monetaria con los billetes en circulación. Según, el que fuera subgobernador Ramón Artigas Gracia, el estampillado o fascistización de billetes produjo al menos una elevación de Tesorería con reflejo paralelo en los capítulos de cuentas corrientes y de crédito, aunque removiendo indirectamente el ocultamiento de la base monetaria que se pretendía aplacar con el decreto ley de 12 de noviembre de 1936.

Esta Peseta estampillada comenzó a cotizar en los mercados internacionales por encima de la moneda sin estampillar, que era la Peseta republicana. Aquello condujo que desde primera hora la Peseta fascista poseyera una sobre valoración que no era justificable en términos económicos.

El decreto de 12 de noviembre de 1936 y el subsiguiente estampillado tenían una evidente carga propagandística e ideológica. Era tanto como declarar la ilegalidad del gobierno republicano a partir del 18 de julio, en virtud del derecho a emitir moneda que cuenta todo Estado reconocido internacionalmente, circunstancia que no se daba por la insurrección. Además se pretendía desprestigiar la moneda de la República. Se trataba de la materialización en la fragmentación monetaria de España y el comienzo de una guerra monetaria, paralela a la militar, con graves consecuencias y a la que se dio notable importancia74. Como es lógico, la medida del gobierno franquista tuvo una inmediata respuesta en el republicano, pues el 29 de noviembre declaró ilegal la tenencia y uso de los billetes estampillados, a los que consideró desvinculados del aval que suponían las reservas metálicas del BdE de Madrid75.

Así mismo, coincide en la interpretación que da el economista y profesor Juan Velarde Fuentes76, que ha estudiado los problemas políticos coyunturales generados por el conflicto bélico. En cuanto sus trabajos se centran en demostrar y reafirmar que durante la guerra; el BdE se escindió en dos, se creó otra Peseta (la de Burgos) y que, en todo momento, existió la perspectiva de la victoria definitiva del gobierno de Burgos, de su BdE y su Peseta sobre la republicana. Según Velarde, ambas instituciones bancarias mantuvieron una pelea en lo económico entre 1936 y 1939. Uno de sus instrumentos principales en la lucha entre ambos fue dicha Peseta escindida.

Otra interpretación más a añadir es la del profesor en economía José Miguel Santacreu Soler77, que analiza las repercusiones de la coincidencia de los problemas estructurales de la Peseta de la época, que ya traía la divisa española de por sí, he incrementándose durante la guerra. La principal conclusión de su análisis es que, en 1937, se produjo una fuerte crisis monetaria que fue de tal envergadura que señalaría un punto de inflexión a partir del cual la Peseta adquiriría unos elementos formales y materiales distintos a los que se concibieron en 186878.

Por tanto, la guerra supuso un cambio estructural de la masa monetaria en circulación vigente en dicha época. Asimismo, los contendientes acuñaron grabados en el numerario e imprimieron viñetas en los billetes que representaban los valores e ideología defendidos por cada uno. 


Entre tanto, el BdE de Burgos adoptaría una política de mayor sensibilidad hacia las necesidades de credibilidad de la moneda en papel emitida por cuenta del Ministerio de Hacienda fascista. De este modo, los pequeños billetes divisionarios, certificados de moneda metálica y no billetes de banco, adoptaron fórmulas que los asemejaban a los verdaderos billetes. 


La falta de metálico precioso o noble (oro y plata) se apreció en suelo rebelde bastante después que en el republicano, aunque su gravedad fuere infinitamente menor, de modo que no llegó a desaparecer la moneda de bronce en ningún momento79.

Si bien, las piezas de plata dejaron de circular y los billetes divisionarios de ambos bancos de España adquirieron la condición de circulación forzosa, es decir, desapareció la frontera que existía entre la plata física moneda y la plata papel. Igualmente, la Peseta de plata fue sustituida por otra de metal más innoble o bien de papel. Por tanto, finalmente aparecía y se generalizaba el valor y uso fiduciario de la Peseta. Sin embargo, la Peseta había quedado desvinculada del patrón oro e inconvertible de facto desde 1882, pues desde esa fecha había gozado de pleno poder liberatorio. La reserva de oro no actuaba ni como garantía del papel moneda del BdE, ni como mecanismo regulador de la circulación fiduciaria. Además, desde la crisis de 1929 provocó la inconvertibilidad de los billetes. Lo cual fue, prácticamente, la norma en todas las economías capitalistas del mundo occidental.

El 20 de abril de 1938 se anularía la obligación emanada de la legislación de ordenación bancaria para que el BdE mantuviera en sus cajas una cantidad de piezas de plata igual a los billetes emitidos80. Una especie, más o menos, equivalente de aquello que se conoce hoy día como Coeficiente de Caja. La obligación de los depósitos bancarios cuenten con una proporción de reservas líquidas al respecto en función a las cuentas o depósitos abiertos en la entidad. Pero, en aquellos días la ley estipulaba que dicho efectivo en caja fuese en plata. De ahí, también que durante la guerra el papel pasó de poseer un carácter representativo dada su fácil convertibilidad en plata y pasar a tener un poder, totalmente, fiduciario.

Durante la Guerra Civil la elección era sencilla para los españoles, las monedas de plata convenía guardarlas como reserva de valor. Se trataba de unas monedas-objeto-mercancía que por su materia y peso podían sobrevivir al proceso inflacionista del papel y mantener un poder adquisitivo real. Los billetes convenía emplearlos como medio de pago para adquirir con ellos mercancías o monedas de plata. Dichos billetes se trataba de una moneda-signo altamente fiduciarias que habían perdido su convertibilidad en plata y su estabilidad como poder de compra, a la par que era muy difícil que sobrevivieran al proceso inflacionista que se encontraba implementando en suelo republicano por la acción de la política monetaria fascista, y que se trasladaría, después, a toda el país  una vez concluida la guerra.


En un principio, las monedas fraccionarias de plata en circulación eran de 0,50, 1, 2 y 5 pesetas. Estas fueron acaparadas por la ciudadanía, al no existir ninguna otra pecunia (salvo las monedas de cobre y níquel) con qué sustituirlas. Luego, a consecuencia que las mismas monedas eran las únicas consideradas válidas tanto por los insurgentes (por ser piezas acuñadas previamente a la República, excepto una por valor de 1 peseta con fecha 1933) por los republicanos. Por tanto, todo el numerario de plata fue desmonetizado para aprovechar el valor del metal, el cual era superior al valor nominal que representaba.

 

Si la gente se inclinó por guardar las piezas de plata ello produjo un fenómeno lógico: la plata desapareció de la circulación y con ella los valores fraccionarios del sistema monetario español. El papel se intensificaría como medio de pago y circulación, pero, como en un principio su valor más bajo no descendía de las 25 ptas. se interrumpía su uso. El alto valor de los billetes dificultaba las compras y ventas de productos cuyo valor no se ajustase al nominal que representaba el juego de los diversos billetes existentes (25, 50, 100, 500 y 1.000). Y principalmente, en lo referido a la adquisición, a la par, de los productos de primera necesidad; pan, leche, verduras, legumbres, vino, etc. 


Por tanto, la acumulación y reserva de plata por la población originó que el sistema monetario tropezara con una grave crisis monetaria. Propiciando que más tarde aparecieran el papel moneda de 1, 2, 5 y 10 pesetas, billetes divisionarios inferiores a las 25 ptas., norma que por ley se había establecido como valor mínimo en un billete.

 

Junto a todo ello, en unas circunstancias donde la divisa legal estaba perdiendo su fiabilidad tanto por la población como en los mercados. La plata se convirtió en una excelente divisa como mercancía y valor de cambio, ya que eran más los motivos que impulsaban a las piezas de plata a que abandonaran su ejercicio como pecunia corriente y pasaran atesorarse. 


Los principales esfuerzos del gobierno fascista en materia monetaria para resolver la crisis de 1937 de la moneda fraccionaria se dieron en el campo de los billetes. Aunque, Burgos no tenía Fábrica de Moneda y Timbre, puesto que las instalaciones monetarias quedaron en el bando republicano. Éstas fueron trasladadas a Valencia y a otros pueblos de la región. Los sediciosos dirigieron sus esfuerzos a la creación de base monetaria sostenida fundamentalmente sobre el papel moneda, salvo una única excepción. 


De esta manera surgen los 25 céntimos de peseta fascista que se pudieron acuñar gracias al concurso de las fábricas austriacas y la mediación del Tercer Reich alemán. Aunque, existe una gran polémica entorno a dicha moneda dado que durante la dictadura franquista se procuró eliminar, borrar de la “memoria” a lo largo de los años, todo vestigio y documento que los vinculará con los nazis, y aún hoy día es difícil el acceso a las pocas fuentes y documentos que quedan al respecto. Un olvido interesado, sobre todo, desde el inicio del acercamiento político con los aliados de la 2ªGM. Cuando se intentó exonerar por la opinión pública internacional el reciente pasado del idilio del trío de la muerte entre Hitler, Duce y Franco.

 

Luego, el asunto de los billetes divisionarios estuvo en manos del Consejo del BdE en Burgos, pues se contrataron los servicios de la fábrica zaragozana Portabella81, además, junto con empresas de litografía y calcografía, alemana e italiana, para la fabricación de papel fraccionario. Por un lado, Giesecke & Devrient82, por el otro con Coen & Carte Valori83, que se dedicaron a la impresión, masiva, y sin complejos de todo tipo de billetaje. 


Cabría recordar que antes de comenzar la guerra, la estructura de la masa monetaria que existía en España estaba compuesta en su mayoría por moneda de metales innobles, es decir, cobre, níquel, etc, por la otra parte, se encontraban las piezas de plata junto a billetes. Según la ley monetaria, como ya dijimos, el BdE no podía poner en circulación series inferiores al valor 25 ptas. O sea, ciertos billetes estaban respaldados por una cobertura metálica de plata, sobre la que basaba su fiabilidad para ser emitido. Luego, eran unos auténticos cheques al portador del BdE con funciones similares al metálico del Ministerio de Hacienda. Las piezas de plata, además del carácter legal que les otorgaba el Estado, gozaban de la fiabilidad que les confería el peso y ley de metal de cospel sobre el que habían sido acuñadas.

 

El precio de la plata no paraba de subir, era inestable y menos aún en tiempos de guerra e inflación galopante del papel. Ello hizo que la plata perdiera su función fraccionaria muy pronto. El valor del metal superó su valor nominal, y nada más empezar la guerra, un duro de plata, por ejemplo, valía más de 5 pesetas84 en su poder de cambio y reserva de valor.

El 14 de septiembre de 1936, la ya citada Junta de Defensa Nacional había consolidado, definitivamente, un Banco Estatal en Burgos paralelo al BdE de Madrid, éste otro controlado por los republicanos. La primera reunión oficial del Consejo del BdE en Burgos se hizo cargo de la necesidad en disponer de billetes para el nuevo Estado. Igualmente, los allí reunidos, entre los que había consejeros desertados del BdE de Madrid se consideraron el único Consejo verdadero y auténtico BdE. Por consiguiente, negaron la validez del Consejo de Madrid, que estaba integrado por los consejeros que quedaron fieles y leales a la República.

La separación entre ambos bancos centrales, que se les reconocería por la misma denominación y competencias económicas se mantuvo hasta el final de la guerra. En España, por tanto, coexistieron dos divisas, dos instituciones y sistemas bancarios enfrentados, y excluyente entre sí, durante los años desde finales de 1936 hasta casi mediados de 193985.

Las sucursales del BdE de la zona controlada por la denominada Junta de Defensa Nacional, en septiembre de 1936, obedecían las singularidades articulaciones emanadas del Consejo del BdE en Burgos. Algunos economistas estiman que solo tenían una masa monetaria de apenas 123 millones en monedas de plata y 393 millones en billetes86, pese a ello, no fue óbice como aval para lograr cuantiosos créditos y préstamos del exterior.

 

El control de los recursos fiscales y financieros en el área ocupada figuraba entre los principales objetivos de la Junta de Defensa, ya en su séptimo decreto, promulgado después de transcurrir tan solo una semana de la sublevación se ponía de manifiesto que todas las propiedades, valores y derechos del Estado español, así como la custodia y administración de los caudales públicos, ingresos e inversión de contribuciones, rentas e impuestos, se efectuarían en nombre de dicha Junta. Aquello se tradujo en una apropiación, de facto, de los bienes del Estado legal y legítimo republicano tanto en el interior como en el extranjero.

 

El dinero físico lo creaba el Estado y a ello se puso a trabajar tardíamente el que a posteriori sería el Estado de Franco, dado que la asonada no obtuvo el rápido respaldo social, ni incluso militar, que esperaban en principio y creían contar los insurgentes tras la intentona de golpe.

 

La unidad monetaria, por tanto, se escindió en dos; la Peseta legal ya existente y otra moneda introducida por los fascistas españoles en contubernio con nazis y fascistas italianos, en una operación de logística monetaria y escisión monetal que fue la dinámica central en la operación de debilitamiento de la Peseta republicana. Esta operación exigió de la Peseta fascista un proceso de absorción de la base monetaria republicana conforme circulaba la nueva peseta por el territorio. Primero, paulatinamente y luego hasta el final de la guerra planteando el “contagio” de la inflación de la zona republicana, que se había generado a consecuencia de las actuaciones monetarias desestabilizadoras de las fuerzas rebeldes contra la Peseta legítima. La solución para impedir un “contagio” de la inflación fue el establecimiento de un rígido bloqueo de la base monetaria republicana que absorbían los insurrectos, ello ofrecería la oportunidad de poner a la Peseta al servicio del conflicto militar, dando lugar a la primera guerra monetaria conocida. Durante el transcurso de la contienda y terminada la misma fue necesario regular un desbloqueo de tal masa monetaria inmovilizada muy a costa de los vencidos por la guerra.

 

Ocurrieron dos hechos históricos, que de algún modo condicionaron la decisión posterior que fuese la FNMT la responsable en exclusiva y última instancia en fabricar el dinero en uso emitidos por el BdE; primero, que la fabricación de billetes en un contexto de guerra puso al descubierto el carácter estratégico de la peseta como un elemento más de la lucha armada y conquista87 El segundo hecho, fue que las dos fábricas extranjeras a las que tuvo que recurrir la insurgencia, planteo en numerosas ocasiones problemas de falsificación, tanto, previamente a su puesta en circulación como durante la circulación del papel. De ahí, la imperiosa necesidad en proveerse de una Casa de la Moneda, que produjera la masa monetaria en efectivo sobre la divisa peseta. En síntesis, podemos denominar como un monopolio monetario en lo relativo a la emisión por el FNMT en el Estado español, para el futuro y años después de finalizada la guerra.

 

A su vez, el Banco Central de Burgos realizó una operación que trataba de aprovechar la existencia y cuantía de papel en circulación por la República, para sacar una ventaja competitiva económica y militar de esta circunstancia a su favor. Por la cual, los insurgentes iban confiscando divisa republicana en los territorios conquistados conforme sus tropas avanzaban. Para ello, se diseñó, con toda precisión, un mecanismo regulador monetario que se concretó en la constitución y utilización del llamado Fondo de Papel moneda puesto en circulación por el enemigo, es decir, por la República (decreto ley del 12 de noviembre de 1936 y otro de septiembre de 1938). Cuyo objetivo era dañar la economía republicana desestabilizando la divisa y generando, a su vez, inflación en las circunscripciones republicanas. Allí donde operaba la Peseta legal y legítima. A través de este Fondo, aquel dinero se convirtió en una verdadera arma monetaria, eficaz y contundente contra la economía y gentes residentes en la República.



Al final de la guerra, en abril de 1939, a cambio de las pesetas republicanas con las que hasta la llegada de las tropas de Franco los españoles de la zona republicana habían comprado el pan, se habían subido al tranvía o incluso habían ido al teatro para evadirse momentáneamente de la guerra. Ese dinero era ahora canjeado por un documento con un encabezado enrevesado: Fondo de papel moneda puesto en circulación por el enemigo (Ver imagen). Un mero recibí de haber entregado a las nuevas autoridades fascistas el efectivo que aún quedase en sus manos, y que nunca se les devolvería. Ese dinero no se restituyó jamas88.

Para solucionar el resto del caos monetario hubo que esperar hasta finales de 1939 cuando José Larraz López, miembro de la Junta Técnica de Burgos (organismo sustituto de la Junta de Defensa), además de eminente jurista católico y director general de Banca, Moneda y Cambio, en el bando fascista durante la guerra, ministro de Hacienda del primer gobierno de Franco y uno de los impulsores de la guerra financiera junto al coronel José Ungría del SIPM (servicio secreto del ejercito rebelde) elaboró la definitiva ley de desbloqueo de capitales en diciembre de 1939.

Una comisión presidida por Larraz había señalado que, en lo concerniente a los billetes rojos, la situación era irreversible, ya que dicho efectivo se había anulado e ilegalizado en 1936. Sin embargo, Larraz abogó por una medida, más o menos, compensatoria pero solo en cuanto a los saldos bancarios.

Básicamente, quien no hubiera dejado congeladas sus cuentas durante la guerra verían como su poder adquisitivo caería vertiginosamente. La hiperinflación era una amenaza absolutamente real, como ha coincidido en señalar la mayor parte de los economistas, pero no dejaba de ser una ley de vencedores. El país estaba arruinado, sin embargo, los derrotados después de la guerra lo iban a estar todavía más89.

Esta guerra monetaria, declarada por la España franquista fue algo perfectamente planificado y decisivo por ello. El propio Larraz, llegaría a admitir, ya en 1938, que las normas implementadas en política monetaria de los fascistas españoles tenía un espíritu bélico ofensivo contra la república, y contra la denominada por los mismos como Peseta marxista. Que tuvo su principal consecuencia en la elevada inflación que ellos mismos provocaron en el área de circulación monetaria bajo control republicano.


Por tanto, la duplicidad de divisas originó la mencionada guerra monetaria. Se utilizó al dinero como un recurso bélico estratégico eficaz que desestabilizó y estranguló financieramente a la República, maniobra que fue posible gracias que la masa monetaria en circulación que existía era fundamentalmente de papel. Este hecho no se había producido en las constantes guerras civiles de centurias anteriores en España (en al menos las tres guerras civiles del siglo XIX, en ninguna de ellas hubo dos pecunias usándose indistintamente por los contendientes90), puesto que las piezas metálicas de las fuerzas beligerantes habían convivido entre sí con cierta naturalidad, gracias que, en el pasado, cada una disfrutaba de un valor extrínseco muy próximo al intrínseco del metal91. Circunstancia que dejó de ocurrir al operar un papel moneda, en ambos combatientes, de forma totalmente fiduciaria. Es decir, ningún metal respaldaba el valor de las dos pesetas en cuestión, tan solo el valor de la misma era respaldado por el hecho de ser emitida la Peseta por unos sujetos (de una parte las autoridades legítimas de la República, por la otra, unos mandos militares alzados contra la legalidad gubernamental) y por la credibilidad que desde los tenedores de deuda del Estado le daban a esos sujetos emisores de Peseta.  


Queremos destacar los artículos más significativos del decreto de 20 de enero de 1939, decía así: En su virtud, se dispuso. 


Artículo primero. A partir del día 20 de febrero próximo, se priva de curso legal a la moneda española de plata acuñada hasta el presente. 


Artículo tercero. El comercio o tenencia de moneda española de plata comprendida en esta Ley, con posterioridad a los plazos derivados de los dos artículos anteriores, respectivamente, serán juzgados y sancionados conforme a lo establecido en la vigente Ley penal y procesal de delitos monetarios. 


Artículo cuarto. La moneda de plata retirada de la circulación se conservará en el Banco de España, a disposición del Tesoro, abonándose en una cuenta especial titulada Plata propiedad de la Hacienda Pública. El Banco cargará en la cuenta general del Tesoro el importe nominal de dicha moneda satisfecho por aquel Establecimiento. 


MINISTERIO DE HACIENDA. ORDEN CIRCULAR de 23 de enero de 1939 estableciendo la forma y plazos de ejecución de la retirada de moneda de plata, establecida por la Ley de 20 de enero corriente. 


En virtud de lo dispuesto en la Ley de 20 de enero en curso, este Ministerio, se ha servido disponer: 


1.- A partir del día 20 de febrero próximo, se priva de curso legal a la moneda española de plata acuñada hasta el presente. 


2.- Los tenedores de dicha moneda, residentes en la España Nacional y Territorios Españoles de África, vendrán obligados a cambiarla, a la par, por billetes del Banco de España antes del día 28 de febrero próximo. 


3.- El cambio podrá realizarse en cualquier Establecimiento de crédito de nacionalidad española, sea Banco o Caja de Ahorros. A este fin, el Banco de España proveerá de billetes de función divisionaria en cantidad suficiente, a los Establecimientos de crédito, a instancia de éstos y mediante entrega del correspondiente contravalor. 


4.- En las plazas donde no existieren Establecimientos de crédito, los Ayuntamientos realizarán las operaciones de cambio, por cuenta de los vecinos, en el Banco o Caja de Ahorros más próximo a la localidad respectiva. 


5.- En los Territorios Españoles de África, se dispondrá, por las correspondientes Autoridades, cuando proceda, la sustitución oportuna de la función que en el número anterior se encomienda a los Ayuntamientos. 


6.- Los Establecimientos de crédito que hayan realizado cambios de plata por billetes, vendrán obligados, a su vez, a cambiar en las sucursales del Banco de España la moneda de plata recibida, antes del día 5 de marzo próximo. Los directores de los Bancos y Cajas de Ahorro, serán personalmente responsables del puntual cumplimiento de la obligación establecida en este número. 


7.- El cambio de plata en los territorios que en lo sucesivo se liberen del dominio enemigo, deberá cumplirse durante el plazo de canje ordinario de billetes, a través de los órganos que intervienen en dicho canje, según el Decreto de 27 de agosto de 1938. 


Lo que para general conocimiento se hace público mediante la inserción de la presente Orden Circular en el BOLETIN OFICIAL DEL ESTADO. Burgos, 23 de enero de 1939. III Año Triunfal. AMADO92.

Como recordarás, previamente al canje de la plata por billetes de 1939, el gobierno de Burgos en un decreto del 12 de noviembre de 1936, había declarado ilegales los billetes puestos en circulación por el BdE republicano, siendo a referir a aquellos puestos en circulación a partir del 18 de julio de 1936. En cuanto a los billetes puestos en circulación con anterioridad a dicha fecha, este papel moneda tendría que ser estampillado para tener validez legal en el territorio bajo control rebelde.

El BdE de Burgos comenzó a emitir papel con fecha del 21 de noviembre de 193693. Aunque, tampoco hay datos cuantitativos y censales fiables sobre la tirada real, emisión de deuda en billetes y pecunia fascista, que según Sánchez Asiaín pudo alcanzar en valor los 2.650 millones de la época, en septiembre de 1937. Sin embargo, la masa monetaria en efectivo contratada total para poder ser puesta en circulación alcanzó en total casi 50.000 millones en 1940. Según tales estimaciones, si sumamos el valor de cada una de las emisiones en papel que se produjo hasta dicha fecha resulta tal cuantía. 


Algunos de los nuevos billetes fueron fabricados en España, muy pocos, fraccionarios de escaso valor, pues del resto la mayoría de ellos fueron elaborados en Italia y Alemania. De igual manera, la piezas metálicas fue muy limitada en el territorio franquista.

 

A diferencia de la zona republicana, que sí acuñó numerario durante la guerra, los fascistas apenas lo hicieron. Esto le da un significado especial a la emisión metálica realizada por los rebeldes, que ya se ha señalado en apartados anteriores, y a la cual hemos dedicado un capítulo a parte. Únicamente acuñaron la pieza de 25 céntimos en Viena con similares características técnicas que la pecunia del mismo valor ya existente (25 céntimos de 1934), y que fue puesta en circulación estos últimos 25 céntimos en abril de 1938 por el bando levantisco. 


La Junta Técnica del Estado adoptó una serie de primeras medidas un tanto significativas en materia monetaria, como fue la de emitir una serie de disposiciones limitando la disponibilidad de efectivo. Entre otras, el que las oficinas bancarias no podían autorizar salidas de créditos no justificados, misión donde la Banca tuvo una valiosísima labor copartícipe junto a las juntas económicas provinciales y municipales. Aunque, cuantos esfuerzos se hacían a este respecto resultaban ineficaces para frenar el atesoramiento monetario que se produjo, sobre todo, de peseta de plata y otras monedas de alto valor metalístico, que se originó, tal vez, por miedo o por la incertidumbre que existía entre la población al hallarse en una guerra. Las únicas monedas que servían para comprar pan o leche eran las de plata y oro. Quien no las tenía, no podía comer ni darle leche a sus hijos94.

Los rebeldes, al igual que hicieran desde el bando republicano, habían impedido retirar importe por más de 2.000 ptas. de los bancos y cajas. Esta medida, había llegado el 24 de julio, cinco días más tarde que lo decretaran los rivales republicanos95. Desde el bando sublevado, la creada Junta Técnica del Estado había limitado el derecho a retirar fondos y valores. También, temían que podía producirse un colapso bancario tras una hipotética retirada masiva de fondos. Pero, los españoles residentes en el área ocupada no pensaron de igual forma que los nuevos dirigentes y autoridades de la zona insurrecta. Dos eran las razones que no les llevarían a la retirada masiva de sus fondos en cuentas bancarias. Por un lado, la existencia de una bancarización mucho menor en la parte controlada por el grupo alzado al comienzo de la guerra, y por otro, el hecho cuando se trataba de una parte de España más rural, donde el autoabastecimiento agrario no empujaba a sus habitantes a buscar con urgencia recursos pecuniarios en demasía. Como, en cambio, sí ocurría en el norte y este de España, donde, además, pronto se tuvo que recurrir a la emisión local republicana, a consecuencia de la escasez de base monetaria para hacer frente a los gastos pecuniarios más elementales del día a día de sus conciudadanos residentes. 


En el otoño de 1936, la Junta de Defensa Nacional y su sucesora la Junta Técnica del Estado habían ya fijado las directrices de la política monetaria durante la contienda bajo el mando sedicioso. El 20 de agosto, la Junta de Defensa Nacional había creado el Comité Nacional de la Banca española, en cuanto vino a ser un embrión de la ordenación bancaria en el sector sublevado. El 14 de septiembre se convocaba la primera reunión oficial del consejo del BdE de Burgos. En ella, los acuerdos que se adoptaron en estas primeras sesiones de septiembre sirvieron, de cimiento, al decreto ley del 12 de noviembre de 1936 aprobado en Salamanca, que privaba de valor los billetes puestos en circulación por el BdE republicano a partir del 18 de julio de 1936, obligando a marcar con una estampilla (fascistizar) todos los billetes emitidos antes de la sublevación96. Dicho Decreto-ley establecería, en síntesis la diferenciación de dos sistemas monetarios, entre la reconocida oficialmente por el bando insurrecto y la considerada por éstos como ilegal, que en realidad era la legítima, la Peseta republicana. 


El gobierno del Estado fascista en ciernes, con dicho decreto-ley regulaba el estampillado. En su preámbulo o exposición de motivos decía así: 


Gobierno del Estado. BOE, Burgos, 13 de noviembre de 1936. 


El nuevo Estado Español tiene que enfrentarse abiertamente con el trastorno que en la economía patria ha producido el hecho insólito y escandaloso del saqueo del oro (se inició el relato de Franco del saqueo del oro de Moscú que dura hasta hoy día) y de los billetes del Banco de España. Sin perjuicio de reiterar las protestas de carácter internacional, y de procurar canalizar los esfuerzos para conseguir la recuperación de aquel metal, se estima que ha llegado el momento inaplazable de adoptar medidas enérgicas, con fuerza coactiva, para impedir que los que trataron de desarticular la circulación fiduciaria puedan consumar y agravar sus funestos propósitos, lucrándose con los mismos títulos de crédito que expoliaron. A este propósito responde este Decreto-Ley. 


Se establece en él, para lograr tan altos fines, el estampillado, ya conocido y practicado en otras épocas algunas no muy lejanas, pero que ahora se implantan y regulan cuidadosamente con el carácter de medida de policía que sirva de dique al fraude, corrigiendo al propio tiempo el atesoramiento. 


La empresa que se acomete es tan necesaria como patriótica y se le dará cima con la colaboración entusiasta de la opinión pública, que soportará gustosa las molestias que hayan de ocasionársele, no sólo por propia conveniencia, sino también por el convencimiento íntimo de que se realiza una labor justiciera y coadyuva así al saneamiento moral de España, iniciado en el mes de julio último. 


Así mismo cabria destacar los siguientes artículos del decreto-ley: 


El párrafo segundo del artículo 4º, decía lo cual: la presentación de los billetes de los restantes lugares señalados en el artículo tercero (procedencia del extranjero) se llevará a cabo adjuntando a los mismos las guías acreditativas de la exportación, y verificándose la entrada por cualquiera de estas aduanas: Dancharinea (Navarra), Irún (Guipúzcoa), Vería (Orense), Fuente de Oñoro (Salamanca), Badajoz, Ayamonte (Huelva) y la Línea de la Concepción (Cádiz), o por la de los puertos de Sevilla, Coruña, Cádiz y Vigo, en cada una de las cuales se establecerá por el BdE una oficina receptora. 


Posteriormente, el artículo 7º estuvo presto a decidir que las oficinas receptoras del BdE burgalés, ubicada en las Aduanas mencionadas a que se refería el artículo arriba citado, enviarían al Banco Central en Burgos los billetes recibidos en unión a sus correspondientes guías de validez reconocida. El Banco procedería al depósito de los mismos, quedando sujeto su estampillado y subsiguiente devolución a las resoluciones que dictará una comisión calificadora, que determinaría la legitimidad de las guías presentadas. Cuando en la práctica se traducía en una confiscación del dinero (Peseta republicana) que entrara por las Aduanas bajo control rebelde. En vista que, además, dicha Comisión, a la cual aludía el decreto, estaba formada por dos representantes del Gobierno y otro del BdE de Burgos. Por tanto, la presentación en la Aduana de billetes republicanos en las fronteras de España era requisada in so facto, ya que en todo caso, no se estampillaba en el momento, había que presentar documentos que certificaran la procedencia de tal papel republicano. Aquello era cuan difícil de demostrar en la mayoría de los casos, respecto del por qué del origen de tales billetes republicanos en poder de cualquier particular, y que dicha Comisión diera por válido los argumentos respecto a tal procedencia. 


Este método de actuación engordó las arcas del Estado fascista en dinero republicano, puesto con la moneda obtenida lograban liquidez los primeros, y de otra parte, éstos lograban adquirir productos en el exterior. Así mismo, la peseta republicana conseguida era otra vez introducida de nuevo en la circulación monetaria republicana, para obtener a cambio de ella prebendas y financiación a Quinta columnistas. 


Así mismo, el artículo 12º advertía de las consecuencias de no estampillar los billetes. Decía así: la falsedad en la declaración exigida en el artículo 4º ó la simulación de operaciones para eludir o hacer ineficaz lo que se ordena en este Decreto-Ley, se estimará como constitutiva del delito de auxilio a la República, y sus autores serán castigados con la pena de reclusión temporal y multa del décuplo de la cantidad a que el hecho se contrae. 


El BdE en Burgos había comprado setenta máquinas manuales para fascistizar el papel moneda legal en circulación emitido con anterioridad al 18 de julio de 1936. Estampillado de unos billetes propiedad del Estado republicano. En su parte superior, el estampillado consistía con un sello en seco se marcaba la parte alta de los billetes, sello que estaba formado por dos círculos concéntricos, de 30 y 17 milímetros de diámetro respectivamente. Contenía el sello la inscripción todo en mayúsculas Estado Español Burgos, junto con una corona mural. Un emblema netamente republicano. Lo que evidenciaba dicha presencia iconográfica en los billetes era que se constataba, por el hecho en figurar tal significativo emblema, que los rebeldes aún no concluían por elaborar y definir su propia amalgama ideológica, y posterior parafernalia propagandística fascista. Por ello, en principio, hacían uso de la simbología republicana. Posteriormente, iniciarían un repertorio simbólico y publicitario fascista autóctono.

 

Este significativo Estado Español Burgos era un símbolo más que indicaba territorialidad y que, en principio, pretendía no tener sentido político alguno, según se expuso en el informe de la Real Academia de la Historia para el diseño de las pesetas de 186898. Sin embargo, a estas alturas la corona mural ya había adquirido un claro matiz liberal y republicano, por su difusión en el numerario y por su contraposición a la corona monárquica de las emisiones de la Restauración. Corona mural que haría uso la república en el billete divisionario, Certificado de Plata de 10 pesetas con fecha de emisión de 1935, puesto en circulación durante la guerra.


La presencia de este sello con la corona mural únicamente puede explicarse por no haber elaborado aún los rebeldes su propio emblema99. Si bien, una orden de la Junta de Defensa Nacional de 13 de septiembre de 1936, había mantenido la permanencia del escudo vigente durante la República, lo cual explica perfectamente la presencia de la corona mural en el citado sello100.

 

Dicho decreto había establecido un tope de quince días para el estampillado del papel moneda en el territorio ocupado junto al procedente de Gibraltar, Portugal, Francia y Norte de Africa. Los billetes que estaban en el continente europeo, veinte días, y por el resto del mundo el plazo se ampliaba a un mes. Las Islas Canarias tuvieron unos plazos de resello diferentes, mientras que las Islas Baleares permanecieron exentas del estampillado. 


Durante el plazo, los billetes se podían presentar en las sucursales del BdE burgalés, o en las cajas de ahorros y bancos colaboracionistas para ser canjeados101.

La Peseta fascistizada estampillada era muy fácil de falsificar102. Incluso, en París, existió una operación de este tipo, montada por el político republicano Juan Simeón Vidarte, que hizo brevemente vacilar la cotización de la Peseta franquista y obligó a plantear la emisión de los nuevos billetes fascistas103.


DEL ESTAMPILLADO A LA IMPRESIÓN DISTINTIVA 

A resultas que se había tomado conciencia por parte de los fascistas españoles de la posibilidad real de una guerra larga, no había quedado más remedio que acomodar las diferentes estrategias que el bando rebelde tenía sobre la Peseta. Ya dijimos, que la ruptura formal entre las dos pesetas se había producido cuando la estabilización militar en el frente de Madrid planteó una evidencia inequívoca, que no era que la guerra se iba a prolongar más tiempo del previsto inicialmente por los golpistas. Fue entonces, noviembre de 1936, cuando el gobierno insurrecto había roto la comunidad dineraria contra el gobierno republicano, mediante el estampillado o resello fascistizado de los billetes circulantes en el sector bajo su dominio, y los que radicando en el extranjero con guía de exportación pudieran acogerse a la jurisdicción monetaria de los sublevados. 


El estampillado fascista suponía marcar los billetes en su parte superior, con un sello en seco que contenía la expresión, ya citada: Estado Español-Burgos. En el centro de la circunferencia interior figuraba una corona mural, así mismo debía colocarse, preferentemente, dicho sello en la parte superior izquierda del billete.

 

La iniciativa tuvo nada más comenzar la operación de resello graves dificultades para desarrollarse y llevarse a cabo. Los sellos en seco se borraban enseguida con el simple uso y trasiego circulatorio, desde luego, los sellos húmedos fueron desaconsejados desde el principio por el BdE a raíz de su fácil falsificación. Sin embargo, desde el punto de vista económico y debilitamiento de la peseta republicana fue un rotundo éxito la fascistización de billetes republicanos.

 

Tan pronto el público de la zona republicana se enteró cuales serían los billetes reconocidos y cuales otros no, procuró retener el papel reconocido por los rebeldes, sin entregarlos en cuenta corriente, probablemente en los primeros tiempos que todavía eran relativamente abundantes los billetes de series consideradas por los mismos como legítimas. Luego, se harían sacas en las cuentas corrientes para obtener billetes resellados y por ello atesorar los viejos, devolviendo los otros.   Los comerciantes, por cuyas manos pasaban numerosos billetes disminuyeron sus entregas en cuenta corriente, porque no enviaban a ella más que los billetes fuera de serie. Aprovechando la moratoria no se pagaban los efectos sino cuando se podía hacer en dinero malo (republicano), lo cual produjo que los créditos ni se extinguían ni aminoraban, en palabras de Sánchez Asiaín. 


El 28 de noviembre de 1936 (publicado en BOE 29 de noviembre de 1936) por la Presidencia de la Junta Técnica del Estado, se concedió una pequeña prórroga para el estampillado hasta el 14 de diciembre de dicho año.

 

En cuyo decreto se decía: 


Es grande la aglomeración del público que acude a las Oficinas bancarias dentro del territorio ocupado, aportando billetes para que se proceda a su estampillado, lo que demuestra la necesidad de conceder una corta prórroga del término señalado para su realización a este respecto, por el Decreto-Ley de 12 de los corrientes. 


Y en su virtud he acordado: Que el plazo de quince días hábiles para la presentación al estampillado de los billetes del Banco de España, existentes en territorio nacional ocupado, se prorrogue en la siguiente forma: 


Primero. Hasta el día 8 de diciembre próximo tendrán curso legal por todo su valor en el territorio ocupado los billetes del Banco de España puestos en circulación con anterioridad al 18 de julio último, y en su consecuencia las entidades bancarias y Cajas de Ahorro vendrán obligadas a recibirlos con las formalidades legales en todas las operaciones propias de dichos organismos. 


Segundo. Transcurrida aquella fecha y hasta el 14 inclusive el mismo mes de diciembre, los tenedores de los billetes de referencia deberán, para su utilización, presentarlos directamente a los fines del estampillado en los establecimientos señalados en el artículo 4° del mencionado Decreto-Ley del día 12 del mes en curso. 


28 de noviembre de 1936. Fidel Dávila. Excmo. Sr. Presidente de la Comisión de Hacienda104. 

 

Asimismo, una vez desaparecieron las dificultades que existía en el Archipiélago Canario para el estampillado de los billetes del BdE, se procedió a realizar la fascistización del papel según había establecido el Decreto Ley de 12 de noviembre de 1936. 


Entre las consecuencias directas que originó el estampillando fue que la población atesorase los billetes admitidos y reconocidos como válidos por los insurrectos, los cuales, a medida que iban avanzando las tropas amotinadas eran entregados por las familias a los bancos adictos al a la postre Estado. Esa medida permitió dotar de liquidez al sistema financiero rebelde sin necesidad de emitir tantos y nuevos billetes, en principio. O sea, sacó a la luz todo un capital acumulado que no contaba reflejo alguno, previamente, en ningún depósito o entidad bancaria. Ello, de momento, beneficiaría a la contención de la inflación en su área de circulación monetaria.

 

Evidentemente, estas iniciativas monetarias tuvieron un fuerte calado entre la población civil e incluían la obligación de utilizar los billetes estampillados y la prohibición del uso de los billetes republicanos. La utilización de billetes no fascistizados, es decir, que no contuvieran la estampilla, se consideró un grave delito de guerra y se produjeron sentencias llamadas ejemplarizantes para quien osase utilizar el denominado dinero marxista como valor de cambio o reserva de valor en el territorio bajo su control.

 

La resistencia de los industriales, comerciantes o particulares a admitir billetes del BdE republicano o previos a la república, éstos sin estampillar, antes del plazo señalado para operaciones cambiarías, haría que éstos fuesen considerados como enemigos del Movimiento. En consecuencia, muchos fueron juzgados con todo rigor por los tribunales fascistas correspondientes105, compuestos por representantes del ejército, la magistratura, Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista (F.E.T y J. O. N. S), y de la Iglesia Católica.

 

Sin embargo, pronto surgiría el problema de la extensión del estampillado de billetes conforme arrebataban nuevos territorios al gobierno  republicano, en vista que se iba demostrando lo farragoso y difícil de este sistema de resello. De ello había nacido la extrema urgencia de emitir una nueva peseta para el área bajo control rebelde. Se pusieron en circulación nuevos billetes destinados al canje por los ya billetes fascistizados y previamente estampillados. Así como, la sustitución de los billetes republicanos que correspondían a series y números puestos en circulación antes del 18 de julio de 1936, de los que el Estado fascista sí reconocía su valor y se hacía responsable.

 

Por tanto, los billetes resellados circularon en el entonces suelo rebelde hasta el 31 de mayo de 1937, fecha límite cuando se ordenó su retirada mediante canje por los emitidos por el naciente Estado. Billetes con fecha 21 de noviembre de 1936106 y que fueron fabricados por la Casa Giesecke & Devrient de Leipzig107. Estaban impresos en litografía y tipografía sobre un papel con marca de agua continua sombreada, y en el que se encontraban embebidas unas tiras de papel coloreado y microimpresas junto a la constancia de la leyenda: Banco de España. Estas tiras, que pueden observarse por transparencia junto a la marca de agua, constituyen la principal medida de seguridad y eran una patente de G & D de 1909, que fue empleada en la confección de algunos billetes de bajo presupuesto de este fabricante durante el período de entreguerras y principios de los años cuarenta108.


Durante el régimen nacionalsocialista alemán, los directores de Giesecke & Devrient poseían estrechos vínculos con el partido nazi, que le permitió obtener contratos rentables para imprimir billetes de distintos países y empresas, entre ellos, el papel que utilizarían los alzados españoles, primero en la demarcación conquistada a la República, posteriormente, y finalizada ya la guerra en toda España. 


El contrato con G & D estuvo motivado ya que el tradicional proveedor del BdE, la Casa inglesa Bradbury & Wilkinson, temía problemas legales por entregar a los rebeldes109 unos billetes acordados, ya con anterioridad, con el gobierno de la república. Luego, los alzados se vieron obligados a contratar con G & D.

 

El BdE ubicado en Burgos quiso que los billetes de Bradbury & Wilkinson fueran depositados allí en lugar de Madrid. El gobierno republicano protestó desde Valencia alegando que ellos eran el auténtico y legitimo BdE en España. Ante la disparidad en la decisión, el servicio jurídico de la imprenta inglesa determinó que lo lógico era no entregar los billetes a los insubordinados, para no tener que pagar una posible sanción por incumplimiento de un contrato firmado con un gobierno legal. 


Ante la evidencia en cuanto que no saldría adelante la operación comercial monetaria con los ingleses, pues el intento fallido con el encargo en septiembre de 1936 a la Casa Bradbury & Wilkinson, y  posteriormente con Thomas de la Rue para fabricar billetes, no habían prosperado y por tanto dado al traste. 


La primera emisión realizada por el gobierno golpista fue de noviembre de 1936, como encargo complementario hubo otra en mayo de 1938, ambas se produjeron en las fabricas de la casa alemana Giesecke & Devrient. Estos primeros billetes se hacían en papel alemán, aunque llevaba la marca de agua y tiras con la ya citada inscripción Banco de España. Al respecto, señalaría José Larraz en sus memorias; unos malos billetes litográficos de la casa Giesecke & Devrient, que nada tenían que ver con los antiguos y majestuosos de la firma inglesa Bradbury.


Junto a los emitidos con fecha de 21 de noviembre de 1936, impresos por G & D y con valores de 25, 50, 100, 500 y 1.000, la casa zaragozana de litografía Portabella fabricaría dos billetes por valor de 5 y 10 pesetas. Su anotación era bastante neutra (en comparación con los posteriores billetes de 1 y 2 pesetas de Coen & Carte Valori), mostrando Portabella apenas un escudo que, salvo por la corona, aún podría considerarse republicano110.


Le sucedería una siguiente emisión, solo de 5 pesetas, con fecha de 18 de julio de 1937; precisamente coincidía con la prevista para la emisión de billetes no divisionarios fabricada por Coen & Carte Valori. La impresión de Portabella es técnicamente muy parecida a la anterior emisión de la misma, y el escudo representado era ahora uno imperial con una águila bicéfala (18 de julio de 1937). La última emisión divisionaria se encomendaría con fecha de 10 de agosto de 1938 a G & D (estuvieron en circulación hasta, nada menos que 1971), su diseño y características son idénticas a la serie de billetes del banco en circulación  del 21 de noviembre de 1936111.

La emisión de billetes no fraccionarios de julio de 1937 y la ampliación de papel moneda divisionario en febrero de 1938 fueron ambas realizadas de forma accidentada y parcialmente por Coen & Carte Valori (Milán)112. El BdE estaba comprometido con otra casa italiana distinta a Carte Valori, que había de suministrar los billetes calcográficos. Según Larraz aquella firma era una buena industria gráfica, pero no estaba preparada para la fabricación de papel para la circulación como destino a masa monetaria.

Económicamente, la estrategia del resello también había servido para dar liquidez económica al bando fascista, porque hizo que la población tuviera que sacar a flote todos sus billetes para ingresarlos en cuentas bancarias, de este modo, el BdE obtuvo la liquidez y una masa monetaria tan necesaria113 para afrontar las deudas contraídas, suministrando a su vez dinero efectivo a sus acólitos. Posteriormente, cuando se produjeron los nuevos billetes, los billetes fascistizados pudieron ser canjeados por el nuevo papel, aflorando así un nuevo numerario entre la población bajo el auspicio de la nueva autoridad pertinente. 





A partir de la puesta en circulación por el BdE, en la primavera de 1937, de auténticos billetes fascistas destinados al canje, desaparecieron las dudas que éstos cernieron sobre el billetaje representativo de España, acabando la simultaneidad de dos pesetas diferentes pero de diferenciación inequívoca al tratarse de billetes idénticos, únicamente distinguibles por una estampilla que hasta entonces a menudo había sido falsificada. A partir de este momento la guerra monetaria tomó otros derroteros, en lo que se refiere a aspectos estrictamente monetarios. 


Posteriormente, a los acuerdos adoptados a través del decreto del 12 de noviembre de 1936 se dictaminaría, nuevamente por el BOE, la Orden de 12 de junio de 1939, en tanto, se recogía la normativa para la entrega del papel republicano. 


La Orden de 12 de junio de 1939 precisaba la recogida del papel moneda enemigo en los términos municipales “liberados”, después de la ofensiva de diciembre de 1938. 


Ilmo. Sr.: Visto lo establecido por los Decretos de 27 de agosto de 1938 y 9 de junio corriente, este Ministerio se ha servido disponer: 


Los billetes del Banco de España que se reputan puestos en circulación por el enemigo después del 18 de julio de 1936, los llamados certificados de plata y el papel moneda del Tesoro marxista, que existan en los términos municipales liberados después de la ofensiva de diciembre de 1938, deberán ser entregados como se dispone en los números siguientes, si no se hubiere hecho ya. 


La entrega se realizará antes del 16 de julio próximo, en las sucursales del Banco de España, oficinas de la Banca privada, o Ayuntamientos en las plazas donde no hubiere Bancos, contra resguardo en que se hará constar los siguientes particulares: Ayuntamiento o Establecimiento receptor, cantidad nominal entregada, clase de papel moneda, fecha y firma del receptor. 


Los Bancos privados y Ayuntamientos receptores del papel moneda a que se refiere esta Orden, procederán a entregarlo en la sucursal más próxima del Banco de España en plazo no superior a los diez días siguientes a la recepción, que en ningún caso excederá del 26 de julio próximo, mediante relaciones duplicadas en que consten los nombres de los dadores y la cantidad aportada por cada uno de ellos. Una de estas relaciones, debidamente diligenciada por la sucursal correspondiente del Banco de España, se devolverá al respectivo Banco privado o Ayuntamiento, para su descargo. 


Las sucursales del Banco de España y las Secciones provinciales de Banca de los territorios afectados por esta Orden, cuidarán de promover la máxima publicidad de la misma de acuerdo con los Gobernadores civiles. 


En consideración al carácter definitivo de los plazos que en esta disposición se fijan, el Banco de España organizará los servicios de recogida del papel moneda enemigo, de modo tal, que la recepción quede totalmente ultimada antes de la expiración de los referidos plazos. 


Burgos, 2 de junio de 1939. Año de la Victoria. AMADO. Sr. Jefe del Servicio Nacional de Banca, Moneda y Cambio. Ministerio de Hacienda114. 


Parece obvio que para los insurrectos el estampillado y la anulación de los billetes anteriores al 18 de julio de 1936 fue una importante arma de guerra que desestabilizó el sistema monetario republicano. Sin embargo, para la población civil fue un considerable problema, ya que causó la ruina de millares de familias, empresas y entidades que simplemente por el azar se encontraban en un lugar no controlado por los alzados durante la guerra. Desde la toma de esta decisión de canje de la masa monetaria, las radios y periódicos del área rebelde y muchos medios de comunicación del extranjero no dejaban de informar que sólo eran válidos determinados billetes y el resto no serían aceptados. De esta manera se sumió en la incertidumbre a media España, que al terminar la guerra se quedó en la miseria si lo único que conservaba eran billetes del gobierno de la República posteriores su circulación al 18 de julio de 1936. También provocó que los que tenían billetes válidos consiguieran enriquecerse de forma rápida, ya que quien llegara a Barcelona, Madrid o Valencia con dinero fascista tras la ocupación de estas ciudades por las tropas rebeldes podían comprar prácticamente cualquier cosa a precio de saldo (tierras, casas, empresas)115. Como dijo Pedro Voltes; desde los tiempos de la desamortización de Mendizábal (1836) no se había registrado en España un cambio tal de patrimonios y caudales de tal envergadura, que por supuesto iba en beneficio de los afectos políticamente a la España surgida del 17 de julio116.


El 7 de septiembre de 2018 el Boletín del Congreso de los Diputados publicó una proposición de Ley presentada por el grupo parlamentario de Esquerra Republicana de Catalunya117, cuya propuesta inicial pretendía enmendar la Ley de Memoria Histórica en lo relativo a la restitución del papel moneda saqueado a los civiles republicanos, y que venía a decir que, se establecería reglamentariamente un procedimiento para restituir a las personas perjudicadas, o en su caso, a sus herederos, el dinero incautado por el régimen dictatorial de Franco, que conformó el denominado Fondo de papel moneda puesto en circulación por la República, así como aquel depositado en las cuentas corrientes del BdE con el título de Billetes de canje desestimado, con un valor actualizado al año en curso. Donde una comisión creada a tal efecto decidiría sobre la validez de dicha acreditación, siendo prueba los asentamientos de entrega que disponga el actual BdE y, en caso positivo, procedería a su inmediata devolución con un valor actualizado al año en curso. Además se establecería reglamentariamente el derecho de intercambiar papel emitido por el gobierno de la 2ª República de emisiones de 1928 a 1939 por divisa de curso legal. Dicha parte de la propuesta quedó rechazada por el pleno de la cámara del Congreso de los Diputados español.





LA MASA MONETARIA NAZI-FASCISTA 

La importancia para una relativa efectividad en la creación de dinero se  debe y produce cuando se involucran tres instituciones y agentes económicos. En este caso se trató de una Casa de la Moneda, que se encontraba en ciernes y daría lugar a la FNMT, unido a las Secretarías del Tesoro o Ministerios de Hacienda, que era la fuente del papel moneda, además de los Bancos privados colaboracionistas de diversas clases118.

En marzo de 1937, diez días después de proscribir el papel monetario republicano, el BdE en Burgos comenzó con las primeras emisiones de billetes del bando insurgente y consolidó una situación un tanto anómala e irregular por la emisión de otra peseta distinta de la estatal republicana.

Los rebeldes habían preparado su primera emisión de billetes con la Casa G & D, papel moneda fechado a 21 de noviembre de 1936. Constaba de los cinco valores tradicionales: 25, 50, 100, 500 y 1.000 ptas. Por otro lado, se imprimirían dos billetes divisionarios de 5 y 10 ptas, aunque fabricaría estos dos pequeños billetes fraccionarios la zaragozana Casa Portabella, con papel y tinta importado.

El BdE de Burgos se lanzó, sin el menor complejo, a la emisión fiduciaria sin respaldo metálico, pese a carecer de una Casa de la Moneda con funciones emisoras en la fabricación. Las emisiones divisionarias fechadas en noviembre de 1936 de billetes de 5 y 10 ptas., y la de julio de 1937 de billetes de 5 ptas., como dijimos más arriba, fueron estampadas por la empresa zaragozana Litografía M. Portabella119, que imprimiría en offset sobre papel alemán120 proporcionado por Giesecke & Devrient.

La emisión divisionaria de agosto de 1938 de billetes de 5 ptas. se realizó esta vez en exclusiva por Giesecke & Devrient. La emisión de octubre de 1937, de billetes de 1 y 2 ptas, febrero de 1938 de 1 pta. y las de abril, también, de 1938 de billetes por 1 y 2 ptas., la realizan Calcografía Coen & Carte Valori.

El BdE burgalés tanteó a la firma R. Oldenbourg121 de Múnich en 1938122, aunque acabó consolidando su relación con G & D, a pesar de la mala calidad de sus billetes. 


Los billetes fraccionarios de Portabella aunque debían estar respaldados por un mismo monto de piezas de plata no lo estaban, pese a constatar en el billete la expresión: De Curso Legal. La dura realidad del momento no lo permitía, luego se emitieron mucho más papel que plata era recaudada por los rebeldes, de ahí que, los billetes carecían de un valor representativo metalístico, a pesar de la referencia indirecta a la plata en dichos billetes. A diferencia de los billetes de 5 y 10 pesetas de la emisión de 1935 y dispuesta para la circulación por la república durante la guerra, donde figuraba la expresión Certificado de Plata. 


El problema de los billetes y su aceptación se planteaba desde primera hora en las áreas que iban ocupando militarmente123. En principio, se decidió emitir decretos concretos de canje para cada sector, provincia o municipio de la cínicamente llamada como zona liberada. Así, para el canje de billetes en Bilbo, el BdE dictó una orden el 24 de junio de 1937, indicando un plazo de veinte días hábiles a las personas e instituciones residentes en la capital vizcaína durante el día 19 de junio de 1937. Podían presentar al canje los billetes en su poder y que hubiesen sido emitidos siempre con anterioridad al 18 de julio de 1936. Los billetes posteriores a esta fecha, como recordarás, no tenían ningún valor en suelo rebelde.


Estas regulaciones fueron el modelo para las órdenes dictadas tras la conquista y toma de otras poblaciones como se trató con Santander y Gijón124. Aunque, por Orden de 10 de julio de 1937 se dictaminó aceptar unos plazos especiales en favor de los ciudadanos que se denominaron personas adictas recientemente liberadas, en concreto, la orden cita a las personas que, no sin recursos dinerarios, lograron escapar de la definida como zona roja, una vez finalizado el período del estampillado. Siempre y cuando se certificara que tras las oportunas pesquisas y averiguaciones éstas eran adictas al Movimiento. Se dictó una normativa especial ad hoc, que será ampliada por orden de 21 de mayo de 1938 y tras la finalización de la guerra por otra de 4 de mayo de 1939, a fin evitar perjuicio económico alguno a sus seguidores.

 

Tras los siguientes avances de las tropas fascistas se dictó una nueva orden general el 1 de abril de 1938 para el canje de los billetes anteriores al 18 de julio de 1936, en todas las poblaciones consideradas por ellos como liberadas, que fue ampliada por otra más específica de 27 de agosto de 1938, retocada tras la toma de Barcelona por otra de 2 de marzo de 1939, que ampliaba plazos, ya que las poblaciones que ahora pasaban a poder de los sublevados contaban con una gran cantidad de población. 


Es necesario resaltar de forma especial varios decretos, como el emitido el 27 de agosto de 1938. Por entonces, el gobierno de Burgos y el BdE trataban de regular, detalladamente, varios problemas monetarios. En primer lugar, el canje de billetes en las poblaciones conforme las operaciones militares iban ocupando. En segundo lugar, se creaba un Tribunal de Canje extraordinario de Billetes para así atender las peticiones no reguladas en otras órdenes125.

MINISTERIO DE HACIENDA. ORDENES 


El Decreto de 27 de agosto sobre canje ordinario de billetes en las plazas que se liberen, viene a sustituir la Orden de este Ministerio de 10 de abril último, en cuanto a las citadas operaciones de canje se refiere, entendiéndose, por tanto, que el número 90 de la referida Orden, relativo al bloqueo de los incrementos de saldos de cuentas corrientes y depósitos de ahorro, continúa en vigor, mientras no se dicten otras disposiciones, por cuanto que nada en contrario se establece en el mencionado Decreto. 


Burgos, 5 de septiembre de 1938. AMADO. Sr. Jefe del Servicio Nacional de Banca, Moneda y Cambio.


A los efectos de lo dispuesto en el artículo 7º del Decreto de fecha 27 de agosto pasado, sobre retirada del papel moneda puesto en curso por el enemigo, los particulares y entidades de la España Nacional, obligados al presente por dicho Decreto, realizarán la entrega del citado papel moneda en el Banco de España, Banca privada o Ayuntamientos en las plazas donde no hubiere Bancos, con posterioridad a la publicación del oportuno anuncio por la Sucursal del Banco de España en la capital de la provincia. Dicho anuncio se publicará, no más tarde de los veinte días siguientes a la inserción, en el BOLETIN OFICIAL DEL ESTADO del Decreto sobre la materia a fin de que resten otros veinte días, por lo menos, para la retirada material del papel moneda enemigo que exista en la provincia. 


El Banco de España procederá con urgencia a la instrucción de sus respectivas Sucursales, impresión y reparto de resguardos, para el debido cumplimiento del citado Decreto. 


Queda entendido que el párrafo primero de la presente Orden no se refiere a los Municipios donde actualmente esté abierto el período normal de canje de los billetes reconocidos por el Banco de España. En estos casos, habrá de estarse, para la retirada del papel moneda enemigo, a lo dispuesto en el artículo 3º, apartado c), del Decreto de referencia.

 

Burgos, 5 de septiembre de 1938. AMADO .Sr: Comisario de la Banca Oficial (Banco de España)126.


La empresa Giesecke & Devrient radicada en Leipzig había fabricado por encargo del BdE de Burgos el papel moneda de las emisiones de 1936, 1937 y 1938, así como el papel para los billetes de las emisiones de 1936 y 1937 de Portabella. G & D, además, se trataba de la misma empresa quien entre 1922 y 1939 fabricaría billetes para el Reichsbank (nazi desde 1933), Banco Central de Alemania.

 

G & D envió las primeras remesas de papel por avión desde Alemania a España, pagado por los fabricantes. Tras la declaración e inicio de la 2ªGM en Europa, la última remesa se realizó por vía marítima a través de Italia por un navío de guerra español minador clase Júpiter.

 

El anverso de estos billetes por regla general era muy básico y el reverso de los tres valores superiores mostraba monumentos de España. Entre los cuales por su valor simbólico para los fascistas españoles destacaba el Alcázar de Toledo en el billete de mayor valor: 1.000 pesetas.

 

La Junta Técnica del Estado había ordenado el 9 de marzo de 1937 la retirada de los billetes fascistizados estampillados y su canje por los recién emitidos. Comenzó la operación monetaria el 15 de marzo de 1937 y el plazo oficial, tras varias prórrogas, se prolongaría hasta el 31 de dicho mes. La ocupación militar de más sectores y el paso de ciudadanos desde suelo republicano a la invadida por los sublevados, obligaron al BdE burgalés a desarrollar una compleja normativa sobre canje de billetes en los años futuros, como ya hemos reflejado, por ejemplo, con la Orden de 12 de junio de 1939. 


Por otra parte, la empresa transalpina Coen & Carte Valori, fabricó billetes en emisiones de 1937 y 1938 en nombre del BdE, junto a aquellos de la emisión de 1940, ya con sede en Madrid. Tuvo muchísimos problemas con la fabricación de algunos de los encargos realizados para el suplantado Banco Central español, incluidas tardanzas por incumplimientos de los plazos acordados, falsificaciones y circulación de billetes antes de ser lanzados oficialmente al mercado, generándose un pleito que duraría décadas127. Sin embargo, el BdE de Burgos fue quien finalmente tuvo que indemnizar al fabricante italiano tras el contencioso, al igual que a la casa alemana. G & D hizo lo propio e imprimió una tirada con más papel moneda, al margen del inicialmente acordado con las autoridades fascistas españolas, por ejemplo en 1942, cuando G & D, parece ser, introdujo billetes falsos 128  de: 


100 Ptas (Emisión del 21 noviembre 1936) = Serie V del 400.001 al 980.000; Serie X del 250.001 al 750.000; Serie T del 150.001 al 850.000.


100 Ptas (Emisión del 20 mayo 1938) = Serie D del 0.050.001 al 2.000.000; Serie [Ininteligible] del 3.000.001 al 7.500.000; Serie F del 5.900.001 al 9.500.000. 


50 Ptas (Emisión del 20 de mayo 1938) = Serie B del 5.000.001 al 9.999.999; Serie C del 6.000.001 al 9.999.999; Serie E del 3.000.001 al 9.999.999.


25 Ptas (Emisión del 20 de mayo 1938) = Serie C del 4.500.001 al 8.500.000; Serie D del 1.500.001 al 9.000.000.

 

De ahí, estos sucesos unidos a las continuas falsificaciones de papel moneda en circulación produjo que pronto se tuviese que restituir, en parte, la masa monetaria impresas por Coen & Carte Valori y G & D, ahora sí, por la ya Casa de la Moneda (FNMT) del BdE.

 

De ahí, que se recurrió a alemanes e italianos para la fabricación de dinero en efectivo para su uso y circulación en el área fascista, y con quienes ya existían unos contactos previos por representantes del BdE de Burgos, como fue la presencia destacada de Antonio Goicochea en Italia en los días previos al golpe de Estado. Hay que apuntar que estos billetes que finalmente se emitieron eran más baratos y de peor calidad que los emitidos previamente por el homólogo británico. 


Al inicio, la emisión de billetes divisionarios se efectuó, principalmente, y salvo un único billete por valor de 5 ptas. de G & D, se imprimieron, salvo esta excepción, en su totalidad entre la Casa Portabella de Zaragoza y la sociedad italiana Coen  &  Carte Valori129. Con esta última casa el primer contrato se firmó en septiembre de 1937; el segundo, en octubre; el tercero, en febrero de 1938 y el cuarto y último, en abril de ese mismo año. En total, en aquello que se refiere a papel divisionario, Coen & Carte Valori fabricó más de 220 millones de billetes de 1 y 2 pesetas.


Para la elaboración del diseño de los billetes en 5 y 10 pesetas fabricados por Portabella, ya anteriormente mencionados, se habían emplazado por el Banco Central de Burgos gracias a los grabados calcográficos de José Luis López Sánchez-Toda, el único grabador (también de los 25 cent. de 1937) de la FNMT que se había pasado al bando insurrecto130. Quien proyectó un anverso con un emblema que ya presentó por sí mismo un matiz diferenciador respecto al escudo republicano debido al tipo de corona-escudo representada. 


Igualmente, para el billete de 1 peseta del 12 de octubre de 1937, la corona que se representaba en el billete era la monárquica, no la mural que se había utilizado para los sellos en secos estampillados. Logrando ahora diferenciarse, aún más, del papel republicano en circulación. A su vez, no se ahorraron recursos para darle al mismo una apariencia de billete de banco ante los usuarios. Los rebeldes lo emitieron con la expresión El Banco de España pagará al portador. De esta manera, por ser certificados de la unidad monetaria, mostraba el billete un escudo que era un símbolo inequívocamente monárquico.


De los valores de 1 y 2 pesetas se realizaron tres emisiones, todas ellas producidas por la aciaga Coen & Carte Valori italiana, que en estos casos más sencillos sí que fue capaz de realizar un trabajo de calidad. Una primera emisión de 1 y 2 pesetas del 12 de octubre de 1937; una segunda de 1 peseta del 28 de febrero de 1938 y una tercera de valores de 1 y 2 pesetas del 30 de abril de 1938.



El billete de 1 pta. de la emisión fechada el 12 de octubre de 1937 tenía un escudo muy significativo en el anverso, el de la Casa de los Borbones. En cambio, en el billete de la emisión de 28 de febrero de 1938, se produjo una especie de evolución o más bien transformación del escudo. Fue sustituido el de Carlos III131 por otro escudo distintivo de España en fecha histórica: una corona cobijada por el águila de San Juan de Fernando e Isabel (Reyes Católicos). Siendo ya revelador del trasfondo político que tenían estos cambios en la simbología contenida del papel moneda, además del mensaje ideológico que se quería transmitir con el cambio de escudo, al dejar de un lado la referencia tan directa a la decadente dinastía francesa y monarquía de los Borbones, para en cambio, retomar y abrazar a un escudo más cercano a la monarquía de los Austrias y su pasado imperial centro europeo. Los billetes de 1 peseta de esta otra emisiones eran idénticos a su predecesor, salvo por la fecha de emisión, y como no, por representar ya en éste el nuevo escudo de Sanchez-Toda, que se conocerá como del nacional catolicismo, del 2 de enero de 1938.

Como decíamos, en un primer instante en el billete de 1 pta. figuraba el escudo del monarca dieciochista, Carlos III. Lo cual trataba de visualizar en él la idea, que tenían al principio algunos golpistas, sobre la continuidad monárquica encarnada en la dinastía de los borbones, pero a su vez tal presencia evidenciaba la amalgama de las derechas golpistas y la indefinición que todavía se constataba en los sublevados.

En el billete de 1 peseta de octubre de 1937 destacaba su anverso, pues en él se representaba un escudo de armas, pero no el del bando sublevado sino el borbón de Carlos III. Tratando de transmitir la hipotética idea que tenían algunos insurrectos de una futura restauración monárquica132 en la figura de Alfonso XIII o en su hijo Juan. Otros autores han visto una relación directa en la elección de este escudo con la elección de la bandera y del himno con la real133. Lo que sí parece claro es que la elección del escudo obedece directamente a la inicial indeterminación que existía, hasta dicha fecha, en el bando fascista a la hora de asumir y crear una propia iconografía ideológica. De paso, también se pone de relevancia la indefinición en quién ejercería la futura jefatura del Estado, puesto que anduvo en el juego de la ambivalencia, entre restauración monárquica, nacional catolicismo y nazi-fascismo.

No se perdió, en ningún momento, la referencia al BdE como poder emisor, tanto en el anverso como en el reverso del billetaje. Donde, a la vez, se indicaba el valor del billete adornado con diversas filigranas y motivos geométricos.

Pese que el billete fue emitido por el BdE de Burgos, su impresión tuvo lugar en Milán (Coen & Carte Valori), por aquello que los tipos estampados presentaban una mayor perfección que si se hubieran fabricado en el marco geográfico español o por Portabella, o con una, todavía, precaria Casa de la Moneda134.

El billete de 1 pta. que llevaba la fecha Burgos 12 de noviembre de 1937, fabricada por Coen & Carte Valori, o las 5 ptas. con fecha Burgos 18 de julio de 1937, fabricadas por Portabella, en cuyo anverso aparece una matrona romana como alegoría del comercio la industria y la agricultura, acorde a las tendencias ideológicas de la época y al gusto republicano, chocaban con la simbología que adoptaría después el gobierno de Burgos. Ambos, son muestras palmarias, a su vez, de la indefinición en la imaginería ideológica de los insurrectos.

 

Franco no terminaría por olvidar a los monárquicos pro Alfonso XIII. El billete de 1 pta. de la emisión fechada en 12 de octubre de 1937 tenía un escudo de la Casa de los Borbones en el anverso. Aunque, en la unidad Peseta de emisión de 28 de febrero de 1938, fue sustituido por el emblema monárquico de los Austrias, pero con una corona cobijada por un águila que imprimía un carácter imperial y que acabaría apropiándose Falange como un elemento más de su parafernalia fascista. A pesar de ello, la nueva corona ya era premeditaría de lo que iba a ser el nuevo régimen tras la muerte de Franco, con una democracia tutelada por un monarca que había jurado, previamente, lealtad a los principios fundamentales del Movimiento. Una monarquía, la de los borbones, encarnada en la figura de Juan Carlos I que quedó desde muy joven cobijado, cuan Franco águila nimbada, y heredando de él, de Franco, y no de su padre ni de la constitución, la jefatura del Estado español. 



Hay evidencia documental que demuestra que por parte de Carlistas y monárquicos borbónicos, donde existía sectores del franquismo que se sentían profundamente decepcionados con la línea criminal que estaba adoptando el fascismo español, se sentían traicionados por el general. Éstos no se habían sublevado para poner a Franco en el poder así por qué sí. En los años 40 del siglo XX, los monárquicos ante autoridades británicas hacían un balance negativo de Franco y la situación que se vivía en el país. Una autocrítica y reconocimiento que llegaba muy tarde. A estas alturas se muestra un tanto poco creíble dicho relato o más bien increíble que, actualmente, nos vengan con esos arrepentimientos mirando en retrospectiva. 


Los monárquicos contaban que el papel de Falange fuera el de unos meros pistoleros, que debían realizar el “trabajo sucio” y no el protagonismo en lo político y económico que llegaron a ostentar durante todo el régimen, sobre todo en sus primeros años de andadura de la dictadura.

 

Nos encontramos en el diseño del papel moneda algunos de los elementos arribistas más directamente comprometidos con el Movimiento; el soberano, la religión omnipresente, la mítica cruzada, la glorificación de la gesta militar, etc, que serán el hecho cotidiano de cada día y la muestra fundamental ideológica e iconográfica durante todo el régimen en el billetaje producido.


Por otra parte, los dos billetes de 2 pesetas de 12 de octubre 1937 y 30 de abril de 1938, eran ambos prácticamente iguales, salvo por las tonalidades de color. En ellos figuraba una vista del Arco de Santa María de Burgos, con las torres y cimborrio de la catedral detrás. Los reversos de todos estos billetes mostraban la expresión de su valor y la leyenda Banco de España. En definitiva, se recurría a los temas centrales que “iluminarían” las distintas series de billetes durante la guerra y posguerra con la alusión implícita al cristianismo. Siendo totalmente explícitos al mostrar el discurso perfectamente diseñado y adoctrinante entorno a la religión católica. De igual forma que se hizo con el billete de 1 peseta mostrando el escudo monárquico, en primera instancia, con la emisión del 12 de octubre de 1937. Cuando dicha alusión a los borbones podría haber resultado mal concebido por su contenido a la casa real de Carlos III, precisamente, en un momento en el que el infausto recuerdo de Alfonso XIII aún se conservaba plenamente entre la población. De ahí, el lógico cambio en  el proceder en las siguientes emisiones del billete de 1 peseta, pero, ahora sí, con el águila de San Juan junto al escudo de los RR.CC.


En el billete de 2 pesetas de 12 de octubre de 1937, vuelven a estar al mismo nivel la propaganda política y la propaganda religiosa, pues el nuevo régimen había adoptado, otra vez, en representar la temática del nacional catolicismo como su seña de identidad monetaria. La referencia a los símbolos cristianos quedó patente, una vez más, con la representación del Arco de Santa María de la catedral de Burgos (lateral izquierdo del billete), monumento religioso por excelencia. Burgos, como ocurrió con el billete de 100 ptas. de noviembre 1936, será un lugar recurrente para plasmarlo en el nuevo papel como ciudad fiel a Franco y sede de su gobierno fascista. Por el contrario, el anverso de las 100 ptas de noviembre de 1936, como singularidad carece de cualquier connotación política o religiosa al implantar la marca de valor en un medallón central izquierdo, rodeado de filigranas. Esta pieza de 2 ptas. de 1937 se mantendrá con las mismas características en la emisión del 30 de abril de 1938135, cambiando únicamente las tonalidades del billete. El color predominante del anverso es el verde oscuro y ocre, mientras que en el reverso es el gris oscuro y ocre.





La tipología general se mantuvo en las nuevas emisiones de 1 peseta del 28 de febrero y el 30 de abril de 1938; los motivos geométricos, las filigranas decorativas, etc. Sin embargo, en cuanto a la simbología se introdujo importantes novedades. Mediante el decreto del 2 de febrero de 1938, se modificaba el escudo nacional para representar al considerado como el del nuevo Estado. Escudo radicalmente distinto en sus esencias de aquel al cual había venido a sustituir, tal como se afirmaba en dicho decreto136.


El escudo del Estado fascista fue ideado por Dionisio Ridruejo137 y por un equipo de diseñadores coordinados por Ramón Serrano Súñer (filo-nazi reconocido, Ministro de Interior y cuñado de Franco). Este escudo que estuvo siempre presente al servicio de la nueva simbología del régimen se basó en el blasón de los RR.CC., con la única sustitución de las armas de Aragón-Sicilia por las de Nafarroa, esta última región leal a Franco y que por ello mantendría sus fueros138. De este periodo se tomarán numerosos símbolos al adaptarse perfectamente a su ideario fascista, con unos principios y aspiraciones políticas como el de restaurar una supuesta solidez en la para ellos un concepto lineal y excluyente de España, durante la época del reinado de Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón. Donde se había conseguido, siempre según el ideario franquista, una unidad política de España, amparada ésta bajo la cruz cristiana tras completar la conquista de Al- Andalus y expulsar a moros y judíos139 de la península ibérica. En este sentido cabe destacar la equiparación de la Guerra Civil a la denominada por algunos como Reconquista, por su lucha contra un infiel a Dios y a la patria.

En la primera pieza emitida el 28 de febrero de 1938 por Coen & Carte Valori, con valor de 1 pta, en el remate del blasón puede apreciarse la diferencia con respecto a las piezas de 5 y 10 ptas. de 1936 de Portabella, al establecerse en los de 1938 una corona real diferente a la cerrada de los borbones. Todo el escudo se encuentra bajo el águila nimbada de San Juan, igualmente presente en el escudo de los RR.CC., representando el cobijo “divino” a la España franquista como recompensa a su adhesión al catolicismo140. Se encontraba flanqueado por las dos columnas de Hércules, con la leyenda PLVS VLTRA, símbolo de la expansión imperial y ultramarina del pasado histórico. El mensaje propagandístico adquiría más carga ideológica, si cabe, con la banda que figura a los lados del cuello del águila, VNA GRANDE LIBRE. Todo el conjunto se completaba con los símbolos del yugo y las flechas en la parte inferior del escudo, y las divisas personales de Fernando e Isabel que ya habían sido asumidas por la Falange141.  En el reverso del billete de 1 pta. se aprecia la marca de valor incrustada en un medallón, sin dejar de hacer referencia al BdE. Esta pieza se mantendrá idéntica que aquella de igual valor emitidas el 30 de abril de ese mismo año del 38, también por la cuantía de 1 pta. Así mismo con dicha fecha se emitirá el billete de 2 ptas., similar en diseño, no en color, a los predecesores fabricados por la Casa milanesa, de 12 de octubre de 1937. 


Posteriormente, ya finalizada la guerra, se dotaría en dar una mayor importancia y protagonismo a la FNMT, facultándola para lograr establecer con carácter permanente el servicio de fabricación, estampación de los billetes y monedas como Banco emisor, concertando los oportunos contratos de suministro al Estado español. Su primera actuación fue la de facilitar la masa de moneda de la que el mercado interior español era más que deficitario, por las irregularidades en las emisiones previas tiradas a la circulación así como las abundantes falsificaciones.


BILLETAJE PROCEDENTE DE ALEMANIA E ITALIA 


Como hemos remarcado con anterioridad, la separación monetaria entre la peseta de la República y la del naciente Estado fascista se consumó mediante diversas iniciativas económicas y monetarias de emergencia en noviembre de 1936, que propiciarían, conjuntamente, la escisión de la unidad monetaria Peseta en dos. En primer lugar, la Comisión de Hacienda142 de la Junta Técnica del Estado rebelde anunció, el 7 de noviembre de ese mismo año, que no reconocería los billetes puestos en circulación por el gobierno de la República, emitidos después del 18 de julio de 1936. Ya dijimos que mediante decreto redactado en Salamanca el 12 de noviembre, se había ordenado que se estampillasen todos los billetes que se utilizaban desde antes al 18 de julio.

La separación física y legal entre las dos pesetas estuvo pues totalmente consumada a principios de 1937. Esta división, también, se produjo en los mercados internacionales donde los billetes pesetas fascistizados por la Junta de Defensa empezaron a cotizarse por encima de la Peseta republicana, es decir, de la Peseta legítima y legal que emitía el BdE de Madrid.

Alemania e Italia no tardaron en reconocer oficialmente al gobierno de la Junta Técnica. Aquello que hacían era respaldar y “solidificar” en la jefatura del Estado al general Franco, el 18 de noviembre de 1936, así como su Peseta. Hasta febrero de 1939, fue cuando el régimen obtuvo un reconocimiento internacional, aunque no fue tan unánime entre los países democráticos de la época. Así quedaría excluida de la fundación de la Naciones Unidas en octubre de 1945.

Luego, como el BdE de Burgos no disponía de billetes de reserva, puesto que los tenía el republicano de Madrid, el Consejo del BdE burgalés tuvo que gestionar la emisión de billetes propios y poder conseguir billetes de reserva, al igual que poner otro papel moneda en circulación paralelamente a los estampillados143 que estaban siendo sustituidos. 

Entonces, al bando fascista le urgía contar con nuevos billetes para sustituir a los que en su momento estampilló fascistizándolos e iniciar una serie de emisiones rápidamente en papel moneda. La primera de ellas hacía constar en el billete el día 21 del mes de noviembre del año 1936, pese que su impresión se produciría en 1937.


Por tanto, se entiende la importancia que tenía el papel moneda desde el punto de vista económico, si bien, también propagandístico y estratégico militar. El BdE de Burgos había decidido, en inicio, emitir sus propios billetes con fecha 21 de noviembre de 1936144. Siete valores diferentes fueron estampados; 5, 10, 25, 50, 100, 500 y 1000 ptas. Como ya comentamos, los nuevos billetes fueron fabricados cinco de ellos en Alemania y dos en España con papel alemán145.


En términos fetichistas, dichos billetes emitidos son un producto de calidad mediocre, en líneas generales. La singular provisión que supuso la emisión por el Banco de Burgos dan cuentan los mismos billetes. Pese a todo, algunos de ellos, como los no divisionarios, no fueron retirados oficialmente de la circulación hasta la década de los 70 del siglo XX, evidenciándose además, que no fue hasta muy después de la contienda cuando el BdE recuperó la plena política de emisión de años predecesores, en cuanto a dotarse de una masa circulante de proyección y ejecución totalmente autónoma. Así como control y regulación de la masa monetaria en efectivo realmente tirada y presente al público.
















PAPEL MONEDA DEL BANCO CENTRAL DE BURGOS Y EN CIRCULACIÓN DESDE 1936 A 1940.

 

Los primeros billetes de la Casa Portabella de fecha 21 de noviembre de 1936 por valor de 5 y 10 pesetas, destacaban por su iconografía representando en el anverso dicho nuevo escudo nacional, así como una referencia al órgano emisor. El BdE era quien respaldaba la emisión de este papel moneda, junto a las firmas del gobernador se incluían las del cajero y el interventor. En el reverso, por el contrario, se buscaba la simplicidad con la marca de valor, tanto de forma numeral como nominal. El hecho más importante y novedoso era la tipificación como delito de la falsificación del billete que se hace constar en el reverso, como una muestra del miedo que querían imponer al figurar en el propio billete impreso la leyenda: LA FALSIFICACIÓN DE ESTE BILLETE SERÁ SANCIONADA CON EL MÁXIMO RIGOR. Como curiosidad, Portabella  serán los únicos que impriman un billete de 10 pesetas, y que se emitiría durante la Guerra Civil, si bien se usaría posteriormente durante gran parte del Franquismo146. Ambos billetes, 5 y 10 pesetas, fueron fabricados por la empresa litográfica zaragozana con papel offset importado a través de los nazis.


A continuación, tenemos el billete de 25 pesetas de Geisecke & Devreiet es tipológicamente muy diferente en la iconografía presente en cuanto a los dos valores anteriores de 5 y 10 de Portabella. En el anverso, al igual que en los divisionarios, no se omite la referencia al bando fascista pues se nombraba al BdE de Burgos como autoridad emisora, además, de a las autoridades rebeldes pertinentes como el gobernador, Ramón Artigas, junto con el valor del ejemplar. Sin embargo, en el anverso se podía observar un guiño descarado al ejército sublevado quedando patente en la misma iconografía de exaltación belicista, con la imagen del busto a derecha de un soldado con casco militar. Igualmente, desaparece la leyenda del reverso sobre el billete donde se tipifica como delito la falsificación. En resumen, el medallón se corresponde con una cabeza masculina tocada con un casco representativo militar, pero podría parece haber sido adaptada de un busto de Mercurio al que se le hubieran suprimido las alas. 


Siguiendo esta línea tipológica se emitió el billete de 50 ptas. La iconografía del anverso era muy similar al de 25 ptas., con la referencia al BdE y las autoridades emisoras, además de la marca de valor. El de 50 posee sendas cabezas femeninas simétricas enfrentadas en dos medallones en el reverso, unido de la tradicional marca de valor. Destacan las representaciones mitológicas griegas en sendos medallones, la diosa Frigia con Ceres o Cibeles. Al igual que se hacía en el bando republicano desde 1931147 en parte de su billetaje. 


Son especialmente característicos los ejemplares de 1.000, 500 y 100 pesetas de la primera emisión, fechada el 21 de noviembre de 1936. El tema elegido era la arquitectura y los tres monumentos representados son altamente significativos por cuanto representan las imágenes148 .


Con el billete de 100 ptas. la propaganda política franquista se solapaba con la imaginería religiosa, dando pie a representar en el papel moneda a la autodenominada como ideología del régimen durante el periodo que abarcó la dictadura, personificada por el nacional catolicismo. Citando al historiador Julián Casanova: la Iglesia y el enviado de Dios hecho Caudillo caminaron de la mano durante casi cuatro décadas149. Aunque, en el anverso de este billete de 100 ptas. se aprecia la continuidad tipológica con referencias a la marca de valor y al órgano emisor. Sin embargo, en el reverso, una representación de la catedral de Burgos, sede de la Junta Técnica del nuevo gobierno150 , se hacía patente para mayor “gloria” de la rebelión. Pretendían así otorgar a los billetes un halo místico y carácter religioso que el propio régimen franquista se arrogaba para sí mismo. Al igual que las primeras monedas conocidas de la Historia, que se acuñaron en el antiguo reino de Lidia y la Grecia clásica. Aquellas donde religión y Estado se solapaban conjuntamente en sus emisiones monetarias.

 

El mismo matiz ideológico identitario adquiriría el billete de 500 ptas. En este caso se representa mediante el grabado una vista panorámica de la catedral de Salamanca, ciudad donde se instauró el cuartel general de Franco. Además de un gesto o guiño más hacia la Iglesia católica, estos dos ejemplares muestran una influencia de la sociedad y cultura castellana en la misma sublevación, región que apoyó, en cierta medida, el levantamiento fascista151, desde primerísima hora por parte de sus élites sociales.


Esta primera emisión de papel moneda culminó con la creación del billete de mayor valor, de 1.000 ptas. En el reverso se puso en marcha parte de la parafernalia simbólica de propaganda al servicio del bando franquista. La imagen ahora elegida es el Alcázar de Toledo. La presencia de este monumento no era fruto de la casualidad, tiene su explicación en la importancia que se dio a la ocupación del Alcázar durante la Guerra Civil, hasta tal punto que Franco desvió su ejército en el avance hacia Madrid para atacar sitio152. Se cree que ello supuso que se alargara la guerra, al igual que fue decisiva para la duración del conflicto la defensa republicana de Madrid y otros frentes.

A pesar de todo, Toledo no dejaba de ser un punto de escaso interés estratégico para la toma de la capital madrileña, pero sí simbólico por la resistencia que plantearon los rebeldes en el Alcázar. Éste fue conquistado el 27 de septiembre del 36 y ello le sirvió a Franco para erigirse como supuesto salvador de una patria, probablemente también, ayudó en gran medida para ser nombrado jefe del gobierno y del Estado153 Ese lugar sería considerado un símbolo icónico de “peregrinaje” durante todo el franquismo para el facherío patrio, al igual que el Valle de los Caídos (Cuelgamuros). 

Por otra parte, la primera emisión de billetes divisionarios se produce por el gobierno de Burgos durante la Guerra Civil y pertenecían a la empresa Portabella con valores 5 y 10 pesetas, con fecha de 21 de noviembre de 1936, como ya hicimos mención. La segunda emisión de billetes divisionarios datan del 18 de julio 1937 (Portabella) con un nuevo billete de 5 pesetas, justo un año después del alzamiento militar. 

La tercera era del 12 de octubre de 1937 (Coen & Carte Valori) con el billete de 1 peseta y el escudo borbón de Carlos III, junto al billete de 2 pesetas, también por Carte Valori. La cuarta emisión de billetes de 1 peseta, con el que será el escudo oficial del régimen, era de 28 de febrero de 1938, por dicha casa milanesa. La quinta emisión, otra vez por Carte Valori, valores 1 y 2, de 30 de abril 1938. Para finalizar con la sexta emisión por valor de 5 ptas., pero esta vez será la alemana G & D, el 10 de agosto de 1938, que viene a imitar en parte, o más bien a reproducir el estilo de la serie de billetes arriba referenciados de la emisión del 21 de noviembre de 1936 de G & D.


Un año después del día de la sublevación, la asonada había extendido su influencia por una excelsa parte del territorio español. Aquello le permitió abrir nuevas sedes del BdE de Burgos154. Sin embargo, la baja calidad de los billetes y el alto coste de fabricación que imponía la casa alemana, provocaría la cancelación del contrato con la imprenta germana para firmar después un nuevo convenio, que provocó el acuerdo con los proveedores italianos, Coen & Carte Valori. En estas emisiones de la fábrica italiana, las alegorías propagandísticas en el papel moneda fueron, si cabe, mucho mayores que las predecesoras alemanas155.


Los italianos tenían, en principio, una ventaja sobre G & D, pues su papel para la impresión era mucho más barato que los alemanes. Se había adjudicado a Coen & Carte Valori para una segunda emisión de billetes fascistas que nunca verían la luz, con fecha en el papel moneda de 18 de julio de 1937, una fecha simbólica por ser el primer aniversario de la intentona de golpe de Estado.


Pero, el gran problema que plantearía Coen & Carte Valori era que nunca había fabricado billetes bancarios. Su línea de producción debía de adaptarse a una ingente labor técnica de impresión. Pero, al no estar preparada para ello originaría retrasos en el suministro, al encontrase con graves dificultades. No fueron solamente el problema técnico de fabricación, que consiguieron resolver, sino el de preservación de la tirada de billetes fabricados para evitar robos y falsificaciones antes de su puesta en ccirculación156.

Por tanto, el gran problema al que se enfrentó esta emisión de Carte Valori fue el hecho en evitar el conocimiento material del billete antes de la circulación oficial al público en general, lo cual supuso un desliz con graves consecuencia para el erario público. Parece ser que aparecieron billetes en las calles y comercios de dicha emisión italiana con fecha del 18 de julio de 1937, justo antes al momento de comenzar su distribución oficial a los bancos colaboracionistas, de ahí la difícil posibilidad por la ciudadanía en diferenciar si el billete era falso o auténtico del BdE burgalés.

La solución ante el problema de la circulación de los billetes falsificados fue que, la sede del BdE de Burgos en Soria obligó a quemar toda la emisión, dejando apenas cuenta de ella en unos escasos ejemplares157.

Esta circunstancia condujo a un contencioso económico entre el BdE fascista y Carte Valori que no lograría solucionarse hasta el año de 1957, eso sí, pagando el BdE de Franco. A pesar de ello, después de lo sucedido se continuó contratado servicios de impresión de moneda a dicho taller hasta concluir con la tirada de papel moneda y emisión de 1940.


Luego, en esta segunda emisión que apenas vio la luz, del 18 de julio de 1937, también firmada por el subgobernador Artigas, fue donde los temas se centraron en las gestas enaltecedoras a lo largo de tiempos y épocas muy remotas.


Aunque todos estos billetes son muy cuestionables el que realmente existieran, aunque fuere solo en prueba. Algunos creen que se planteó la emisión de valores de:


  • 25 ptas. Cristóbal Colón y carabelas, reverso desembarco en América y “descubrimiento”.
  • 50 ptas. Alfonso VIII, reverso batalla de Las Navas de Tolosa. 
  • 100 ptas. general Castaños, reverso batalla y rendición de Bailén. 
  • 500 ptas. Juan de Austria, reverso batalla de Lepanto.
  • 1000 ptas. Álvaro de Bazán, aunque las más recientes investigaciones lo describe como el almirante genovés Andrea Doria, reverso batalla de Pavia158. Y otro con reverso de la batalla de Lepanto. 

También, a quienes creen de la existencia de otro billete de 1000 ptas, con fecha del 18 de julio de 1937, de Coen & Carte Valori, con Carlos V en su anverso159.


Pero como decíamos, no llegaron a ponerse en circulación, según el relato franquista. La firma italiana Coen & Carte Valori, impresora de los mismos no había ofrecido a las autoridades fascistas las garantías suficientes de seriedad y solvencia que se esperaba para la circulación regulada por el BdE de Burgos de tales billetes, para así estar presentes oficialmente en el área bajo el yugo de Franco.


Todos estos billetes que, parece ser no llegaron a ser nunca usados ni tirados a la circulación. Alcanzan hoy día elevados precios en la adquisición de tales ejemplares únicos y ya expuestos. Si bien, hay que tratarlos con mucha cautela y cierto recelo. Puesto que si en la actualidad desean hacerse con algún billete de ésos deben poner todas las alertas. En primer lugar, por tratarse de papel moneda en poder casi exclusivamente, precisamente, de quienes son los herederos de aquellas autoridades y jerarcas franquistas técnicos del BdE, que en su día y en la actualidad podían y pueden certificar la credibilidad de tan raros especímenes. Cerrando el círculo de poder perfecto dar crédito para dar pábulo a unos hechos subjetivos unido a cosas materiales, como son dicho billetes. En segundo lugar, pueden tratarse de burdas  falsificaciones de los mismos al ser muy difíciles de certificar su veracidad. 


Por tanto, el resultado de la emisión de 18 de julio de 1937 por la casa italiana Coen & Carte Valori, que ofrecía un presupuesto más económico que Giesecke & Devrient, fue un autentico chasco y despropósito, en caso de tal existencia. A modo que además, la emisión nunca llegaría a circular plenamente. Sin embargo, merece la pena fijarse con detenimiento en las representaciones icónicas previstas para estos billetes. Éstas recuperaban, una vez más, el tradicional discurso del personaje y su obra, mostrando, supuestas pasadas grandezas de una España160 de fantasía y marcial. Un programa iconográfico hiper nacionalista que iba más allá del desarrollado por los billetes de la Dictadura (de Primo de Rivera y Alfonso XIII), al representar únicamente personajes del mundo político. Eliminando a literatos y artistas161 de su presencia en los billetes, y literalmente. Cuando en ese preciso momento se estaba eliminando de un disparo a intelectuales, profesores, escritores y poetas en las cunetas de toda España. 


Eso sí, cabe recordar, con dicha fecha de 18 de julio de 1937 tan solo se puso en circulación el billete de 5 pesetas fabricado en Zaragoza por Portabella, en cuyo anverso podía apreciarse la imagen de una matrona que personifica la prosperidad comercial (caduceo), agrícola (espigas de trigo), minería (pico) y la industrial (yunque y rueda dentada). Todo ello, simbolizado por el carácter protector de Hermes, con el comercio de los descritos bienes básicos como símbolo de la prosperidad del pueblo español. Pretendiendo así contrarrestar la fuerte propaganda ideológica que realizaba el Estado republicano con dichos valores icónicos  representativos de los tespañoles162 y, de paso, apropiándose de ellos, ensalzando a su vez unas referencias obreras que se haría eco para sí la falange. En su reverso un escudo nacional pero cobijado por una águila bicéfala imperial, además, se hacia constatar la mención, nuevamente, La falsificación de este billete será sancionada con el máximo rigor.

Al igual que ocurrió al gobierno de la República, en la emisión divisionaria, del 12 de octubre de 1937, los fascistas crearon valores de 1 y 2 pesetas, a consecuencia de la insuficiente cantidad en moneda metálica con valores pequeños, fraccionarios. Esta vez sí por la compañía milanesa de Coen & Carte Valori. Ello procuraba un mayor impacto propagandístico en la población, ya que fueron mucho más perceptibles el acceso a los mismos que los billetes con un valor nominativo de cuenta más alto163, como era el papel moneda anteriormente emitido por G & D.

Sin embargo, las piezas emitidas el 20 de mayo de 1938 por Giesecke & Devrient con valores de 25, 50, 100, 500 y 1.000 ptas., mantenían vigente la misma línea propagandística del nacional catolicismo que las de emisiones previas de la casa alemana de 21 noviembre de 1936, que se retomarían con la única emisión del valor de 5 ptas. el 10 agosto de 1938. Las emisión de mayo de 1938 posee una iconografía relativa al mundo del arte y la arquitectura, siempre relacionadas íntimamente con la ideología fascista y su devenir en la Guerra Civil164. Puesto que el final del conflicto estaba próximo y había que dar aliento a sus tropas, a la población y al futuro Estado. 


El fracaso anterior con Coen & Darte Valori provocaría en el Banco de Burgos el contratar la emisión de reserva con los alemanes de G&D, nuevamente, aparte de ampliar el pedido de la emisión del 21 de noviembre de 1936. Por el camino se quedó la pretensión que la nueva emisión fuese de mayor calidad que la primera, por cuanto esta nueva emisión, de fecha 20 de mayo de 1938, aunque de diseño distinto, es de características técnicas semejantes a aquellas de 1936. Estos billetes circularon poco durante la guerra, solo a partir del 8 de febrero de 1939165. 


Billetes con la firma del nuevo gobernador del BdE, Antonio Goicoechea (personaje clave en los contactos con el Duce, previos al golpe de Estado, y dirigente político de Renovación Española), en lugar del hasta entonces habitual Artigas. El diseño de esta emisión es, si cabe, menos agraciado que el de 21 noviembre de 1936. En sus anversos se representa, por primera vez en un billete de Banco, no divisionario, el nuevo escudo del Estado con el águila de San Juan, aprobado el 2 de enero de 1938. Sus reversos reproducen viñetas con evidente significado al nacional catolicismo, del mismo modo que se hizo en los billetes de alta denominación de la emisión anterior de G & D. 

El billete de 25 ptas. de fecha 20 de mayo de 1938, en su anverso, mantiene una tipología muy parecida a la de valores emitidos con anterioridad; se nombraba al poder emisor (el BdE), se introduce la marca de valor del papel moneda (numérica y nominalmente), así como las autoridades competentes en su puesta en circulación, adornado todo  con un conjunto de membretes estilizados. Por otro lado, en el reverso volvía a representarse un monumento típico de alguna ciudad leal al nuevo régimen, en este caso parcialmente la catedral y Giralda sevillana. 


Se seguía el mismo patrón definido en el billete de 50 pesetas: el anverso es idéntico, solo que adaptado a aquel nuevo valor. En el reverso se representa un grabado del Castillo de Olite. Además, se trató de un guiño a la lealtad de Nafarroa166.




Otro valor de aquella emisión fue el billete de 100 pesetas. Era un ejemplo más que en ningún momento de la sublevación militar se olvidaría la importancia de Burgos como una de las sedes principales del nuevo gobierno, redundando en ello. De esta forma, aparece la Casa del Cordón de Burgos167. Edificio histórico del siglo XV que albergó la Comisión de Cultura y Enseñanza y el Ministerio de Exteriores durante la Guerra Civil, mientras estuvo en Burgos la Junta Técnica del Estado.







En el billete de 500 ptas., además, de volver a aparecer el nuevo escudo del Estado fascista en el anverso como una especie de fondo difuminado, en el reverso se volvía a resaltar el binomio Religión-Estado con el grabado de la catedral de Santiago de Compostela, motivo muy utilizado por el régimen.  


En esta serie surgiría el billete de 1000 ptas, que aunque el anverso seguía las mismas directrices que los anteriores, en el reverso destacaba el grabado del cuadro de César Álvarez Dumont y el combate heroico en el púlpito de la iglesia de San Agustín de Zaragoza en el segundo sitio de 1809 durante la guerra de independencia con Francia. Hay que interpretarlo, una vez más, en relación a la simbiosis con la defensa de la religión que asumiría en lo militar el franquismo en todo momento, así como la autoafirmación patriótica. El Estado se identificaba nuevamente con la protección a la Iglesia a través del nacional católicismo. 


La casa germánica Giesecke & Devrient fue la encargada, casualidades del destino, de imprimir las entradas para los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936168. Quien además sirvió, al Estado fascista, de casi 300 millones de unidades de billetes repartidos entre las distintas emisiones concertadas por diferentes valores de cuenta.  



Posteriormente, con fecha de 9 de enero de 1940 y firma como gobernador de Antonio Goicoechea se retomó otra vez la contratación con la fábrica de Milán, Coen & Carte Valori. Se emitirían unos nuevos billetes con valores de: 25 ptas. (representando al arquitecto renacentista Juan de Herrera), 50 ptas. (el escritor Marcelino Menéndez Pelayo), 100 ptas. (Cristobal Colón), 500 ptas. (rey Juan de Austria) y 1.000 ptas. (pintor del barroco Bartolome Esteban Murillo). Una apuesta iconográfica monárquica, pero que, evidentemente, recogía la simbología de la que anteriormente ya se había hecho gala en emisiones anteriores; con la exaltación de valores a tiempos lejanos muy remotos, eludiendo a una época imperial y el descubrimiento de América. Aquellos fueron los últimos contratos que se ejecutaron en el extranjero para la fabricación de papel moneda.

 

Cuando finalmente FNMT asumió el monopolio exclusivo en la fabricación de monedas y billetes. En ese momento, nos referimos a finales de 1940 y con el inicio de la fabricación de billetes de forma, tal vez, autónoma por el FNMT, fue cuando quizás el ya consolidado Estado fascista se atribuyó el derecho a controlar cuál era la moneda en curso y cuantía de cuenta que en ese instante determinado debía considerarse como dinero puesto en circulación en suelo español. Sin contar con la injerencia estructural política de nazis y fascistas italianos para la proyección de la divisa Peseta franquista, como antes ocurría con la fabricación por Alemania, Italia y Austria de la otrora Peseta. 


Por problemas como la falta de control en las emisiones y tiradas realizadas. Puede considerarse la existencia de cierto descontrol en la emisión y tirada de papel moneda, pues circularon billetes sin la constancia del BdE de Burgos. Ya que hasta entonces todo dependía de como transcurría los acontecimientos bélicos en Europa, para disponer o no del papel moneda fabricado en el extranjero, con la llegada y fabricación del mismo, así como trascendía la Guerra Civil y victoria militar franquista final. 


LA REGULACIÓN BANCARIA


La evasión monetaria en la zona sublevada fue similar que en la republicana, aunque no por ello dejó de procurar graves sanciones por las autoridades, que llegaron incluso a penalizar la salida de billetes del BdE de Burgos a través del correo ordinario, estableciéndose que la correspondencia certificada dirigía autorizar salidas de fondos o valores de cualquier clase confiados a su custodia, y que ésa no se llevara a cabo sin permiso alguno. Al cabo de dos meses, como ya mencionamos, se prohibió disponer de cantidades superiores a 2.000 pesetas mensuales sin que lo autorizara los responsables competentes en tal tarea, aceptándose, sin embargo, dicho límite podría ser rebasado por aquellas empresas que precisaran de fondos para hacer frente a salarios y pagos diversos.

 

La Guerra Civil y posguerra española conllevó un importante crecimiento en los medios de pago, que se duplicaron entre 1936 y 1942169. Aunque, mayor trascendencia que el impacto extraordinario de la guerra sobre el ritmo de crecimiento del dinero, tuvieron otras decisiones tomadas en el mismo marco de reorganización monetaria, que conllevaría la total eliminación de restricciones en el recurso del Tesoro al BdE y a la tenencia de títulos de deuda como contrapartida a la emisión de billetes170.. Aunque, mayor trascendencia que el impacto extraordinario de la guerra sobre el ritmo de crecimiento del dinero, tuvieron otras decisiones tomadas en el mismo marco de reorganización monetaria, que conllevaría la total eliminación de restricciones en el recurso del Tesoro al BdE y a la tenencia de títulos de deuda como contrapartida a la emisión de billetes.

 

El gobierno de Burgos promulgó el 13 de Octubre de 1938 una ley para la suspensión de determinadas obligaciones de pago de dinero nacidas bajo la República, conocida también como Ley de Bloqueo. Entonces se bloqueó las cuentas bancarias en los sectores que el ejército rebelde iba capturando e invalidó cautelarmente las obligaciones realizadas con pesetas en circulación por el gobierno republicano tras el 18 de julio. Este bloqueo se fue prorrogando hasta que Larraz, cuando ya siendo ministro de Hacienda, organizó la “refundición" de la Peseta franquista con la vencida Peseta republicana.

 

Dicho Decreto provocó que en cuanto al dinero republicano u obligaciones de dinero, también republicano, se convirtieran en pesetas fascistas según una proporción determinada. Ahora bien, los rebeldes iban arrebatando territorio a la República lentamente y la devaluación de la peseta republicana era constante. Por ello, se aplazó la resolución del problema al fin de la guerra, cuando el valor de la moneda enemiga fuera considerablemente inferior.

 

El gobierno de Burgos había promulgado el Decreto de 13 de octubre de 1938, suspendiendo, en principio, provisionalmente, las obligaciones nacidas con pesetas puestas en circulación a posteriori al 18 de julio de 1936, afectando a los balances de activo y pasivo de las entidades financieras, lo que se conocía como establecimientos de crédito171.

 

El primer objetivo de Larraz al llegar al Ministerio de Hacienda, el 8 de Agosto de 1939, fue abordar la “reunificación” monetaria. El dinero en uso lanzado a la circulación antes del 18 de Julio de 1936 se cambiaron a la par. Los posteriores a dicha fecha habían perdido en ese momento prácticamente todo su valor. 


A principios de 1937, antes de emprender ninguna medida más adicional, el ministro de Hacienda había recabado información sobre la magnitud de la inflación en el suelo republicano durante la guerra. Lo cual fue determinante para el establecimiento de las medidas relativas al canje entre ambas pesetas. 


Finalmente, se decidió que las obligaciones comprometidas de depósitos en el área republicana, tras el 18 de julio, se valorarían mediante porcentajes con una escala regresiva en el transcurso del tiempo. A modo de ejemplo, entre el 19 de Julio de 1936 y el 31 de octubre se reconocieron en un 90% de su valor nominal, mientras que toda cantidad ingresada a partir de esa fecha se devaluó, hasta el punto que los incrementos posteriores al 1 de enero de 1939 solo se reconocería un 5% de su valor. 


Primero se aplicó la desvalorización a todas las cuentas bancarias en sector republicano, después se decidió quienes tenían derecho a recuperar el dinero allí depositado y quiénes no, en función a la afinidad ideológica y simpatías con el alzamiento, que tenía el titular del depósito o cuenta bancaria. Las cuentas pertenecientes a organismos militares, civiles, corporativos, paraestatales y similares seguirían bloqueadas. También se bloquearon indefinidamente las cuentas de quienes hubieran suministrado al Estado republicano armamento y sustancias explosivas, o hubieran importado automóviles o camiones al área republicana.

 

Los fondos adscritos al Estado republicano y a estos titulares irían a parar a una cuenta abierta en cada banco denominada desbloqueo de improtegibles, en el que se permitiría a los acreedores de los excluidos de desbloqueo hacer valer sus derechos contra los fondos comprendidos en esas cuentas. Aunque, esta posibilidad se negó a los acreedores directos del tesoro enemigo. A quienes habían prestado servicios personales o de suministros y a quienes hubieran actuado sin mediar coalición o sustitución de los órganos legítimos de la empresa, es decir, todo aquel que hubiera colaborado con la República. Tampoco se reconocieron las deudas contraídas por el Estado republicano.

 

Cuando las tropas fascistas empezaron a ocupar suelo anteriormente republicano, más aún, cuando ganaron la guerra y ocuparon definitivamente todo el territorio español a finales de marzo de 1939. El BdE de Burgos había aplicado ya en toda la nación y en los mercados financieros internacionales su normativa sobre la validez de su Peseta y la invalidez de las republicanas. Es cierto que, el BdE para evitar la quiebra de la actividad económica nacional y de la banca privada en zonas ocupadas, suavizó sus medidas. Ello no evitó causar un perjuicio irreparable a los españoles que vivían y trabajaban en la demarcación que estuvo como leal a la República, después de la asonada.

 

Por lo que se refiere al dinero bancario, la suavización de las medidas consintió que ése fuere reconocido mediante una operación de desbloqueo, regulada por la Ley de Desbloqueo del 7 de diciembre de 1939, con lo cual se evitó que el dinero bancario de las zonas ocupadas pasara a no valer nada en pesetas de Burgos. Como dijimos, el paso o canje de unas pesetas bancarias en depósitos a otras consideradas legales se hizo mediante tramos de conversión que iban:


* 100% para los saldos de imposición anterior al 19 de julio de 1936.


* 90% para los del 19 de julio al 31 de octubre de 1936.


* Un 5% para los del 1 de enero al 31 de marzo de 1939. 


Medida de tramo última que iba dirigida principalmente a penalizar y castigar a la población refugiada en la capital de Madrid, Valencia y en Catalunya, a sus respectivos residentes, que resistió los ataques y envites del enemigo, en tanto habían permanecido fieles al Estado republicano hasta casi el final de la guerra. 


Cerca de 3.000 millones de ptas. republicanas de estos saldos se decidió que eran imputables a títulos incorregibles, según el trabajo de Larraz en; Resumen provisional sobre la evolución de la Hacienda desde el 18 de julio de 1936 hasta la actualidad172. Esto supuso un aumento de la oferta monetaria en 4.400 millones de pesetas, carga que significaba la contrapartida de la estabilidad del sistema crediticio de la época.

El gran objetivo de Larraz era resolver el problema del dinero depositado en las cuentas bancarias del área republicana para beneficiar a los empresarios capitalistas afines, en perjuicio de los particulares. No obstante el artículo 10 de la ley de desbloqueo de 7 de diciembre de 1939, permitió que en las operaciones de desbloqueo gozaran de preferencias los titulares empresarios sobre los no empresarios. El capitulo VI, además, estableció la posibilidad de compensaciones colectivas entre dichos empresarios capitalistas, mediante un método similar al procedimiento de reparto de la contribución industrial. La creación de un consorcio de desbloqueo gracias al cual la conversión de las cuentas se podía compensar con una revisión compensatoria173.

 

El gran objetivo de Larraz era resolver el problema del dinero depositado en las cuentas bancarias del área republicana para beneficiar a los empresarios capitalistas afines, en perjuicio de los particulares. No obstante el artículo 10 de la ley de desbloqueo de 7 de diciembre de 1939, permitió que en las operaciones de desbloqueo gozaran de preferencias los titulares empresarios sobre los no empresarios. El capitulo VI, además, estableció la posibilidad de compensaciones colectivas entre dichos empresarios capitalistas, mediante un método similar al procedimiento de reparto de la contribución industrial. La creación de un consorcio de desbloqueo gracias al cual la conversión de las cuentas se podía compensar con una revisión compensatoria.

 

Cuando se entregaron los débitos por los retrasos en los suministros al ejército insurgente y se liquidaron los transportes militarizados, operaciones que se efectuaron con anticipos del BdE y, cuando se decidieron cambios esenciales en esta institución sobre límites a los créditos al Tesoro, sobre la conversión en dinero legal de los billetes de banco, con las leyes de 9 de noviembre de 1939. Entonces, se consideró que la guerra, desde el punto de vista financiero y según Larraz, se pudo dar por concluida, al dar por saldada la parte de la liquidación de la deuda por la guerra. Pero la realidad era otra, todavía quedaban largos años de litigios para quedar relativamente liquidada la deuda.

 

Las consecuencias de tal final de la contienda entre las dos Pesetas, unificando los dos balances de las dos instituciones que habían existido bajo la mismo denominación y nombre en ambas zonas, se zanjó en cierta medida con un punto y coma al proceso de financiación de la Guerra Civil. Tengamos en cuenta que en tales Resultados de Liquidación 1936-1941 se incluyen: las cuentas de improtegibles y el excedente del Fondo de Compensación de desbloqueo entre entidades de crédito; el importe de los billetes puestos en circulación por el Gobierno republicano, así como aquellos anteriores al 18 de julio que no hubieran sido objeto de canje; los resultados de la liquidación del Centro Oficial de Contratación de Moneda; la revalorización del oro depositado en Mont de Marsan (Francia) y ganado por el BdE de Burgos al BdE de la República (a consecuencia de una sentencia de los tribunales franceses a favor del BdE burgalés); los activos ficticios no reconocidos por el Estado; los débitos del Gobierno republicano central y de los gobiernos autónomos y algunas otras partidas de menor significación. Así se estableció, para esta cuenta de liquidación, un saldo a favor del BdE de Burgos de dichos 4.400 millones de pesetas, que se compensó con la entrega al instituto emisor de un título nominativo de Deuda especial creada por el artículo 70 de la Ley de 13 de marzo de 1942. Se la adscribía a la garantía de la circulación fiduciaria y su amortización se efectuaría con la parte de beneficios del BdE que correspondían al Estado, según las cuantías que determinaba el artículo 80 de la mencionada ley. Así, en lo financiero, la Guerra Civil entre estas dos pesetas habría terminado con la victoria monetaria de los fascistas.

 

La masa de billetes de banco en circulación en España el 18 de julio de 1936 se componía de una heterogénea colección de 16 tipos diferentes de billetes emitidos desde 1906. Esta circulación variopinta obedecía por una parte a la política de emisión del BdE y, por otra, al irregular desarrollo económico del país174. De esta manera, el gobierno de Franco reconoció los billetes de las siguientes emisiones de Alfonso XIII: 


  • 25 ptas. de 24 de septiembre de 1906. Sin Serie y Serie A/C. 


  • 25 ptas. de 15 de julio de 1906. Sin Serie.


  • 50 ptas. de 24 de septiembre de 1906. Sin Serie y Serie A/C. 


  • 50 ptas. de 15 de julio de 1906. Sin Serie.


  • 100 ptas. de 30 de junio de 1906. Sin Serie y Serie A/D. 


  • 100 ptas. de 15 de julio de 1907. Sin Serie.


  • 500 ptas. de 28 de enero de 1907. Sin Serie.


  • 500 ptas. de 15 de julio de 1907. Sin Serie.


  • 1000 ptas. de 10 de mayo de 1907. Sin Serie.


  • 1000 ptas. de 15 de julio de 1907. Sin Serie.


Una parte de los billetes de las siguientes emisiones que circularon durante la II República: 


  • 100 ptas. del 1 de julio de 1925 que carecían de Serie, las series desde la A a la C, hasta D2.000.000. Grabados del anverso Felipe II y El Escorial. Viñeta del reverso La Silla de Felipe II. 

 

  • 25 ptas. de 12 de octubre de 1926, que carecían de Serie, reconocida toda la emisión. Grabados del anverso San Francisco Javier Viñeta del reverso San Fco.Javier bautizando a los indios.


  • 50 ptas. de 17 de mayo de 1927, que carecían de Serie, reconocida toda la emisión. Grabados del anverso Alfonso XIII y el Palacio Real de Madrid. Viñeta del reverso «La fundación de Buenos Aires por Juan de Garay».


  • 500 ptas. de 24 de julio de 1927, sin Serie hasta 1.602.000. Grabados del anverso Isabel la Católica y el Patio de los Leones. Viñeta del reverso Escudo de los reyes católicos.


  • 1000 ptas. de 24 de julio de 1927, sin Serie hasta 3.646.000. Grabados del anverso Carlos I. Viñeta del reverso Portada del Alcázar de Toledo.


  • 25 ptas. de 15 de agosto de 1928, sin Serie y Serie A hasta A8.640.000. Grabados del anverso Calderón de la Barca y su monumento en Madrid. Viñeta del reverso Escena de la devoción de la Cruz. 


  • 50 ptas. de 15 de agosto de 1928, sin Serie y Serie A hasta A7.780.000. Grabados del anversoVelázquez y el Museo del Prado. Viñeta del reverso«La rendición de Breda» por D. Velázquez 



Todo este billetaje fue emitido por Alfonso XIII o comenzaron a circular antes de iniciarse la guerra. Sólo estos billetes podían cambiarse por papel de Burgos, el resto no. 


Las medidas para recoger las piezas de cobre al igual que níquel antiguas y en poder de las clases sociales más bajas, fueron mucho más efectivas que las de la plata, puesto que la gente no las apreciaban tanto, tenían menor valor de trueque y reserva de valor. En poco tiempo se recogieron 600 millones de monedas de cobre de los 1.000 millones acuñados, es decir, el 60%175. 


Por tanto, en julio de 1937, el gobierno de Burgos había promulgado la Ley de Bloqueo de Cuentas Bancarias de aplicación automática en las demarcaciones que el ejército a su mando fuese ocupando. La ley suponía la clasificación de los saldos de estas cuentas en cuatro grupos: las cuentas abiertas después del 18 de Julio de 1936 y que hubieran tenido movimientos; las abiertas antes de dicha fecha y que presentaran movimientos; las cuentas que correspondían a contratos a ejecutar en fechas posteriores a la que acabara la guerra; y las cuentas integradas por depósitos constituidos con dinero emitido por el gobierno republicano después del 18 de Julio de 1936. 


Ya finalizada la guerra, el 9 de Noviembre de 1939, fue promulgada otra ley que sentaría las bases del modelo monetario del franquismo y que constituía lo que iba a ser el sistema capitalista de la posguerra. Así, se eliminaron los topes anteriormente existentes en las emisiones monetarias y se decretó el curso forzoso de los billetes emitidos por el BdE de Burgos, retirándose de la circulación las piezas de plata y cobre. A la vez, el BdE pasó a ser el instrumento monetario del Ministerio de Hacienda, lo que equivalía, en la práctica, a abrir la puerta de la impresión masiva de billetes. Sin embargo, la cuestión crucial seguía siendo: ¿qué cambio debía aplicarse en la conversión del dinero republicano?. 


Se formó una comisión de estudio que elaboró un informe en el que se presentaban tres posibilidades; incrementar la oferta monetaria por el total de emisiones realizadas, tomar como báremo la cotización de la Peseta en la Bolsa de París el día que dio comienzo la contienda y establecer así unos coeficientes en función de la evolución del índice de precios. La solución escogida vino reflejada en la Ley de Desbloqueo de 7 de Diciembre de 1939 y fue la última opción para el cambio entre ambas pesetas. 


Dicha ley propició que, pura y simplemente, se anulara todos los billetes emitidos por los gobiernos republicanos después del 18 de Julio de 1936, lo que sumió en la más absoluta bancarrota y miseria a muchísimas familias, más cuanto por más tardaron sus áreas de residencia en ser ocupadas por las tropas franquistas, al haber percibido salarios y rentas en billetes republicanos durante mayor tiempo los residentes de estos lugares. Decisión que como ya recalcamos, afectó particularmente a Valencia, Catalunya y Madrid. 


Los saldos de las cuentas sin movimientos hasta el 18 de Julio de 1936, fueron convertidos a la par, ya que, al no haber sido utilizadas, no se habían efectuado ingresos de billetes republicanos, por lo que sus saldos eran considerados como pesetas puras.

 

Quedaron ignoradas las deudas que el gobierno republicano había adquirido después del 18 de Julio de 1936, ya que tal gobierno firmante no era considerado legal por los vencedores. 


Las cuentas abiertas después del 18 de Julio de 1936 o que hubieran tenido movimientos con posterioridad a dicha fecha, al ser imposible dilucidar la Peseta utilizada para realizar los ingresos (si había sido emitida con anterioridad o con posterioridad al 18 de Julio de 1936) permaneció divididas en siete grupos a los que se aplicó un coeficiente decreciente en función de lo que tardaron en ser ocupados por los fascistas, los lugares de establecimiento de los bancos depositantes. Esta medida también provocó un saqueo y robo en numerosas familias que vieron disminuidos sus saldos por el único motivo de tener su residencia en una u otra localidad española.

 

Finalizada la guerra y desde el punto de vista monetario, era obvio que algo debía hacerse para racionalizar la gran cantidad de billetes existentes en la zona republicana, pues numerosas entidades locales y organizaciones habían emitido moneda a consecuencia de la escasez de pecuniario para hacer frente a los pagos para el transcurso de la actividad económica de la vida cotidiana. Pero la Ley de Desbloqueo, fue a castigar a unas gentes por el mero hecho de encontrarse en la para los sublevados como suelo enemigo. Sin embargo, en realidad se castigaba a la totalidad de la economía española al verse reducida de un plumazo la cantidad de base monetaria y dinero en circulación con los efectos que ello comportó sobre el conjunto de la actividad económica en los años venideros176. 


El que fuera miembro de la dirección económica de la Junta Técnica de Burgos, Higinio París Eguilaz, atribuye la decisión de José Larraz en adoptar un canje entre la peseta fascista y la peseta republicana, por la cual el Estado franquista asumiría algunas obligaciones y derechos a emprender una conversión a partir de una escala que contemplara un valor real o no entre ambas Pesetas. Por tanto, Higinio París apuntó ya en 1949, que la razón por la cual se decidiría este camino intermedio entre la negativa absoluta en asumir cualquier intercambio a la par entre ambas monedas y por otra parte, asumir el intercambio parcialmente. Finalmente, se decidiría por una vía “intermedia”, pero con la que se pretendía era no perjudicar a quienes siendo afines a los fascistas españoles habían pasado gran parte de la guerra en territorio controlado por la República, principalmente, esta opción iba dirigida a beneficiar a la clase empresarial capitalista acólita ubicada en suelo republicano. Es fácil intuir que los empresarios capitalistas residentes en territorio rebelde cuyas empresas estuvieran radicadas en el área republicana debieron presionar para que la focalización absoluta sobre el capital depositado en las cuentas bancarias abiertas en zona republicana no se sumara a los daños derivados de los actos de guerra, la colectivización de sus empresas o el cese de las actividades económicas por la quiebra del mercado177.

 

Según la valoración de algún que otro economista hagiofranquista, la Peseta recibió un trato técnico correcto, incluso en sus peores momentos. Hubo dos bandos enfrentados, dos Españas, dos bancos de España y dos Pesetas, la republicana y la fascista. Ruptura de la unidad monetaria española. Decreto de la Junta Técnica del Estado, aprobando un acuerdo del Consejo del BdE de Burgos que no reconocía validez a los billetes del BdE de Madrid puestos en circulación con posterioridad al 18 de julio de 1936. Los billetes válidos se estampillan para luego canjearse por los impresos en Leipzig por Giesecke & Devrient, precisamente una de las 14 imprentas que fabrica hoy día euros. Decreto del Gobierno de la República, Valencia 1937, prohibiendo la tenencia y circulación de billetes estampillados que consideraba desvinculados de las reservas metálicas. Burgos, Ley de Bloqueo de 13 de octubre de 1938, justo tras la caída de Bilbo, plaza financiera importante: sólo se reconoce plena validez a los saldos de cuentas bancarias activos o pasivos existentes a 18 de julio de 1936. Ley de Desbloqueo de 1939: convertibilidad entre la Peseta republicana y la fascista. Finalmente, Ley de Reunificación de Balances de los bancos de España, punto final de la división monetaria. Partiendo de la irremediable realidad que en una guerra no suceden cosas agradables, que acaba con un bando vencedor y con un bando exterminado, expoliado y vencido. 


Luego, según lo dicho arriba por algún “experto” en economía del Banco Central Europeo, la escisión y la reunificación de la Peseta se hizo correctamente desde un punto de vista técnico, siempre a criterio del asesor del BCE. A pesar del claro revanchismo que supuso la política monetaria de canje, y las consecuencias trágicas y ruina económica que tuvo las actuaciones en materia monetaria del bando fascista para con gran parte de la población a fin o no a la República, con la emisión masiva de billete y con el perjuicio que supuso el simplemente por encontrarse en tal o cual sitio de España tras un golpe de Estado que vivió la escisión de la Peseta, con la consecuente pérdida de patrimonio de miles de familias.


ANEXO










Cuadro I (Parcialmente datos de Ángel Viñas)





Cuadro II Emisiones

Cuadro II

VALOR

FECHA EMISIÓN

SERIE

FÁBRICA

EMISIÓN

5 PESETAS

21 NOVIEMBRE 1936 

SIN SERIE

Zaragoza M. Portabella.

Se fabricaron 8.000.000. Se pusieron en circulación el 14 de junio de 1937.

10 PESETAS

21 NOVIEMBRE 1936 

SIN SERIE

Zaragoza M. Portabella.

Se fabricaron 3.727.000. Se pusieron en circulación el 14 de junio de 1937.

25 PESETAS

21 NOVIEMBRE 1936 

A/S

Giesecke y Devrient, Leipzig, Alemania.

Se fabricaron 33 millones del primer encargo y 13.550.00 billetes en el segundo. En total 46.550.000. El 15 de marzo de 1.937 se pusieron en circulación.

50 PESETAS

21 NOVIEMBRE 1936

A/R

Giesecke y Devrient, Leipzig, Alemania.

Se fabricaron 12.260.000 y 5.000.000 billetes respectivamente. En total 17.260.000. El 15 de marzo de 1.937 se pusieron en circulación.

100 PESETAS

21 NOVIEMBRE 1936

A/X

Giesecke y Devrient, Leipzig, Alemania.

Se fabricaron 22.000.000 y 6.350.000 billetes
En total 28.350.000 billetes. Se pusieron en circulación el 15 de marzo de 1937.

500 PESETAS

21 NOVIEMBRE 1936

A/C

Giesecke y Devrient, Leipzig, Alemania.

Se fabricaron 1.060.000 y 1.270.000 billetes. En total 2.330.000. En circulación el 15 de abril de 1937


VALOR

FECHA EMISIÓN

SERIE

FÁBRICA

EMISIÓN

1000 PESETAS

21 NOVIEMBRE 1936

A/C

Giesecke y Devrient, Leipzig, Alemania.

Se fabricaron 1.060.000 y 1.270.000. En total 2.330.000. En circulación el 15 de abril de 1937 .

1 PESETA

12 OCTUBRE 1937

A/G

Coen y Cartevalori (Milán).

Se fabricaron 30.000.000

2 PESETAS

12 OCTUBRE 1937

A/B

Coen y Cartevalori (Milán).

Se fabricaron 15.000.000

5 PESETAS

18 JULIO 1937

SIN SERIE y A/C

M. Portabella (Zaragoza).

Se fabricaron 38.863.000.

1 PESETA

28 FEBRERO 1938

A/G

Coen y Cartevalori (Milán).

62.000.000. En circulación a partir del 20 de mayo de 1938

1 PESETA

30 ABRIL 1938

A/N

Coen y Cartevalori (Milán).

118.000.000 billetes. Se pusieron en circulación en julio 1938

2 PESETAS

30 ABRIL 1938

A/M

Coen y Cartevalori (Milán).

Se pusieron en circulación en julio 1938

25 PESETAS

20 MAYO 1938

A/F

Giesecke y Devrient (Alemania).

55.000.000 billetes. Se pusieron en circulación en febrero de 1939

50 PESETAS

20 MAYO 1938

A/D

Giesecke y Devrient (Alemania).

43.750.000 billetes. Se pusieron en circulación en febrero de 1939

100 PESETAS

20 MAYO 1938

A/H

Giesecke y Devrient (Alemania).

76.750.000 billetes. Se pusieron en circulación en febrero de 1939

500 PESETAS

20 MAYO 1938

A

Giesecke y Devrient (Alemania).

3.550.000 billetes. Se pusieron en circulación en febrero de 19

VALOR

FECHA EMISIÓN

SERIE

FÁBRICA

EMISIÓN

1000 PESETAS

20 MAYO 1938

A

Giesecke y Devrient (Alemania).

4.000.000 billetes. Se pusieron en circulación en febrero de 1939

5 PESETAS

10 AGOSTO 1938

A/M exceptuando I

Giesecke y Devrient (Alemania).

Se fabricaron 112.000.000

25 PESETAS

9 ENERO 1940

A/F

Coen y Cartevalori (Italia).

Se fabricaron 55.000.000

50 PESETAS

9 ENERO 1940

A/E

Coen y Cartevalori (Italia).

Se fabricaron 40.000.000 billetes. 4 millones más en la ampliación.

100 PESETAS

9 ENERO 1940

A/H

Coen y Cartevalori (Italia).

Se fabricaron 80.000.000 billetes.

500 PESETAS

9 ENERO 1940

A

Coen y Cartevalori (Italia).

Se fabricaron 3.380.000. 

1000 PESETAS

9 ENERO 1940

A

Coen y Cartevalori (Italia).

Se fabricaron, 3.060.000 billetes.

1 PESETA

1 JUNIO 1940

A/E

Gráficas Reunidas (Madrid).

Se fabricaron en total 55.250.000 billetes.

1 PESETA

1 JUNIO 1940

SIN SERIE

Gráficas Reunidas (Madrid).

1 PESETA

4 SEPTIEMBRE 1940

A/I

Rieusset S.A. (Barcelona).

Se fabricaron en total 95.000.000 billetes.

1 PESETA

4 SEPTIEMBRE 1940

SIN SERIE

Rieusset S.A. (Barcelona).

5 PESETAS

4 SEPTIEMBRE 1940

A/L

Giesecke y Devrient (Alemania).

Se fabricaron en total 110.200.000 billetes.

5 PESETAS

4 SEPTIEMBRE 1940

M/N

Giesecke y Devrient (Alemania).

500 PESETAS

21 OCTUBRE 1940

SIN SERIE

Fábrica Nacional de Moneda y Timbre

3.050.000 billetes


VALOR

FECHA EMISIÓN

SERIE

FÁBRICA

EMISIÓN

1000 PESETAS

21 OCTUBRE 1940

SIN SERIE

Fábrica Nacional de Moneda y Timbre

3.132.000 billetes.






BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA



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NOTAS.


Cuadro I.

Anexo I. Para llevar a cabo las transacciones comerciales Hispano-alemanas se había creado en España la compañía Hispano-Marroquí de Transportes, HISMA, registrada en Tetuán, 31/07/1936, bajo el nombre de Carranza y Bernhardt. Posteriormente, se constituye su homóloga en Berlín, ROWAK. Fue, precisamente, el espía nazi Johannes E. Bernhardt quien anunció el acuerdo entre la empresa especializada en la fabricación de papel moneda, Geisecke & Devreiet y el BdE de Burgos, para la emisión de papel peseta en el área bajo control de las tropas sublevadas.

De ahí que Bernhardt sea el eslabón o correa de engranaje que une una vez más a los nazis con Franco, y la creación, de buena parte, de la base monetaria en efectivo. Otra vez, en lugar del habitual tráfico de armas que era la operación principal a la que se dedicaría el complejo HISMA-ROWAK dirigido por Berhardt.

HISMA-ROWAK jugó un papel importante para la fabricación de dinero como intermediario para la impresión de papel moneda.

El conglomerado empresarial aglutinó distintas filiales y compañías dedicadas, principalmente, al sector servicios, y especialmente, dedicadas al transporte del wolframio y flourita hacia el Tercer Reich. Además, de otras actividades como los transportes, la maquinaria, el corcho, lana, cuero, vinos y frutas, que acabaría monopolizando las relaciones económicas comerciales entre la España fascista y la Alemania nazi, por parte de SOFINDUS.

La recogida de toda la plata existente en moneda o no. En la republicana se verificaría por el Decreto de 13 de octubre de 1936, que proporcionó el valor fiduciario con carácter de dinero representativo para que se pusieran en circulación Certificados de plata por valor de 5 y 10 pesetas del BdE republicano, con la fecha de emisión y firma de 1935. Tales Certificados de plata no fueron considerados como papel moneda en la España fascista.

La emisión monetaria de pecunia estaba ya comenzada con la acuñación de sesenta millones de discos de cuproníquel, los 25 céntimos acuñados en el Austria nazi. Proseguiría, con los estudios técnicos que justificaban aquello que pronto se convertirá en una realidad, respecto a piezas de bronce, que sin embargo no fueron de bronce sino de aluminio y debía culminarse con una nueva moneda metálica de cinco, dos y una pesetas. La primera moneda de 1 peseta aparece en 1944, de 2 pesetas no apareció ninguna durante el franquismo aunque sí de 2,50 pesetas en 1954, de 5 pesetas no se acuñaron hasta 1949.

El dinero billete dejó de ser una mercancía representativa por su sostén o respaldo en plata. En cambio, el papel moneda era dinero auténticamente fiduciario. El valor que tenían recogido los billetes se debía a la declaración que sobre el mismo realizaba una autoridad o Estado, ya fuere fascista o republicano, que se tenía destinado para un uso y circulación efectiva. También por el crédito y confianza, es decir, por la fe que inspiraba al portador del papel moneda o potencial portador del billete sobre una futura aceptación como medio de pago.

G & D actualmente es proveedora de euros al Banco de Alemania, el todopoderoso Bundesbank. Además de ser G & D una importante empresa que continúa con sus ramificaciones en el actual Estado español, concretamente en Barcelona, donde cuenta hoy día con la filial Mobile Security Iberia S.A., dedicada a la fabricación de papel moneda, tarjetas inteligentes y sistemas de manipulación de efectivo.

Existía un sistema monetario bimetálico que amparaba la circulación de monedas de plata.

Durante 25 años de aplicación de la Ley del 20 de enero de 1939, sólo se entregaron al Estado unas 2.800 toneladas de piezas de plata de las casi 6.000 acuñadas a partir de 1868, es decir, se retiró sólo el 47% de la plata de las monedas que habían sido acuñadas. El resto estaba atesorado en las casas particulares o se exportó durante la guerra para comprar pertrechos militares. La consecuencia principal de esta Ley, entregasen o no las pecunias sus tenedores, fue que dejaron de circular todas las monedas de plata de 0,50, 1, 2 y 5 pesetas acuñadas en España desde 1868.


10 Este hecho no se había producido en las constantes guerras civiles de centurias anteriores en España, y en al menos las tres guerras civiles del siglo XIX. En ninguna de ellas hubo dos pecunias usándose indistintamente por los contendientes. Las piezas metálicas de las fuerzas beligerantes habían convivido entre sí con cierta naturalidad, gracias que, en el pasado, cada una disfrutaba de un valor extrínseco de intercambio de precios muy próximo al intrínseco del metal.

Circunstancia que dejó de ocurrir al operar un papel moneda, en ambos combatientes, de forma totalmente fiduciaria, es decir, ningún metal respaldaba el valor de las dos pesetas en cuestión, tan solo el valor de la misma era respaldado por el hecho de ser emitida la Peseta por unos sujetos (de una parte las autoridades legítimas de la República, por la otra, unos mandos militares alzados contra la legalidad gubernamental) y por la credibilidad que desde los tenedores de deuda del Estado le daban a esos sujetos emisores de Peseta.

Sánchez Asiaín, J. A. (1992): “La banca española en la guerra civil 1936-1939”. Real Academia de la Historia, Madrid.

11 Sin embargo, han descubierto que las cifras que Larraz nos ofreció en su Resumen provisional sobre la evolución de la Hacienda Pública desde el 18 de julio de 1936 hasta finales de la guerra, son del todo inexactas y que junto a determinados recursos reflejados, además, se obviaba aquellos que procedían de la recaudación por una parte de la renta nacional, y que a su vez fue recaudada mediante gravámenes extraordinarios, multas, requisa de bienes, cuestaciones y suscripciones voluntarias o no de los ciudadanos.

12 El gobierno de Burgos usó la llamada guerra de la Peseta a su beneficio. Utilizando el Fondo de pesetas emitidas por la República como un arma arrojadiza más durante la guerra. Desde, una parte para financiar el espionaje y las Quintas columnas, pero sobre todo, para elevar la inflación en la zona republicana, así como para depreciar, además, la cotización de la Peseta republicana en los mercados de divisas internacionales.

Una vez que la peseta republicana carecía de valor en un sector territorial concreto, pues éste había pasado a manos de los franquistas, dicho papel moneda republicano se podía vender en el mercado de divisas extranjero, con el objetivo de crear una maniobra de sobre oferta y desplomar la cotización de la Peseta republicana. Bien, la enviaban a los mercados internacionales comprando divisas en gran cantidad, ya que la necesitaban para adquirir divisa extranjera y de facto disminuían así la cotización de la Peseta republicana, al realizar la operación de cambio con dichas pesetas republicanas. Entonces, al existir más oferta de Peseta republicana en el mercado, el precio de cotización de la misma se redujo, por el simple hecho de existir más oferta que demanda en el mercado de divisas. De modo que, si la República tenía que importar o comprar cualquier producto en el exterior, ésta le costase más caro a consecuencia de la devaluación exterior producida en su Peseta.

Esta operación tuvo lugar durante 1938. Efectivamente, la moneda republicana sufrió una rápida depreciación monetaria en su valor de cotización. Aunque, sigue siendo imposible saber objetivamente si tal maniobra de sobre oferta tuvo un peso tan determinante en la marcha desfavorable de la guerra para la República.

13 El total de reservas de oro que poseyó el BdE de la República durante la guerra, fue cifrada en unos 715 millones de dólares estadounidenses. Puesto que se estima que el total de la ayuda a Franco, de la que se tiene constancia hoy día, estaría en 991,5 millones de dólares, cuantía muy superior a las estimadas por Ramón Tamames y Ángel Viñas.

14 Algunas delegaciones derechistas como monárquicos radicalizados o la CEDA, buscaron sustento financiero en Roma para derrocar a la República.

Antonio Goicoechea, personaje clave en los contactos con el Duce, previos al golpe de Estado, dirigente político de Renovación Española y gobernador del BdE de Burgos desde 1938 a 1950, se reuniría junto a emisarios de Benito Mussolini. Todo ello, antes de la emisión de papel moneda para los rebeldes por parte de Coen Carte & Valori.

15 Junto a toda la línea de crédito y ayuda financiera recibida desde el exterior, tanto desde Alemania e Italia como por otros países y agentes del extranjero.

El economista Ramón Tamames cifra el importe de la deuda con Italia en 1939, a raíz del tratado de reconocimiento de la deuda de guerra, en 5.000 millones de liras (unos 250 millones de dólares). Por el contrario, Tamames reconoce que aún hoy día no se sabe exactamente a cuánto ascendió la deuda contraída con Alemania (coincidiría aquí Viñas), si bien la cantidad con cuyo pago se consideró liquidada toda obligación con ese país fueron 1.200 millones de pesetas oro (unos 400 millones de dólares), que además, también se reembolsó con suministros de alimentos durante la 2aGM. Así pues, y según dicho economista, la España fascista recibió del exterior un total de créditos por al menos 600 millones de dólares. Asimismo, eleva la cifras de ayudas recibidas por parte de Alemania respecto de Italia, a diferencia de Ángel Viñas, que argumenta lo contrario ante tales datos contables de ayudas.

Documentos del Ministerio de Finanzas alemán le han permitido a Viñas, no obstante, cuantificar en parte el volumen de ayuda global manejado por los servicios del Reich. En base a ellos, se estima que a 31 de marzo de 1939 ascendió a 498 millones de marcos. En el caso de Italia, el total de la ayuda lo ha cifrado en un mínimo de entre 7.000 y un máximo de 8.668 millones de Liras (entre 377 y 467 millones de dólares al cambio oficial de la época).

Por tanto, el contra valor en pesetas de la ayuda ítalo-germana aumentaría en un porcentaje difícil de estimar. Según Viñas, la estimación que realiza de dicha ayuda fascista italiana ascendería a entre 5.846 y 5.656 millones de ptas. de la época. Se trata, naturalmente, de estimaciones en distintos valores.

16 Creado en noviembre 1938, el consorcio alemán SOFINDUS fue el resultado de la fusión de dos corporaciones, la Sociedad Hispano-Marroquí de Transporte HISMA y la alemana ROWAK. La HISMA cuya fundación y establecimiento en suelo español comenzó a gestarse a comienzos del golpe de Estado, era una empresa fantasma como tapadera para el tráfico de armas hacia los rebeldes. En cambio, ROWAK (Rohstoff Waren Kompensation Handelsgesellschaft) era la contraparte germánica de HISMA y dependía directamente del gobierno alemán nazi. El capital nominal de SOFINDUS en 1945 ascendía tan solo a 84 millones de pesetas, y quedó bajo control de parte de los Aliados (Francia, Gran Bretaña y EUA) al acabar la 2ªGM.

17 Conforme el transcurso de la Guerra Civil se alargaba, ello no le resultó ningún contratiempo a sus socios nazis, al contrario, les hizo ganar mucho más dinero a ambas partes, e incrementó la presencia económica de SOFINDUS en España. Penetró en otros sectores empresariales españoles claves como el de los seguros. La firma controlaba total o parcialmente compañías como Plus Ultra, El Fénix austriaco o La Constancia, así como el sector naviero. En conjunto, dependían del grupo 350 empresas. Su actividad se convirtió en el buque insignia de la presencia económica germánica, completada con el dominio que otras compañías ejercían sobre el sector bancario, el químico o el farmacéutico en un singular ejercicio de monopolio. En España existían dos bancos de capital germano, el Banco Alemán Transatlántico (filial del Deutsche Bank) y el Banco Germánico de América del Sur, ambos con importantes delegaciones y actividades en Latinoamérica. A su vez, la firma IG Farben controlaba gran parte de la actividad química a través de su filial Unicolor SA (Bayer, Agfa, entre otras) y al menos diez compañías aseguradoras más actuaban con capital mayoritariamente alemán.

18 Las dictaduras vendieron a Franco sus armas a crédito. La ayuda germana se financió por las exportaciones de productos y materias primas realizadas por las compañías HISMA y ROWAK, donde los nazis fijaron los términos de tales intercambios. Hasta 1937 no se firmó el memorándum para el pago de la deuda alemana. En 1940, las autoridades nazis reclamaban a Franco la deuda pendiente aún con el Estado alemán, para que así financiara el fascismo español las campañas bélicas del Tercer Reich que comenzaban a asolar y arrasar en Europa.

19 El gobierno de Burgos hizo comercio de Estado, de una manera centralizada, concediendo el monopolio a las compañías HISMA y ROWAK, posteriormente a través de SOFINDUS. 

20 En particular, la intervención nazi hacia el sur europeo provocó una escasa consternación en el gobierno francés y, secundariamente, en el británico. Por primera vez, en efecto, un Reich en expansión, que asumía el dejar atrás las limitaciones que imponía el Tratado de Versalles de la Primera Guerra Mundial, daba un volantazo al tablero político Europeo, en un lugar lejano a su tradicional e implícitamente reconocida como esfera de influencia, como era España.

21 La solución escogida vino reflejada en la Ley de Desbloqueo de 7 de Diciembre de 1939. El resultado de esta ley supuso el decremento de la oferta monetaria en la antigua zona republicana en unos 6.000 millones de ptas. de 1939, más de 8.700 millones de euros a precios del 2019. Medidos en términos de equivalencia en precios de realidad económica en 1939, por una peseta podían ser adquiridos bastantes más bienes de los que podían ser adquiridos por su equivalente en euros en el año 2019. Esos 8.700 millones expresados en términos de PIB equivaldría a más de 180.000 millones de euros actuales.

22 Las entidades más importantes eran el Banco Pastor, el Banco Herrero, el Banco Zaragozano y el Banco Castellano, amén de varias sucursales de bancos de la zona republicana. Con el transcurso de los días, y debido a la gran cantidad de deserciones que tuvo lugar, el bando fascista no tuvo ninguna dificultad en formar Consejos de Administración alternativos de las entidades en suelo republicano. Así, los bancos de Vizcaya y Bilbao fijaron sus sedes en San Sebastián y Vitoria, respectivamente. Por su parte, el Popular, Banesto, el Central y el Hispano, escogieron también la capital guipuzcoana, si bien este último escogió como sede la ciudad de Burgos, desde donde operaba el gobierno de Franco. Lartaun de Azumendi. (2019): “Breve historia de BBVA (VIII): la banca en el inicio de las dos Españas”. Consultado en https://www.bbva.com/es/breve-historia-bbva-viii/06/09/2020 a las 11:09.

23 La recogida de la plata significó para este tipo de numerario que la misma dejase de tener valor en una y otra demarcación territorial, por ejemplo, caso del que eran afectas las piezas de duros en plata acuñadas desde el Gobierno provisional de 1868 hasta Alfonso XIII. Por otra parte, pasaron a tener los billetes de los dos Bancos de España la condición de circulación forzosa, donde se borraría la frontera entre monedas de plata y el papel moneda.

Debido a la insuficiencia en la recogida de piezas y la escasez de plata, la denominada Junta Técnica del Estado autorizó al BdE con sede en Burgos, el 29 de abril de 1937, para poner en circulación billetes de series con denominaciones inferiores a 25 ptas. https://numismaticaflores.com/es/content/30-emision-de-billetes-divisionarios-zona-nacional Es decir, moneda fraccionaria de papel. Se trató de billetes divisionarios, emitidos por el Ministerio de Hacienda con sede, al igual, en Burgos y distribuida por su BdE. Precisamente, en la misma fecha de la serie de billetes de dicho Banco en circulación, ya que una disposición de la Junta Técnica del Estado había autorizado la emisión de este tipo de certificados.

24 Aunque, los impuestos no supusieran apenas ingresos para los rebeldes sí jugo un papel político en la asimilación del nuevo poder y orden, que se iría a establecer por medio de la coacción y la fuerza. Además, el peso de la financiación rebelde recayó en los recursos extraordinarios: aumento de los pasivos (créditos internacionales, BdE o de particulares) o disminución de los activos (venta de los activos confiscados: oro, plata y joyas).

La incautación de los recursos naturales e industriales que se apropiaban los militares sublevados conforme ocupan determinadas áreas, junto que además, fueron de suma importancia para los facciosos el oro, plata y las divisas. Éstos contaron con abundantes créditos, como ya hemos recalcado antes, a su vez lograron ingresos con la recaudación de los impuestos y, naturalmente, con el botín de guerra que capturaban a medida que conquistan territorio republicano. Además, la evolución del conflicto convirtió el saqueo y robo en un recurso fundamental para Franco y sus fascistas, del cual carecieron los republicanos.

25 Mauthausen-Gusen.

26 El decreto de 20 de enero de 1939, decía así: JEFATURA DEL ESTADO. LEY DE 20 DE ENERO DE 1939, privando de curso legal a la moneda de plata acuñada y ordenando su retirada, para proceder a la fabricación de otra que lleve el simbolismo del nuevo Estado. La moneda es una expresión de la soberanía, y como tal, el texto clásico del Fuero Viejo de Castilla, la computaba entre las cuatro cosas naturales al señorío del Rey. En este sentido, siempre se ha estimado que en la factura externa de la moneda debía dejar su huella el simbolismo propio del Estado. Al surgir, pues, en España una nueva concepción de la vida estatal, y de la nación misma, incumbe al Gobierno troquelar la moneda conforme al estilo del tiempo presente.

En su virtud se dispuso y se destaca uno de los artículos más significativos: art. 2ª. Los tenedores de moneda comprendida, residentes en la España Nacional y territorios españoles de África, vendrán obligados a cambiarla, a la par, por billetes del BdE en la forma y plazos que fije el Ministerio de Hacienda. El BdE y los Establecimientos y órganos que designe el citado Ministerio.

27 Los vencedores fascistas necesitarían una reserva de oro y plata, un fondo de metales estratégicos para sufragar la reconstrucción y asentar el nuevo gobierno surgido por la violencia. Mediante la Ley del 20 de enero de 1939 habían ordenado la entrega inmediata de las monedas de plata antiguas a cambio de billetes de Burgos, bajo amenaza de aplicar la Ley Penal y Procesal de Delitos Monetarios a quien no lo hiciera. Sin embargo, los españoles que pudieron, principalmente afines a los insurrectos, no las entregaron y las escondieron como fondo de reserva.

28 La masa de billetes de banco en circulación en España el 18 de julio de 1936 se componía de una heterogénea colección de 16 tipos diferentes de billetes emitidos desde 1906. Esta circulación variopinta obedecía por una parte a la política de emisión del BdE y, por otra, al irregular desarrollo económico del país. De esta manera, el gobierno de Franco reconoció los billetes de las emisiones de Alfonso XIII.

29 De ahí, lo significativo que llegó a ser el decreto de 20 de enero de 1939 para la eliminación de las piezas de plata tanto acuñadas con anterioridad a la República, como al igual parecía ir dirigido precisamente contra la moneda republicana por valor 1 peseta de plata, en vista su contenido metalístico alcanzaba un valor superior al que representaba. Además, por el hecho de contener simbología y alegoría a la República, algo de lo que querían desprenderse de la circulación monetaria, más si cabe, a tales fechas.

30 La Junta Técnica no debía confiar en la buena voluntad de sus conciudadanos en las entregas de oro plata y joyas, y el 14 de marzo de 1937 hizo obligatoria. Más tarde, la incautación de los mismos por los insurrectos con el decreto de 20 de enero de 1939. Proveyéndose así de materia prima para su ceca. La Fábrica Nacional de Moneda y Timbre (en adelante FNMT) fue posteriormente el establecimiento oficial con la cual la autoridad franquista acuñaría, fabricaría lingotes, y más tarde, el dinero en uso puesto en circulación. Eso si, al menos un año después de finalizada la guerra.

31 La incautación o suscripción, ambas por la finalidad de la entrega de metales preciosos, no sólo se desarrolló durante la guerra sino que en el período postbélico ofreció otros resultados a consideración. A finales de 1939, por ejemplo, se habían recogido por los rebeldes 260.867 piezas de oro de muy diversos cuños, denominación y procedencia, de las cuales el 85% aproximadamente fue entregado antes de abril del año procedente de suscripciones voluntarias, que culminaron con la canalización de 4,5 toneladas de alhajas y oro, que se decantaron en la obtención de 668 lingotes de oro, con un peso de 3,5 toneladas, amén de 162 lingotes de plata. Los primeros no se utilizaron durante la Guerra Civil, pues su venta, a EUA, no se inició hasta mayo de 1940, en plena guerra mundial, con el fin de conseguir divisas que paliaran la agudísima crisis de medios de pago que continuaba lastrando la economía española.

32 La emisión de papel moneda por parte del BdE de Burgos estuvo formada, casi hasta el final de la guerra, por una única serie de billetes homogénea con un programa iconográfico comprometido con la causa fascista.
Pérez García, J. M. (2019): Pág 13. “La emisión de Billetes del Banco de España durante la Guerra Civil”.

33 Toma de Tanger (actual Marruecos) por Franco el 14 de junio de 1940, durante la 2ªGM.

34 Después lograría un retorno de la monarquía a la jefatura del Estado en la figura de Juan Carlos I.

35 El gobierno franquista tuvo que recurrir a la emisión de sus billetes tanto a Italia como a Alemania, pues tras sondear a la casa británica Bradbury Wilkinson and Company y Thomas de La Rue, ambas de Londres, no llegaron a ningún acuerdo fructífero. Las inglesas eran las empresas proveedoras oficiales del Estado español, las cuales, hasta entonces, habían emitido los billetes en circulación en España desde 1907 hasta 1931, con todo rigor y solvencia.

No lograron llegar a un acuerdo para la emisión de nuevo dinero por el temor de la empresa fabricante entrara en pleitos con el gobierno republicano, para quien fabricaba también el papel con fecha de emisión 1935, puesto en circulación tras el golpe de Estado. Billetaje que se utilizaba, en dicho momento, en suelo republicano.

36 En efecto, las condiciones de extrema penuria en el abastecimiento de alimentos y otros artículos que padecía la población, así como la escasez de materias primas y semimanufacturas, distorsionaron de nuevo el mercado nacional, ya que, al margen del sistema centralizado de distribución, circulaban cantidades importantes de alimentos y otras mercancías (mercado negro o estraperlo) y a precios muy superiores. Todas las circunstancias mencionadas dificultan la medición del salto en el nivel general de los precios que se produjo a raíz de la Guerra Civil.

Maluquer de Motes, Jordi. (2013): “La inflación en España. Un índice de precios de consumo”, 1830-2012. Estudios de Historia Económica No 64, Banco de España.

37 La que desde 1918 se denominaba ceca Principal de Viena, se convirtió, en 1989, en la actual Casa de la Moneda de Austria, o Münze Österreich.

38 Feria y Pérez, Rafael. 2019: 41. La Fábrica nacional de moneda y timbre en guerra. 

39 Feria et al. 1995, p. 106.

40 El grabador José López Sánchez-Toda implantaría además en los nuevos billetes el nuevo escudo del que sería futuro Estado, diferente al republicano, ya que estaba tocado por una corona real, en vez de la cívica o mural del Estado republicano. Rincón Carrasco, D. (2012): ”Propaganda política en la Guerra Civil la emisión de Billetes”. Ab Initio, Núm. Ext. 2. 

Para la elaboración del diseño de los billetes divisionarios en 5 y 10 pesetas fabricados por Portabella, se habían emplazado a realizarlos por el Banco Central de Burgos gracias a los grabados calcográficos de José Luis López Sánchez-Toda. El único grabador de la FNMT que había desertado y pasado al bando insurrecto. Quien proyectó un anverso con un emblema que ya presentó por sí mismo un matiz diferenciador respecto al escudo republicano debido al tipo de corona.

41 El Estado franquista no acuñó ninguna otra moneda hasta 1940, y ésta era de aluminio (elemento material de peor calidad que el cobre-níquel) en una mayor emisión aún de tirada monetal. Que se estima en superior cuantía en piezas y por un valor conjunto total puesto en circulación mayor que los 25 cts. Esta otra moneda de 1940 de distinta aleación material, más pobre, se realizó con las monedas de 5 y 10 céntimos con 175 millones de piezas de tirada y 225 millones de piezas, respectivamente. A un valor para la circulación monetaria de 8.750.000 ptas. y 22.500.000 ptas., cada uno.

42 Se debe recordar que en 1934 la II República ya había emitido una pieza de 25 céntimos de níquel, que a su vez vino a sustituir a la otra moneda de igual valor, metal y orificio acuñada en 1927.

43 La acuñación de esta moneda fue aprobada por el Ayuntamiento de la localidad. No obstante la autoridad emisora fue una compañía de gaseosas.

44 Diputado por Renovación española y después por el Bloque Nacional de Calvo Sotelo. Presidió la Comisión de Hacienda de la Junta Técnica del Estado desde octubre de 1936.

45 BOE. 14 de abril de 1938. https://www.boe.es/datos/pdfs/BOE/1938/540/A06778-06779.pdf

46 ABC Sevilla. Página web https://www.abc.es/archivo/periodicos/abc-sevilla-19380417.html

47 Gustav Krupp fue procesado en el Juicio de Nuremberg por prácticas esclavistas con presos en sus fábricas.

48 Austria, desde el Anschluss, palabra alemana que significa unión o anexión, que se usó para referirse a la ocupación de Austria por la Alemania nazi, acuñaba, en dicho momento, la moneda de 25 cts. Siendo Austria una provincia más del Tercer Reich. El 12 de marzo de 1938, Austria dejó de llamarse Österreich para llamarse Ostmark (Marca del Este). Esta situación duró hasta el 5 de mayo de 1945, tras el fin de la 2ªGM. 

49 La moneda prueba de acuñación, se refiere a las primeras muestras de un lote nuevo de monedas. Los cuales, casualidad o no, las pocas piezas que se conocen PROOF proceden de coleccionistas vieneses. Ello no es por un mero azar, que sean, precisamente, vieneses quienes dispongan de dicha moneda con los 25 cts. en calidad PROOF.

50 Bajo Miguélez, J.B. (2018): “25 céntimos de 1937 en cospel nazi”. Adolfo Ruiz Calleja Disponible en https://blognumismatico.com/2018/04/22/25-centimos-1937-cospel-nazi Consultado 12/11/2018 17:34.

51 Catálogo moneda (2016). Disponible en http://numismaticaherrero.com/wp-content/uploads/2016/07/CATALOGO-WEB.pdf pag 75. Consultado en 14/03/2018 18:34.

52 https://en.numista.com/catalogue/pieces9527.html

53 La ayuda del Gobierno de Portugal a la sublevación fue realmente importante. Aunque, dada la limitación de recursos económicos que Portugal disponía, esa ayuda fue en su volumen y regularidad muy inferior a la ayuda prestada por italianos y alemanes, escribió Sánchez Asiaín. No obstante, dicha ayuda fue muy oportuna y notablemente eficaz, sobre todo mientras transcurrieron los primeros días en los que el golpe de Estado pareciera que no iba a triunfar.

El gobierno portugués puso a disposición de los golpistas recursos financieros, así como créditos por parte de bancos portugueses, queda constancia que en 1937 y desde el Banco Espíritu Santo de Lisboa, se comunicaba a 37 representantes diplomáticos españoles que les remitían unas determinadas cantidades económicas.

En el Banco de Portugal se abrió una cuenta del BdE de Burgos. Tanto Nicolás Franco como el empresario y financiador Juan March actuaron desde Lisboa como si de una representación diplomática española se tratase.

54 Viñas, Ángel (1984): “Guerra, dinero y dictadura”. Editorial Crítica, Barcelona.

55 Karl Marx distinguía entre moneda-mercancía (el contenido metálico coincidente con el valor facial) y moneda-signo (el valor facial superando al contenido metálico, como en bastantes monedas fraccionarias de entonces, o simplemente como una representación sustitutiva de la circulación de monedas: los billetes).

56 Banco Central Europeo (2002): Despedida de la peseta. Eugenio Domingo Solans, Miembro del Consejo de Gobierno y del Comité Ejecutivo del Banco Central Europeo, Conferencia organizada por el Colegio de Economistas de Madrid. Casino de Madrid, 28 de febrero del 2002. Disponible en: https://www.ecb.europa.eu/press/key/date/2002/html/sp020228.es.html Consultado en 30/07/2019 a 10:06.

57 Los soldados voluntarios portugueses, los viriatos, lucharían en el bando franquista. Una guerra internacional. La guerra civil (1991) Historia de España, 11. Editorial Planeta pp 475-476.

58 Viñas, Ángel. (1984): Pp 24-28. “Guerra, dinero y dictadura”. Editorial Crítica, Barcelona.

59 Martín Aceña. (2005): “La Economía de la Guerra Civil”. Congreso de la Asociación Española de Historia Económica. Santiago de Compostela-Coruña-Vigo.

60 A. M. de Villena. Correspondencia 1938, t. I, carpeta abastos: bando 16-II-1938.

61 La consecución venía siendo preparada desde hacía algún tiempo, mediante la emisión de signos fiduciarios de los billetes fraccionarios de 1, 2, 5 y 10, de función divisionaria, en cantidad suficiente para reemplazar durante un período transitorio, que sin embargo, no fue transitorio pues, por ejemplo, no se volvió a acuñar una moneda de plata hasta 1966, con las 100 pesetas. Única moneda de plata acuñada durante todo el régimen.

62 Al más puro estilo de la Teoría Monetaria Moderna (TMM) y la moraleja o fábula de Kalecki.

El fascismo español quiso dar un golpe de Estado, sus acólitos financiaron con dinero real (ejemplo divisa extranjera) y con dinero del BdE de Madrid para la adquisición de una serie de medios materiales armamentísticos para iniciar el golpe. Al no prosperar el golpe, se ven apocados a una guerra, por una parte se obligan a concertar más créditos pero suscritos con la promesa del pago en especie o con la garantía de una moneda peseta acuñada al margen del BdE de Madrid, y sin que ésta tenga apenas respaldo metalístico alguno.

63 Santacruz Soler, J.M. (2002): Pp 110-122. “Peseta y política”. Ariel Historia, Barcelona.

64 La empresa transalpina Coen & Carte Valori, fabricó billetes en emisiones de 1937 y 1938 en nombre del BdE de Burgos, junto a aquellos de la emisión de 1940, ya con sede en Madrid. Tuvo muchísimos problemas con la fabricación de algunos de los encargos realizados para el suplantado Banco Central español, incluidas tardanzas por incumplimientos de los plazos acordados, falsificaciones y circulación de billetes antes de ser lanzados oficialmente al mercado. Generándose un pleito que duraría décadas. Sin embargo, el BdE fue quien finalmente tuvo que indemnizar al fabricante italiano tras el contencioso, al igual que a la casa alemana. G & D hizo lo propio e imprimió una tirada con más papel moneda, al margen del inicialmente acordado con las autoridades fascistas españolas, por ejemplo en 1942, se introdujeron billetes en el circuito monetario español sin el control del BdE de Burgos.

65 Puede considerarse la existencia de cierto descontrol en la emisión y tirada de papel moneda, pues circularon billetes sin la constancia del BdE de Burgos.

66 Desde el Franquismo se ha tendido vincular unas supuestas bondades en las políticas monetarias de corte keynesiano durante las décadas de los 50 y 60 como efecto para el despegue económico del país, saliendo así del régimen económico autárquico de los años 40 y parte de los 50. Cuando en realidad las políticas económicas fueron dirigidas a la devaluación de los derechos laborales y especialización en sectores productivos competitivos vía rebajas salariales de los trabajadores y trabajadores.

67 Así lo comentaba con frecuencia a sus colaboradores en la Universidad Complutense, como refiere Huerta de Soto (1996). Maluquer de Motes, Jordi (2013): Pág 73. “La inflación en España. Un índice de precios de consumo 1830-2012”. Estudios de Historia Económica No 64, Banco de España. Pág 73.

68 Velarde Fuertes, J. (2000): “La guerra de las dos pesetas, 1936-1939”, Del real al euro. Una historia de la peseta. Servicio de Estudios de La Caixa, Barcelona.

69 Sánchez Asiaín (1992).

70 Feria y Pérez, Rafael. (2019): Pág 40. “La Fábrica nacional de moneda y timbre enguerra”.

71 BOE de 12 de noviembre de 1936. http://www.boe.es/datos/pdfs/BOE/1936/029/A00173-00175.pdf

72 Sardá Deneux, J. (1970): Pág 440. “El Banco de España (1931-1962) en El Banco de España. Una historia económica. Editorial Planeta, Barcelona.
Sardá fue director de Estudios del BdE desde 1956 y uno de los hombres claves en el proceso que condujo al plan nacional de estabilización de 1959.

73 Así es como denomina Sardá al territorio rebelde.

74 Un magnífico estudio sobre la utilización de la moneda como arma de guerra en J.A. Sánchez Asiaín, “Fondo de Papel Moneda puesto en curso por el Enemigo, un episodio desconocido de nuestra Guerra Civil”, Boletín de la Real Academia de la Historia, CXC, II (1993).

75 Santiago Fernández, Javier. (2004): Pág 30. Utilización política y propaganda en el papel moneda entre la II República y el primer franquismo. Gaceta numismática no 153. II-04 5a Época Junio 2004.

76 Velarde Fuentes, J. (2000): “La guerra de las dos pesetas, 1936 1939”, Del real al euro. Una historia de la peseta. Servicio de Estudios de La Caixa, Barcelona.

77 Santacreu Soler, J.M. (1986): “La crisis monetaria de 1937”. Alicante, Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Alicante.

78 FNMT. Servicios Documentales, Filatélicos y Numismático S.A. (2003). La peseta se adopta como base del nuevo sistema monetario tras la aprobación de una de las leyes monetarias más importante de todos los tiempos para la circulación de dinero en España, que entró en vigor el 19 de octubre de 1869. El escudo excluía toda relación monárquica, quedando fuera toda alusión a la dinastía de los Borbones. Se introdujo la corona mural republicana y se suprimieron las lises, las tres flores de lis de los Borbones que se encontraba en la parte central del escudo nacional.

79 Pérez García, J. M. (2019): Pág 26. “La emisión de Billetes del Banco de España durante la Guerra Civil”.

80 En realidad, tal como señalan Barciela, López, Melgarejo y Miranda (2001): Pág 51. La suspensión de la garantía metálica de los billetes no tenía efectos sustantivos.

81 Los trabajos por los que más se recuerda en nuestros días a este fábrica de moneda y a su responsable es la dirección Matilde Portabella (1889-1960), es por la impresión de los primeros billetes de banco encargados por el Gobierno constituido en Burgos, en 1936, por los militares sediciosos y sus aliados alzados en armas contra el de la República Constitucional. También se hicieron sellos de correos y otros de carácter benéfico, así como carteles de propaganda política para los mismos, aunque artísticamente y en su conjunto, están muy por debajo de los dibujados y editados en la España gubernamental: Serrano Pardo, Luis (2003): Litografía Portabella. Libros Aragón. Resumen disponible en: http://www.pasapues.es/aragonesasi/libros/portabella.php Consultado: 11/07/2020 a las 19:18.

82 Sus billetes correspondían al diseño típicamente alemán; impresos dejando un blanco lateral en el papel para la disposición de una marca de agua localizada (que en estos billetes no existía), con un colorido apagado y una composición de carácter muy geométrico. Contrastan fuertemente con las emisiones inglesas del Banco de España gubernamental republicano, no solo por su baja calidad sino también por su planteamiento.

Los anversos de estos billetes no incluían representaciones figuradas; tan solo leyendas y motivos geométricos de seguridad. Es en los reversos donde se desarrolla el programa iconográfico de la emisión.

Pérez García, J. M. (2019): Pág 24. “La emisión de Billetes del Banco de España durante la Guerra Civil”.

83 El carácter provisional de la primera emisión contratada con fecha 21 de noviembre de 1936 con G& D, junto al aumento de la necesidad de más billetes provocado por la ocupación de nuevos territorios al enemigo y el deseo de contar con una serie de «reserva» llevan al BdE de Burgos a buscar una nueva emisión de mayor calidad, impresa mediante procedimientos calcográficos; es decir, a intentar disponer de billetes de calidad equiparable a la republicana.

Ante la negativa de los fabricantes ingleses y teniendo el Gobierno de Burgos como aliados internacionales a alemanes e italianos, el BdE termina contratando una emisión completa de 25, 50, 100, 500 y 1.000 pesetas de fecha 18 de julio de 1937 a la casa italiana Coen & Carte Valori, que ofrecía un presupuesto más económico que Giesecke & Devrient. Banco de España 1979, p. 318-319.

84 Santacruz Soler, J.M. (2002): Pp 87-88. “Peseta y política”. Ariel Historia, Barcelona. 

85 Sánchez Asiaín, J.A. (1999): “Economía y finanzas en la guerra civil española (1936-1939)”. Real Academia de la Historia, Madrid.

86 Velarde. (2000): Pág 98. En las 44 sucursales del Banco de España bajo su control.

87 Santos y Ganges, L. (2015): “Los billetes de banco y la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre: historia y patrimonio industrial de la Fábrica de Papel de Seguridad de Burgos”. Tesis Doctoral, Universidad de Burgos.

88 Un informe del Banco de España fechado el 11 de marzo de 1938 eleva la incautación a 35 millones de pesetas, que serían al cambio más de 3.000 millones de euros, con unos 1.500 afectados. La Asociación de Perjudicados por la Incautación del Gobierno Franquista (APIGF) presenta una base de 747 familias a quienes los golpistas embargaron más de 10,5 millones de pesetas que serían en la actualidad más de 900 millones de euros. Disponible en: https://www.eldiario.es/sociedad/congreso-da-primer-paso-investigar-dinero-republicano-incautado-golpistas-franco_1_6289186.html Consultado13/10/2020 a las 20:56.

89 Martín Alarcón, Julio. (2017): “Dinero rojo: así arruinó Franco a los republicanos derrotados”. Disponible en: https://www.elconfidencial.com/cultura/2017-06-29/dinero-rojo-franco-republica-guerra-civil_1406693/ Consultado: 04/06/2020 a las 19:36.

90 Habría que matizar que durante la tercera guerra carlista de 1872 a 1876, el Carlismo (Carlos VII) sí dispuso de pecunia propia cuando se encontraba próxima a finalizar la guerra. Se acuñó moneda propia en dos cecas: Oñate (Euskadi) y en Bélgica.

91 Sánchez Asiaín, J. A. (1992): “La banca española en la guerra civil 1936-1939”. Real Academia de la Historia, Madrid.

92 BOE. Decreto de 20 de enero de 1939. https://www.boe.es/datos/pdfs/BOE/1939/024/A00434-00435.pdf

93 Al no disponer el Banco de España de billetes de reserva, puesto que estaban todos en las cajas de Madrid, el Consejo de Burgos, el 9 y el 28 de Octubre de 1936, acordó que se hicieran gestiones con los fabricantes ingleses "Bradbury Wilkinson" y "Thomas de la Rue" para el encargo de nuevas emisiones. Este último se negó a su fabricación desde un principio, y "Bradbury Wilkinson", que se había comprometido a fabricar 90 millones de billetes de 100, 50 y 25 Ptas, siguió suministrando billetes a la zona republicana. https://numismaticaflores.com/es/content/31-emision-de-21-de-noviembre-de-1936

94 Santacruz Soler, J.M. (2002): Pág 118. “Peseta y política”. Ariel Historia, Barcelona.

95 Lartuaun de Azumendi. (2017): “Breve Historia de BBVA (VII): estalla la guerra civil española”. Disponible en https:// www.bbva.com/es/breve-historia-bbva-vii/ Consultado 30/07/2019 10:02.

96 Martorell Linares, M. (2006): Pág 346. “Una guerra dos pesetas”. La economía de la Guerra Civil, Editorial Marcial Pons Historia, Madrid.

98 Santiago Fernández, Javier (2004): 30. Utilización política y propaganda en el papel moneda entre la II República y el primer franquismo. Gaceta numismática 153. II-04 5a Época Junio 2004.

99 Martorell, o. cit, p. 213.

100 Santiago Fernández, Javier. (2004): o. cit, p. 31.

101 Sardá Deneux, J. (1970): Pág 307. “El Banco de España (1931-1962) en El Banco de España. Una historia económica. Editorial Planeta, Barcelona.

102 Buena cuenta de lo decisivo que era en una guerra la falsificación de billetes nos la da el film: Los falsificadores del año 2007, Die Fälscher. La película relata la operación planteada por los nazis para falsificar libras esterlinas británicas y dólares estadounidenses.

Se da el hecho que en 1941, Heinrich Himmler visitó a los directores de G & D y les pidió que imprimieran dinero falsificado para inundar Gran Bretaña de libras esterlinas. Billetes falsos de los nazis que, además, gracias a la embajada alemana en Madrid se introdujo en la economía española durante la 2ªGM.

103 Barciela López, C. y López Ortiz, Ma. I. (2014): “Una nación en crisis y dos economía enfrentadas. La Historiografía económica de la Guerra Civil española”. Ediciones Universidad de Salamanca.

104 BOE. Decreto 28 de noviembre de 1936. https://www.boe.es/datos/pdfs/BOE/1939/024/A00434-00435.pdf

105 El decreto que privaba de valor a los billetes, en concreto el Decreto del 12 de noviembre de 1936, BOE, núm. 29, 13 de noviembre de 1936. Invalidación de los billetes franquistas en suelo republicano, en Decreto del 29 de noviembre de 1936, GR, núm. 337, 2 de diciembre de 1936. Banco de España (1979), Sardá (1987, 1970 or.), Sánchez Asiaín (1992).

106 Acerca de las importantes investigaciones de Olaya Morales (1990), en relación, entre otras cosas, con este punto, véase Velarde (1991), pp. 21-24.

107 G&D fue fundada en Leipzig en 1852 por Hermann Friedrich Giesecke (1831-1900) y Alphonse Devrient (1821-1878) primero como Officin für geld und whertpapiere y más tarde como Typographisches kunt institut Giesecke & Devrient, especializada en el grabado de matrices y en los trabajos litográficos. En 1855 fabricó sus primeros billetes de banco y desde entonces se fue convirtiendo en suministrador de papel de seguridad e impresión de billetes para decenas de bancos emisores alemanes. A raíz de la unificación alemana en 1871 y la creación del Reichsbank en 1876, G&D orientó sus labores en el mercado internacional, fabricando también billetes para Suiza, Portugal, Suecia y otros países del mundo.

Desde 1906 G&D registró patentes para la incorporación de tiras de papel de colores y otros elementos. Entre 1922 y 1939 fabricó billetes para el Reichsbank. Un raid aéreo destruyó en 1943 la sede de Leipzig. Tras la II Guerra Mundial, hacia 1948, Siegfried Otto trasladó la sede principal de G&D a Múnich, donde convirtió el grupo empresarial en uno de los más relevantes del mundo en materia de fabricación de billetes de banco.

108 Pérez García. (2017): Pág 167.

109 García de Cortazar, F., Roda Lamsfus, P y Tortella, T. (2001): Pp. 182-183. “Arte y Dinero. Los Billetes del Banco de España en BdE: El camino hacia el Euro: el real, el escudo y la peseta”. Editorial Scriptum, Madrid.

El Banco de España con sede en Burgos había contactado urgentemente con Bradbury & Wilkinson para realizar una emisión de billetes con fecha Madrid, 11 de noviembre de 1936, pues se pensaba que la capital habría sido tomada por los rebeldes para ese día. La dirección de la firma inglesa consultó con sus asesores jurídicos, que dictaminaron que no se debería expresar en los billetes que la sede del Banco estaba en Madrid, cuando la realidad era que estaba en Burgos, porque la casa impresora podría tener que pagar una indemnización equivalente al valor facial de los billetes entregados al Gobierno de la República (por entonces con sede en Valencia) si la reclamaba, puesto que ése era el único Gobierno reconocido de España por parte del Gobierno británico, en ese momento.

Esa fue la razón de que la Casa Bradbury tuviera que renunciar a fabricar unos billetes, con la consiguiente pérdida económica para dicha empresa. Estos problemas llevaron al BdE de Burgos a buscar nueva empresa suministradora de billetes, en este caso alemana, de Leipzig, que realizó el encargo colocando como fecha de emisión, Burgos, 21 de noviembre de 1936, billetes que empezarían a circular de forma efectiva en marzo de 1937.

110 Pérez García, J. M. (2019): Pág 26. La emisión de Billetes del Banco de España durante la Guerra Civil.

111 Idem.

112 Coen & Carte Valori fue fundada en Milán en 1887 como Officine Grafiche Coen & C., si bien se redenominó durante el fascismo italiano como Calcofrafia Carte e Valori, eliminando el conocido apellido, posiblemente por la ascendencia judía de la familia Coen.

Desde 1918, en su sede milanesa de Vittoria Forlanini, Calcografia & Carte Valori fabricó documentos de valor (acciones, cheques, títulos, letras y billetes de lotería) y desplegó técnicas contra su falsificación, si bien no era una auténtica sociedad experta en billetes de banco.

Con todo, Calcografia & Carte Valori fue la primera sociedad italiana y una de las primeras europeas en utilizar la técnica calcográfica polícroma en documentos de seguridad. Tuvo, sin embargo, muchísimos problemas con la fabricación de algunos de los encargos realizados por el BdE, incluidas tardanzas, falsificaciones y circulación de billetes antes de ser lanzados oficialmente, generándose un pleito que duraría décadas.

113 Sánchez Asiaín, J. A. (1992): Pág 96. “La Banca Española en la Guerra Civil 1936-1939”. Real Academia de la Historia, Madrid.

114 BOE. Orden de 2 de junio de 1939. https://www.boe.es/datos/pdfs/BOE//1939/164/A03229-03229.pdf

115 De Francisco Olmos, J.M. (2004): Pp 79-80. “El estampillado de billetes de banco. Alteración de un documento económico como medio de propaganda”. Revista General de Información y Documentación, Universidad Complutense, Madrid, 14, núm. 2.

116 Voltes, P. (2001): Pp 297-298. “Historia de la Peseta”. Editorial Ensayo edhasa, Barcelona.

117 El Congreso aprobó una proposición no de ley para que se inicien trámites que restituyan ese dinero incautado durante la guerra. La propuesta, aprobada en el Congreso presentada por ERC y votada a favor por todos los grupos a excepción del PP, pretende arreglar la situación de muchos afectados que llevan desde hace décadas reclamando estas cantidades del denominado “dinero rojo” a través de la APIGF (Asociación de Perjudicados por la Incautación del Gobierno Franquista).

Primero lo hicieron en solitario, acudiendo a abogados, como el despacho de Cristina Almeida en los 80, o el de Baltasar Garzón después. Enviando cartas al Banco de España, hasta que se fueron uniendo para formar la asociación que el año pasado ya colaboró con el PSC para trasladar la propuesta al Parlament de Cataluña, que fue aprobada. Son casos como el de Agustín Aranda o Roberto Rodríguez Díaz-Garzón que aún guarda en su casa de la calle Mayor de Madrid los certificados de la moneda incautada: 9.587 pesetas entre otros... Dos casos entre unos 700 afectados miembros de la APIGF y otros tantos que puedan guardar aún los antiguos documentos franquistas; Martín Alarcón, Julio (2017): Dinero rojo: así arruinó Franco a los republicanos derrotados. Disponible en: https://www.elconfidencial.com/cultura/2017-06-29/dinero-rojo-franco-republica-guerra-civil_1406693/ Consultado: 04/06/2020 a las 19:36.

118 Galbraith, J.K. (1983): Pág 41. “El dinero”. Editorial Ediciones Orbis, Barcelona.

119 Serrano Pardo, L (2003): Pág 141. “Litografía Portabella: Biografía de una empresa familiar, Zaragoza 1877-1945. Colección Benjamín carnés núm 6. Diputación de Zaragoza, Zaragoza.

Litografía M. Portabella no respondía sino al nombre de Matilde Portabella López (1889-1960), hija y continuadora del litógrafo establecido en Zaragoza en 1877, Eduardo Portabella Arrizabalaga (1846-1911) y cuyos talleres fueron llevados por su esposa Ramona López Ruiz (1851-1924) incluso después del fallecimiento de éste (Serrano, 2003, 101, 119 y 135). Se trataba de una sociedad experta en litografías, grabados y cromos, y elaboró desde finales del siglo siglo XIX acciones, cheques, recibos bancarios, membretes, cromos, carteles, etc. No sólo imprimió billetes fascistas de 5 y 10 pesetas de la emisión de 21 de noviembre de 1936 y de 5 pesetas de la de 18 de julio de 1937, sino que también imprimió la serie básica de sellos nacionales de 17 de noviembre de 1936 para la Junta de Defensa Nacional. Fue vendida en 1945.

120 Se dio cuenta al Consejo de Burgos del BdE de la llegada a Vigo en el vapor Obbers de 1.600.000 billetes de la serie de 25 pesetas, primera remesa de los encargados a la casa Giesecke & Devrient, con cuyo envío acompañan las tintas y papel especial para empezar en Zaragoza por la casa Portabella las pruebas de impresión de los nuevos billetes de 5 y 10 pesetas. (AHBdE, 27197, «Banco de España, Consejo General, Libro de Actas núm. 1». Burgos, 23 de septiembre de 1936 a 20 de enero de 1939, Sesión de 27 de enero de 1937, p. 27).

121 La casa editorial Oldenbourg fue fundada en 1858 por el muniqués Rudolf Oldenbourg (1811–1903) y en los años treinta del siglo XX era ya una firma muy reconocida en los campos de la edición, la impresión, la encuadernación y la galvanoplastia. Actualmente R. Oldenbourg sigue existiendo, si bien ya no como empresa familiar sino en manos de la casa editorial berlinesa Cornelsen.

122 AHBdE, libro 27197, 170.

123 El Gobierno de Burgos también tuvo que emitir billetes divisionarios, con fecha de emisión de 21 de noviembre de 1936 se prepararon los primeros de 5 y 10 pesetas, aunque no se pusieron en circulación hasta el 14 de junio de 1937, una vez obtenido el permiso del Ministerio de Hacienda, haciendo una nueva emisión con fecha 18 de julio de 1937 y otra con fecha 10 de agosto de 1938. Debido a la escasez de moneda fraccionaria también se emitieron billetes de 1 y 2 pesetas, los primeros con fecha de 12 de octubre de 1937, luego otros con fecha 28 de febrero de 1938 (el billete de una peseta de esta emisión fue el primero en llevar el nuevo Escudo estatal, con el águila de San Juan, el yugo y las flechas y las columnas de Hércules) y 30 de abril de 1938.

124 BOE. Ordenes de 31 de agosto y de 23 de octubre de 1937. 

https://www.boe.es/datos/pdfs/BOE//1937/316/A03138-03139.pdf

https://www.boe.es/datos/pdfs/BOE//1937/370/A04009-04010.pdf

125 De Francisco Olmos, J.M. (2004): Pág 83. “El estampillado de billetes de banco. Alteración de un documento económico como medio de propaganda”. Revista General de Información y Documentación, Universidad Complutense, Madrid, 14, núm. 2.

126 BOE. Orden de 5 de septiembre de 1938. https://www.boe.es/datos/pdfs/BOE//1938/079/A01281-01281.pdf

127 Cuando se fabricaron los billetes españoles hubo turnos continuos de más de 8 horas. Esta acumulación de trabajo debió ser la que originó el descontrol en la seguridad del almacenaje a pesar de que durante el proceso de fabricación de los billetes españoles la vigilancia de las instalaciones era realizada por los carabinieri estatales. La realidad es que no solo se perdieron, o robaron, los billetes que aparecieron en España antes de su entrega al BdE, sino que el descontrol llegó en una ocasión, o al menos eso contaban antiguos empleados, a que no se encontrase una de las planchas de impresión que se guardaban en la bóveda de seguridad, lo que ocasionó que no se permitiera al personal salir del edificio hasta que apareció la plancha. Cobo Huici, Ramón (2014): Las emisiones de Calcografia Coen & Cartevalori (I). Disponible en: https://www.numismaticodigital.com/movil/noticia/7137/articulos-notafilia/las-emisiones-de-calcografia-coen-&-cartevalori-i.html Consultado: 10/02/2020.

128 L’ Hora de Catalunyá (1942). Periódic Nacionalista Cátala. 2a Epoca - Barcelona 20 de Marc 1942 - Número 63. Biblioteca de Comunicació i Hemeroteca General GEDOG. Universidad Autónoma de Barcelona.

129 Banco de España (1979), Espuny (1989). Las relaciones de las dos empresas británicas con el Banco de España, en Martorell (2001).

130 Pérez García, J. M. (2019): Pág 25. “La emisión de Billetes del Banco de España durante la Guerra Civil”.

131 En el billete de 1 peseta de 1937 vemos el escudo de Carlos III, no el nacional con el águila de San Juan. Ello es debido a que la emisión se encargó en septiembre y en ese momento el gobierno del general Franco no había concretado, todavía, la simbología del nuevo régimen, al no haber determinado el sistema de gobierno definitivo. La bandera rojigualda de la monarquía fue adoptada de forma casi inmediata al alzamiento pero el escudo no se oficializó hasta el 2 de febrero de 1938. Cobo Huici, Ramón (2014): Las emisiones de Calcografia Coen & Cartevalori (I). Disponible en: https://www.numismaticodigital.com/movil/noticia/7137/articulos-notafilia/las-emisiones-de-calcografia-coen-&-cartevalori-i.html Consultado: 10/02/2020.

132 Corporales Leal, C. (2011): Pág 182. “Moneda y guerra civil española: delitos monetarios”. Revista Ab Initio.

133 De Santiago Fernández, J. (2004): pág 39. “Utilización política y propaganda en el papel moneda español entre la II República y el Franquismo”. Gaceta Numismática, Barcelona, núm 153.

Tras un mes escaso de producirse la sublevación militar, se asumió la enseña roja y gualda creada por Carlos III en 1785 como símbolo del antirrepublicanismo. Por su parte, el 27 de febrero se optó por la Marcha de Granaderos como himno nacional, también del reinado de Carlos III.

134 Martorell Linares, M. (2003): Pág 20. “Introducción. Billetes de la Guerra Civil 1936-1939”. Editorial El Pais, Madrid.

135 Ibídem.

136 Corporales Leal, C. (2011): Pág 182. “Moneda y guerra civil española: delitos monetarios”. Revista Ab Initio.

137 Machín Romero, A. (1996): “Dionisio Ridruejo: trayectoria humana y poética”. Diputación Provincial de Soria.

Dionisio Ridruejo Jiménez (1912-1975) fue un escritor y político perteneciente a la Generación del 36. Fue uno de los primeros seguidores de José Antonio Primo de Rivera y en 1933, se afilió a Falange Española. A él se le deben los versos del himno falangista Cara al sol: Volverán banderas victoriosas al paso alegre de la paz. Durante la Guerra Civil fue Director General de la Propaganda hasta 1941.

138 De Santiago Fernández, J. (2004): Pág 40. “Utilización política y propaganda en el papel moneda español entre la II República y el Franquismo”. Gaceta Numismática, Barcelona, núm 153.

139 Corporales Leal, C. (2011): Pág 183. “Moneda y guerra civil española: delitos monetarios”. Revista Ab Initio.

140 De Santiago Fernández, J. (2004): Pág 41. “Utilización política y propaganda en el papel moneda español entre la II República y el Franquismo”. Gaceta Numismática, Barcelona, núm 153.

141 Esto indica la colaboración de los falangistas en la formación del nuevo Estado y el uso que Franco hizo de muchas de las ideas de este pseudopartido político: la unidad de la patria, el papel del Ejército, el protagonismo de la juventud, la familia, la iglesia, el antimarxismo, etc.

142 El titular de Hacienda de los Gobiernos de Franco entre el 1 de octubre de 1936 y 9 de agosto de 1939 fue Andrés Amando Reygonbaud.

143 Santacruz Soler, J.M. (2002): Pp 90-92. “Peseta y política”. Ariel Historia, Barcelona.

 144 Corporales Leal, C. (2011): Pág 180. “Moneda y guerra civil española: delitos monetarios”. Revista Ab Initio.

145 Los dos primeros valores citados divisionarios y su fabricación se realizaron en un papel con marca de agua importado desde Alemania hasta la imprenta Casa Portabella de Zaragoza, lugar en el que se fabricaron billetes. Otros se fabricaron en la Casa Giesecke Devrient de Leipzing en Alemania. Ibídem, p. 180.

146 De Santiago Fernández, J. (2004): Pág 38. “Utilización política y propaganda en el papel moneda español entre la II República y el Franquismo”. Gaceta Numismática, Barcelona, núm 153.

147 Rincón Carrasco, D. (2012): “Propaganda política en la Guerra Civil: la emisión de billetes”. Ab Initio, Núm. Ext. 2.

148 Santiago Fernández, J. (2004): Pp 37-38. Utilización política y propaganda en el papel moneda español entre la II República y el Franquismo. Gaceta Numismática, Barcelona, núm 153.

149 Casanova Ruíz, Julián (2001): Pp 16-18. “La Iglesia de Franco”. Editorial Crítica, Madrid.

150 Corporales Leal, C. (2011): Pág 181. “Moneda y guerra civil española: delitos monetarios”. Revista Ab Initio.

151 De Santiago Fernández, J. (2004): Pág 71. “Utilización política y propaganda en el papel moneda español entre la II República y el Franquismo”. Gaceta Numismática, Barcelona, núm 153.

152 Jackson, G. (1975): Pp 244-245. “República española y guerra civil”. Editorial Crítica, Madrid.
En Toledo, después de tres días de luchas indecisas en las estrechas calles de la ciudad medieval, unos 1000 guardias civiles y de asalto, falangistas y un puñado de cadetes de infantería se retiraron al Alcázar. Se llevaron con ellos a unos centenares de mujeres y niños, muchos de ellos familiares de conocidos izquierdistas. Bajo la dirección del coronel Moscardó, se prepararon para resistir un sitio en toda regla mientras esperaban el triunfo del alzamiento militar.

153 De Santiago Fernández, J. (2000): Pág 90. “La Peseta. 130 años de la historia de España”. Editorial Castellum, Madrid.

154 Corporales Leal, C. (2011): Pág 181. “Moneda y guerra civil española: delitos monetarios”. Revista Ab Initio, p. 181.

155 Rincón Carrasco, D. (2012): “Propaganda política en la Guerra Civil: la emisión de billetes”. Ab Initio, Núm. Ext. 2.

156 Cobo Huici, Ramón (2010): Billetes, la emisión del 18 de julio de 1937. Disponible en: http://filateliaguardesa.blogspot.com/2010/11/billetes-la-emision-del-18-de-julio-de.html?m=1 Consultado 11/03/ 2020 a las 16:02.

157 Disponible información sobre el billete de 100 pesetas https://www.imperio- numismatico.com/t126231-100-pesetas-1937-general-castanos Consultado 10/02/2020 a las 20:57.

158 Disponible en: https://www.numismaticodigital.com/noticia/7193/articulos-notafilia/las-emisiones-de-calcografia-&-cartevalori-ii.html Consultado 11/02/2020 a las 15:59.

159 Billete de la serie de 1.000 pesetas. Emisión 18 de julio de 1937. Con el retrato de Carlos V en el anverso y en el reverso guerreros con participación del Emperador. En la marca de aguas, busto de la Emperatriz de Portugal. Obsequio a José Luis Artigas Cía, hijo del que fuera Subgobernador del BdE de Burgos, Jefe de Emisión y Caja, del Consejo Ejecutivo del Banco de España en virtud del acuerdo en su sesión del día 21 de Enero de 1972. Disponible en: https://www.imperio-numismatico.com/t139717-1000-pesetas-y-documentos-adjuntos-una-de-las-joyas-de-la-coleccion-flipante Consultado: 11/07/2020 a las 19:09.

160 Banco de España 1979, p. 318-319; Laiz 2017, p. 131-137.

161 Pérez García, J. M. (2019): Pág 25. “La emisión de Billetes del Banco de España durante la Guerra Civil”.

162 De Santiago Fernández, J. (2004): Pág 38 “Utilización política y propaganda en el papel moneda español entre la II República y el Franquismo”. Gaceta Numismática, Barcelona, núm 153.

De hecho, en el mensaje radiofónico realizado por Franco desde Tetuán al inicio de la guerra afirmó que el alzamiento no era un movimiento de defensa de determinadas instituciones, al contrario, decía que miraría especialmente por el bienestar de las clases y humildes. Algo que nunca fue así.

163 Tortella Casares, T. (2013): Pág 359. “El billete en la Edad Contemporánea: mucho más que un medio de pago”. Universidad Complutense, Madrid.

164 De Santiago Fernández, J. (2004): Pág 42. “Utilización política y propaganda en el papel moneda español entre la II República y el Franquismo”. Gaceta Numismática, Barcelona, núm 153.

165 Pérez García, J. M. (2019): Pág 25. “La emisión de Billetes del Banco de España durante la Guerra Civil”.

166 Rincón Carrasco, D. (2012): “Propaganda política en la Guerra Civil: la emisión de billetes”. Ab Initio, Núm. Ext. 2.

167 Corporales Leal, C. (2011): Pág 184. “Moneda y guerra civil española: delitos monetarios”. Revista Ab Initio.

168 Apenas una semana después del alzamiento militar el responsable y secretario del partido nazi en Tetuán, Johannes Bernhardt y un empresario alemán, Adolf Langenheim (considerado peligroso por los servicios de inteligencia estadounidense) se reúnen con el número dos de Franco y también agente doble nazi, Juan Beigbeder, en el por aquel entonces Marruecos español, para entablar contactos y lograr la participación nazi en la rebelión fascista española. Entre el 23 y 25 de julio de 1936, una delegación de emisarios de los golpistas españoles llega a Alemania e inicia contactos con las autoridades nazis. En un primer momento recibe a los heraldos franquistas, Rudolf Hess, jerarca nazi y en aquel momento, organizador de los Juegos Olímpicos de Berlín de agosto de 1936. Entre dichos emisarios se encontraba el aviador Francisco Arranz Monasterio. Estos se entrevistan con Hitler en lo que se conoció como la conferencia de Bayreuth, a fin de organizar el apoyo militar a Franco y el entramado societario, Hisma/ Rowak.

169 Sánchez Asiaín, J.A.(2003): “La Banca española durante la guerra civil 1936-1939”. Banco de España, Madrid.

170 Sobre los términos de la reorganización véase también Martín Aceña (1994).

171 Martorell Linares, M. (2006): Pág 349. “Una guerra dos pesetas”. La economía de la Guerra Civil, Editorial Marcial Pons Historia, Madrid.

172 Apareció en el BOE de 4 de agosto de 1940, se reprodujo íntegramente en Anales de Economía, marzo 1941, vol. I, n.o 1, pp. 128-148. Adquiere todo su sentido este análisis, además, tras la lectura de otro trabajo de Larraz (1938), ejemplar multicopiado.

173 Martorell Linares, M. (2006): Pág 349. “Una guerra dos pesetas”. La economía de la Guerra Civil, Editorial Marcial Pons Historia, Madrid.

Posibilidades barajadas por Larraz para hallar la equivalencia entre las dos divisas, en Albiñana y Fuentes Quintana (1967), pp 87 ss. Ley de 7 de noviembre de 1939, BOE, núm 345, 11 de diciembre de 1939.

174 Pérez García, J. M. (2019): Pág 13. “La emisión de Billetes del Banco de España durante la Guerra Civil”.

175 Santacruz Soler, J.M. (2002): Pp 112-113 y 116-118. “Peseta y política”. Ariel Historia, Barcelona.

176 Becerra, N. (2016): “Memoria Histórica”. Disponible https://sninobecerra.com/memoria-historica Consultado en 29/07/2019 14:31

177 Martorell Linares, M. (2006): Pág 349. “Una guerra dos pesetas”. La economía de la Guerra Civil, Editorial Marcial Pons Historia, Madrid.

Informe de Larraz, Martín Aceña (2000), pp 94 ss. Bloqueo y desbloqueo de cuentas, en Voltes(1984). Véase también Comín y López (2002). París Eguilaz (1949), p. 112.